El aparato productivo.

El aparato productivo.

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

Por nuestra formación intelectual y por la cultura en la que vivimos es natural que nuestros enfoques hacia la política siempre tenga como destinatario el rol que cumplen las estructuras que detentan el poder político y todos sus alrededores: el Estado.

Tomemos un ejemplo si se quiere paradigmático. En Octubre de 1917 (Noviembre para el calendario nuestro, ahora universalizado), llegan al poder político en la vieja Rusia el Partido de Lenin en un proceso conocido como la revolución bolchevique.

Un hecho de trascendencia tal que marca un antes y un después. Sin embargo el programa del partido que comandó esa revolución recién es asumido por la misma y por su líder, Lenin, en Abril de 1917.

¿Qué pasó? Porque después el proceso se dio de manera tal que ese programa parecía definitivo para todas las revoluciones de carácter socialista del futuro. Pareció ser el diferencial entre «reformistas» y «revolucionarios», y hoy todavía hay quienes dictan cátedra sobre esas diferencias y llegan a una conclusión diabólica: «socialismo es propiedad estatizada» y el que no lo admita es un reformista y aún peor un aspirante a burgués.

En el Uruguay por ejemplo a principios del siglo 20 se dio en uno de los Partidos tradicionales un proceso orientado por José Batlle y Ordoñez, que realizó en el Uruguay reformas sociales de avanzada para lo que era el mundo en ese momento, absolutamente compatibles con lo más avanzado del pensamiento social ecuménico.

La izquierda de ese entonces era a imagen y semejanza de la europea, e incluso las corrientes anarquistas que llegaron a estas orillas en el Uruguay muchos de ellos se incorporaron al «batllismo», y a su vez surgió una corriente de una primera crisis del Partido Socialista, que se identificó como Partido Comunista (1920), más definido por su apoyo a la revolución rusa, que con la derrota de la dirección de esta, luego de la muerte de Lenin (1924), fue durante años reducto del stalinismo hasta el proceso de 1955 en que Rodney Arismendi lidera un profundo cambio en su orientación y proceder y la vincula incluso con lo mejor del viejo batllismo, también con militantes anarquistas y trotskistas.

Que mucho tiene que ver con la creación de la central de trabajadores: la CNT, ahora luego de la dictadura PIT-CNT y del propio Frente Amplio. Experiencia inédita en el mundo que hasta ahora no se ha repetido en esas condiciones en ninguna parte.

Ahora volvamos a Marx: ¿que estaba pasando con el aparato productivo del mundo, base fundamental para dar sustento a la «política», en todo este tiempo?

El mundo estaba cambiando ya rápidamente, en 1916 vísperas del proceso de la revolución rusa y en plena primera guerra mundial Lenin («El imperialismo fase superior del capitalismo») advierte que la dirección económica del mundo tiende a pasar a los complejos empresariales multinacionales, y que sus políticas tienen una fuerza mayor que las de los propios gobiernos de los Estados.

Los imperialismos de esa época en crisis y en plena guerra tendían a reacomodarse a una nueva realidad. El centro del capitalismo, el Reino Unido, se venía saturando y de su seno surgían los principales elementos que formarían luego de la segunda guerra mundial un nuevo centro para el desarrollo capitalista, lo que conocemos hoy como EE.UU. con una conocida y trágica trayectoria imperialista en nuestra América.

Los historiadores oficiales privilegian las historias políticas de estos procesos, y poco la base económica que los determina.

Es por eso que hoy prácticamente no se habla ni se escribe como es que el centro del libre comercio en el mundo y el propio centro del capitalismo se han venido desplazando hacia China y su entorno gobernada por el Partido Comunista.

Las fantasiosas construcciones políticas que se fabrican sin tener en cuenta las consecuencias políticas del desarrollo de la economía nos presentan todos los días una posible nueva guerra mundial tomando en cuenta los comandos políticos de determinados Estados sin tener en cuenta que muchas veces se promueve la guerra y los enfrentamientos bélicos como desahogo a las economías de multinacionales cada vez más agobiadas por el agostamiento inexorable de la tasa general de ganancias.

Esto no quiere decir que las tragedias que hoy significan las guerras localizadas no se generalicen, el peligro existe y el mundo debe resolverlo abordando la crisis económica determinada por la crisis irreversible de la predominancia del modo de producción capitalista. Que esta predominancia muera en paz es un desafío para toda la humanidad que pasa esencialmente por abordar el programa para una transición a un modo de producción superior. Esto se llama introducir la democracia en las relaciones económicas globales que aún hoy no existe.

Mucho se ha argumentado justificándolo, que el stalinismo que se origina de la propia revolución, que fue una necesidad de defender las conquistas mediante el poder del Estado aunque para ello hayan tenido que asesinar a los propios dirigentes bolcheviques que comandaron la revolución.

Nosotros no nos afiliamos a esta tesis y por el contrario pensamos que lo más atrasado de la sociedad rusa encontró en Stalin y en el ingreso a filas bolcheviques de quienes no habían participado de la revolución un instrumento para hacerse del poder del Estado en la medida que los mejores cuadros de la clase obrera habían muerto en la guerra civil.

La acumulación primitiva de este capitalismo –de Estado– también costó sangre sudor y lágrimas.

Trotsky1 mismo siempre mantuvo como premisa la defensa de la existencia de la Unión Soviética como conquista de la revolución en plena guerra inter imperialista y aspiraba a cambios en su interior que no llegaron a concretarse.

La contradicción eclosiona luego en el tiempo cuando los capitalismos de Estados del llamado socialismo real son impotentes ante el desarrollo del capitalismo mundial que impone sus condiciones con el instrumento fundamental del mercado.

Pero como dice el tango: el mundo sigue andando y tampoco los llamados «Estados capitalistas» han podido condicionar y gobernar al capitalismo real que hoy tiene su centro de libre comercio y su propio centro desplazándose a China y su entorno.

La vida le ha dado la razón a Lenin, no a Kausky (teórico del super imperialismo), el problema es que aún hoy la izquierda no tiene programa para resolver la ecuación.

Está claro que no es estatizando que se la resuelve, aunque hoy la crisis del corona virus hace que hasta en Alemania se esté hablando de estatizar para hacerle frente, y que nunca las estatizaciones pueden ser descartadas como salidas coyunturales como lo fueron en las propias revoluciones socialistas que han ocurrido hasta la fecha.

Ahora el mundo necesita un programa que aborde la crisis –hoy acelerada por el corona virus– con un centro que es la necesidad de la toma de los organismos que dirigen la política económica del mundo: el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Es desde ellos que debe asumirse la moneda única y universal y que los impuestos sean sobre la circulación del dinero dando muerte a los paraísos fiscales y a los sistemas impositivos basados en el consumo, los salarios y las pensiones.

Es sobre la base de estos enormes fondos que debe planificarse el aparato económico del mundo, con eficiencia, y con un objetivo, en la salud, la educación, la vivienda y el trabajo pleno de toda la población mundial con eficiencia sin engorde de aparatos burocráticos estatales y dando digna sepultura a la rentabilidad que movió el aparato productivo durante todos estos años de predominio del modo de producción capitalista.

No es el fin del capitalismo como modo de producción como no lo fue la revolución francesa para el feudalismo, es si la muerte de su predominancia, y el abrir al mundo a una posibilidad de desarrollo en armonía con la propia naturaleza, que hoy no existe por la predominancia de ese interés capitalista movido por la rentabilidad, que pone en riesgos sus equilibrios de sustentabilidad.

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo, 30 de Junio de 2020.

Nota:

1Cumplió un rol fundamental para el triunfo de la revolución rusa, tanto en la organización de la insurrección como en la construcción desde un tren, del ejército rojo, durante todo el periodo de la guerra civil. Junto a Bujarin, eran con Lenin los teóricos más destacados del Partido Bolchevique. Los dos, Trotsky y Bujarin, mantuvieron un profundo debate teórico con Lenin sobre las aplicación de las ideas de Marx en el desarrollo de la revolución, su lectura nos enseña hoy que las dificultades que tenemos ya estaban presentes en ese entonces, la vida porfiada en su desarrollo le ha venido dando la razón a Lenin, y hoy comprendemos mejor las causas de su derrota en 1924 y el rol actual que cumple China en el mundo.

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