Propuesta.

Propuesta.

Quiero ir del siguiente planteo a la construcción de una organización política:

Jorge Aniceto Molinari.«Hay una inclinación por entender que los hechos en la historia, se pueden estudiar, analizar, llegar a conclusiones sobre posibles caminos, pero no predeterminar. El FA está predeterminado como la herramienta capaz de responder a las necesidades de la gente, pero no tiene un análisis de donde está parado y para donde va el mundo. Esto lleva a lo que ha ocurrido, al agotamiento de su desarrollo. El problema es que el país y el mundo están en una crisis, con problemas en la salud, en la educación, en la vivienda, en el trabajo, y todo eso a pesar de que haya zonas en crecimiento. Ahora se puede pensar en donde hay mejores condiciones para generar una voluntad política que lidere el cambio, pero no donde precisamente se va a producir. Por ejemplo, hace unos días me enviaban un análisis de un chileno sobre el tema de la moneda y llegaba a la conclusión de que la existencia de diferentes monedas no podía ser en beneficio de la gente. Pero luego eso no lo unía a lo demás.

El sistema impositivo. No has visto que nadie hable del tema. Las organizaciones que se proclaman en defensa del consumo no cuestionan el impuesto al valor agregado. Mañana puede surgir en el lugar menos pensado alguien que diga: los impuestos tienen que ser sobre la circulación del dinero.

O es que el discurso de Mujica en la ONU alguien lo previó. A esta altura creo que ni el mismo.

Marx decía que hay topo que se mueve por debajo, y que aparece gestando acontecimientos que marcan la historia.

El planteo de moneda única universal e impuesto a las transacciones financieras, no es para solucionar la crisis de ningún país en particular sino para dar un giro en la economía mundial. Ahora eso no quiere decir que abandonemos la lucha diaria por defender el nivel de vida de la gente”.

¿Entonces por qué no reunir a la gente que pueda estar de acuerdo con esto? Eso es lo que me propongo, y el Frente Amplio no puede ser una traba. Al contrario, puede ser un punto de encuentro en estos tiempos que vienen.

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo, 30 de Enero de 2020.

Preocupante: coronavirus.

Preocupante: coronavirus.

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

Personal sanitario con mascara anticontagio. Soe Zeya Tun. Reuters, para «La Vanguardia».Parto del conocimiento de una constatación que he venido desarrollando, de que China y su entorno se van convirtiendo en el centro del libre comercio mundial y como consecuencia de ello también en proceso un nuevo centro del propio desarrollo capitalista.

Todo ello con consecuencias de alguna manera imprevisibles sobre el curso de los acontecimientos políticos y sociales próximos, para el conjunto de nuestra Humanidad.

Entre otras cosas cual va a ser el papel de EE.UU., centro en declive y a su vez amurallando su economía, convertido de su anterior rol imperialista en un centro de los servicios represivos y de la industria de la guerra en todo el mundo, con lo que ello significa de costo presupuestal hoy volcado a un endeudamiento también explosivo y a un empapelamiento que ha encendido las alarmas de los centros financieros; las monedas han perdido su equilibrio cualquiera sea el país que se mire.

No descubro la pólvora si escribo que China es un país capitalista gobernado por el Partido Comunista. Salvo que luego del golpe que encabezó Stalin contra Lenin en 1924, en el mundo se construyó la falacia de la existencia de Estados capitalistas y de Estados comunistas como si esto fuera posible, cuando lo correcto era hablar de capitalismo de Estado como efectivamente lo hacían los maestros (Marx, Engels, Lenin…).

Esto que en el Uruguay manejó magistralmente José Batlle y Ordoñez, haciendo del Estado «el escudo de los débiles», pero tratando de controlarlo como instrumento al servicio del desarrollo económico frente a la avaricia capitalista. Lo que vino después de su muerte ya es otra historia, con similitudes a la crisis en la Unión Soviética y a lo que se llamó el «socialismo real».

Entre otras cosas hoy nos parece «delirante» apuntar hacia una economía nacional a largo plazo sin tener en cuenta estas circunstancias decisivas sobre el próximo desarrollo económico. No creo que haya ningún economista que se atreva a afirmar cuales son los próximos pasos a dar. Hoy la estrategia es ordenar la casa para afrontar las consecuencias de los acontecimientos que todos vemos como previsibles atendiendo cada uno su grupo de intereses y sin propuestas para una situación cuya resolución va más allá de las fronteras. Situación ya de por sí muy conflictiva.

Es muy ilustrativa por ejemplo, la posición de la Directora Gerente del FMIKristalina Gueorguieva, con respecto a la deuda gigantesca contraída por Argentina durante el gobierno de Macri.

En Davos es un mensaje al mundo no de que van a perdonar la deuda, sino de que tienen que actuar con pies de plomo, porque como dicen en el barrio: el horno no está para bollos o como se decía antes: una sola chispa puede encender toda la pradera, sin hacer alusión a la tragedia australiana.

Es entonces en esta realidad que nos sorprende y preocupa, noticias que vienen de China, en que nos muestran su notable capacidad para construir un gran hospital en 15 días, para atender en forma especializada los casos de «coronavirus» y la falta de información sobre cómo se previenen este tipo de afecciones teniendo en cuenta el gigantesco desarrollo que en este plano puede desarrollar ya la Humanidad. Desarrollo al que no está ajeno China y tampoco Cuba.

¿A que nos referimos en concreto? A la oposición de intereses entre los seres humanos y los grandes centros mundiales de la industria del medicamento. A ellos van dirigidos los grandes capitales y sus cada vez más escasas inversiones rentables, como un lugar seguro donde aún hay una rentabilidad importante.

Que China sea o no centro de maniobras en este sentido, depende no sólo de su capacidad productiva, demostrada en infinidad de ejemplos de los que este hospital es uno más, sino de medidas políticas de profundo contenido social y de su capacidad para desarrollar una política de cara al interés de la gente.

China está en condiciones de instrumentar una historia clínica digital de cada uno de sus habitantes e incorporarla por ejemplo al documento de identificación personal respetando la reserva personal, así como con un examen de escaso costo –también voluntario– determinar en cada persona cual han sido sus enfermedades y las que está propensa a contraer. Abriendo un abanico de prevención que ya se está técnicamente en condiciones de hacer.

De esto se desprende, que siendo destacada la capacidad de construir un hospital para la atención directa de la enfermedad –decisión importante pero que no va en contra de los grandes intereses que se mueven en la industria del medicamento– lo otro que señalamos va resultando fundamental para salud en todo el mundo.

No tengo la información necesaria para saber en qué nivel está esto en el Estado chino, si puedo acceder a como está en el Uruguay por ejemplo, en que se han hecho avances aún cuando la colisión entre interés privado de las corporaciones vinculadas a la medicina y el de la sociedad, lo encontramos más a menudo de lo conveniente. Más cuando los recursos presupuestales provienen de los impuestos al consumo, los salarios y las pensiones, como lo imponen las pautas centrales de la conducta económica del modo de producción provenientes de organismos centrales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Todos sabemos o deberíamos saberlo que la dependencia a estos organismos no es sólo producto del endeudamiento ante ellos sino además en lo fundamental de las líneas en las que se maneja el crédito y las distintas operaciones con dinero e instrumentos de deuda a ese nivel y de la cual dependen todos los Estados.

¿Qué es lo preocupante?: la falta de una respuesta política, que hoy la Humanidad ya está en condiciones de dar, en este caso ante un problema sanitario concreto expresada en la peligrosidad del desarrollo de enfermedades en un mundo donde la mayor parte de su población vive en condiciones de indigencia que indignan ante la capacidad ya desarrollada por el aparato productivo del planeta, para disponer de soluciones en todos los casos.

Con la rémora que significa invertir sólo en aquello que al modo de producción le resulta rentable.

Contradicción entre la economía y la política que el programa de avance de la sociedad necesita resolver con urgencia, con el drama e incertidumbres que hoy significa esta crisis no resuelta.

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo, 27 de Enero de 2020.

Organización, método, partido.

Organización, método, partido.

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

Partido político. Dirección.Las organizaciones que se proponen objetivos revolucionarios parecen a falta de un análisis profundo todas iguales.

Sin embargo, primero es necesario saber cuáles son efectivamente esos objetivos revolucionarios y luego determinar los medios y los caminos para llegar a ellos.

Los hay en la sociedad quienes niegan que sea necesario llegar a definir esos objetivos. Niegan la sociedad de clases, y aseguran que la democracia por si sola garantiza la superación de quienes se lo propongan.

Sin embargo, la sociedad indica otra realidad y el mundo está hoy gobernado no por los Estados sino por las direcciones de los complejos empresariales multinacionales, que gobernando la economía con el monitoreo del FMI y del Banco Mundial se establecen aún en pugna entre sí, como lo determina la esencia del propio capitalismo, en la dirección de la sociedad.

A esto se llega en una historia donde los modos de producción se han ido sucediendo a través de procesos sociales que lo han marcado, y con la característica de que cada uno de esos modos de producción nace, se desarrolla, y luego declina perdiendo en primer lugar su predominancia, que es lo que va a suceder y ya sucede con el modo de producción capitalista.

Quienes pretendan construir una organización revolucionaria que no entiendan esto, está condenada irremediablemente al fracaso. Salvo que se pueda demostrar que no es así, posibilidad que toda ciencia siempre deja abierta.

Hay procesos que parecieron desafiar esta idea: la revolución cubana por ejemplo en su momento. Jóvenes cubanos deseosos de otro destino para su país convertido en un garito e inda mais, para las clases adineradas de EE.UU. y en el lugar de padecimientos de millones de cubanos, se lanzaron tras la idea de una revolución liberadora de la sociedad y la construcción de una más justa.

Sin duda que en esa sociedad aún dentro de la explotación capitalista existía la posibilidad de reivindicaciones que hicieran mejor la vida de la gente, como ocurre cada vez más limitadamente en todos los países por los efectos de una crisis en la predominancia del sistema que se agudiza.

Esto sin dejar de reconocer que la vitalidad actual del capitalismo reside en que el libre comercio está comandado por China y su entorno, lo cual no deja de ser una enorme y explosiva contradicción.

Las fuerzas militares del país más poderoso militarmente de la tierra, monitorearon la situación y llegaron a la conclusión de que no sería nada malo para sus intereses que el Sargento Batista que presidía Cuba y cuyas actitudes apenas toleraban dejara su lugar a un movimiento, que le iba a dar otra cara a Cuba ante el mundo, con la esperanza de que no tocaran la pirámide de privilegios, y desahogara el espíritu de justicia de una juventud con antecedentes reivindicativos.

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida y en las narices mismas del Imperio los cubanos comandados por Fidel, jaqueados por las presiones yanquis para que la justicia no afectara los intereses de sus inversores explotadores, recurrieron a la Unión Soviética para mantener el proceso de cambios que para su progreso impusieron a esa nación.

Cuba tenía además una rica tradición de militancia comunista, e incluso cuando la derrota de Lenin en 1924, desarrolló junto con Chile una fuerte tradición de izquierda no stalinista.

Ahora hacer lo mismo que en Cuba –llegar al poder revolucionario a través de la guerrilla– parecía algo posible. Algo también percibido por los organismos de inteligencia de EE.UU. que lo tuvieron en cuenta para su plan Cóndor jugando así con la táctica del aborto y sus dos brazos, infiltrar las guerrillas e iniciar una depuración fascista en las fuerzas armada que preocupaba por la cantidad de altos oficiales que habían intentado cambiar la historia.

Cuba y Nicaragua habían construido un nuevo ejército. Venezuela de la mano de Hugo Chávez había logrado alinear a las fuerzas armadas con los principios bolivarianos. En todos los ejércitos les preocupaba los sentimientos de justicia social que pretendían ahogar en lo que ellos llamaban el combate al comunismo, aunque les quedaba más cómodo la represión de la guerrilla pues partían de la lucha ejército contra ejército y no reprimir principios de justicia social arraigados en los pueblos y sin duda que también en los soldados y en los propios oficiales de extracción popular.

La derrota de Lenin en 1924, recordemos que sus análisis de esa época precisa se conocieron 30 años después, significó un enorme retroceso particularmente en las propias estructuras de las organizaciones que se reivindicaron revolucionarias de ahí en adelante.

Pensar que las ideas, el programa deben pasar por estructuras orgánicas para luego determinar su valor, va a contrapelo de lo que pensaron e hicieron los más grandes pensadores del pensamiento revolucionario.

Sin embargo hoy es muy común diría que normal, que un actor responsable a un determinado nivel, consultado sobre la vigencia o no de determinadas ideas y la forma en que su organización las lleva adelante, no se le ocurra decir otra cosa que él los problemas ideológicos los discute primero internamente.

Que es de alguna manera como se expresa la confusión –a nuestro modo de ver mal intencionada– entre centralismo democrático y centralismo burocrático. Como la idea de Partido Único, ajena al pensamiento de Marx, Engels y Lenin, que defendieron en todos los terrenos el libre intercambio de las ideas. Única base posible para superar al capitalismo y construir una sociedad socialista.

Las ideas son libres y se las debe respetar y emitir siempre que ello sea necesario, lo que no son libres son las medidas administrativas porque ellas implican nivel de decisiones que cada vez van a ser más eficientes en la medida que las ideas provengan de un marco en la sociedad de la libertad que defendemos.

A quién se le ocurriría hoy catalogar la importancia en el mundo de las ciencias de un avance en función de los organismos por los cuales ha pasado. Sin embargo el stalinismo pretendió hacerlo en el llamado campo socialista, y todos recordamos experiencias dolorosas en varios terrenos del conocimiento humano, tanto artístico como científico.

Todos tenemos sabido que en la lucha de clases la derecha entre sus estrategias, en particular de inteligencia (tampoco negamos que en la izquierda no fuera también parte de una estrategia), uno de los objetivos es infiltrarse e impulsar acciones que a la larga desarticulen la eficiencia social del movimiento infiltrado.

En América hay una vasta experiencia en ello. Muchas de esas experiencias tal vez las conozcan con más detalles las futuras generaciones pues aún permanecen en la reserva de los Estados, particularmente de los que ejercieron el imperialismo y hoy desarrollan «servicios» con los complejos empresariales multinacionales.

Es aquí donde surge una diferencia fundamental. La infiltración en movimientos guerrilleros siempre tiene como objetivo promover acciones que con su aborto desalienten la lucha por las reivindicaciones sociales, además del fichaje. En los sindicatos y en las organizaciones de masa ya les es más difícil porque cada una de las acciones está sometida a un proceso de análisis y de resolución para el cual es fundamental la democracia interna, que no existe cuando de determinar una acción guerrillera se trata, pero aquí si ocupa el primer lugar el fichaje.

La izquierda esto no lo tiene asimilado, como no tiene asimilado en que etapa estamos del desarrollo económico de la sociedad. Su preocupación son los cargos y los nombres para esos cargos, lo vemos, es una realidad en todo el planeta.

Cuando comience a ser más importante el programa entonces si podremos decir que estamos en la antesala de cambios fundamentales para la vida humana.

Mujica llegado al gobierno, como representante de una izquierda abierta al debate y al análisis, –eso era en su fundación el Frente Amplio– insinuó en la ONU (Septiembre del 2013) un programa. Nunca en ese estrado se había llegado a ese nivel, era un planteo comunista, antes recordamos la intervención formidable de Salvador Allende defendiendo para su pueblo la nacionalización del cobre, Mujica estaba diciendo lo que pensaba en ese momento, e insinuaba medidas que son si se quiere de sentido común, sobre la moneda y el sistema impositivo.

Sin embargo la tarea de hacer debatir ese programa estuvo y está ausente, por eso lo que ahora se debate sobre los cargos parece de un retroceso inadmisible como si de un golpe –como el que se dio en 1924– se perdiera toda la esencia de la política revolucionaria.

Ese es el objetivo, desde la humildad de nuestros conocimientos, lo que nos proponemos en cada una de estas notas, volver a la política revolucionaria, que siempre tiene expresión en un programa, que a su vez lo consideramos esencial para que la humanidad pueda superar en las mejores condiciones esta etapa de su historia.

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo, 22 de Enero de 2020.

Revolucionario, comunista.

Revolucionario, comunista.

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

Luz Charito Estefanell. Libro «Gracias a ellas». Portada.En este periodo estival me hecho el propósito de leer un libro formidable de Luz Charito Estefanell «Gracias a ellas» de la editorial Letraeñe, son un compendio de cartas en el seno de una familia entrañable de mí querido Paysandú: la familia Estefanell-Guidali. Lo recomiendo con cariño y respeto.

Ahí en cada una de las cartas está contenida gran parte de la historia de las vicisitudes de nuestra juventud y de nuestra formación como seres humanos.

En cierto sentido de la tragedia que vivimos y de cómo impactaron en el seno de la sociedad los acontecimientos que en convulsión atravesaban el mundo.

También me ha ayudado a entender como la formación política batllista (de don Pepe) de mi padre –humilde carpintero apenas con tercer año escolar– me hizo valorar con los años y los golpes, que la militancia revolucionaria no se definía en un enfrentamiento bélico sino en la lucha de ideas, que la lucha de clases nutría. Cada uno de los acontecimientos de aquella época los vivimos con intensidad, entre ellos por ejemplo el fenómeno del peronismo, que llegaba a través de las radios a Paysandú. Los sectores conservadores hacían campaña contra Perón a lo que mi padre, que diferenciaba con claridad a éste de don Pepe, señalaba sin embargo que la resistencia provenía de que decía que debía haber menos pobres aunque para ello fuera necesario que hubiera menos ricos.

Es cierto. Son múltiples factores que coadyuvan, para que se plasme determinada realidad, desde la organización de una cooperativa en el seno de una clase escolar, con una maestra (Maestra Maruja Sommer de Pérez) preocupada por el desarrollo integral de sus alumnos, al profesor del liceo (Profesor Carlos Estefanell) que nos dice del valor que tiene un periódico estudiantil, y nuestros primeras pasos en la actividad gremial. Son miles de grandes pequeños hechos, y de seres humanos constructores de esa realidad.

Es en esa realidad que cayó el impacto de la revolución cubana, las cartas –las vivencias– que en este libro se reflejan en toda su intensidad. La síntesis que hizo un sector muy importante de la juventud que insistía, que sentía, que le urgía, como un imperativo el pronunciarse por la justicia social en una sociedad que la había sentido como propia en la obra de Batlle y Ordoñez, que ahora veía que se desvanecía a la vez que sentía a los revolucionarios cubanos como un ejemplo a seguir.

Nadie podía imaginar que el juicio que hace Batlle frente a la muerte de Lenin, hubiera tenido el valor universal que tuvo y que se ha pretendido ocultar. Los «batllistas» actuales no lo reivindican.

En nuestros años juveniles era más sencilla la prueba del coraje, que la del conocimiento profundo de los temas. Lenin, que atravesó en su vida esos desafíos, emprendió el camino de lo que ha mostrado ser la forma más avanzada de hacer política revolucionaria, donde cada punto programático y cada acción tiene el sustento del desarrollo de las ideas, sus múltiples textos sobre cada uno de los temas son la documentación más palpable.

Se asesinó con los bolcheviques después de 1924 una forma de hacer política, organizada y en función de analizar en la práctica y en la teoría, todos los hechos sociales. Con el agravante además que quienes fueron sus asesinos quisieron reivindicar una organización social revolucionaria sobre la base de toda la actividad económica en manos del Estado y el ahogo de la democracia política interna y externa.

No se ha repetido en la historia aún un Partido como el de Lenin, con ese nivel de democracia interna, con capacidad para analizar pública y profundamente la ejecución de cada uno de sus puntos programáticos.

Quienes idearon desde los servicios de inteligencia del país con mayor desarrollo capitalista del mundo, EE.UU., la táctica del aborto, que algunos cretinos útiles a su vez bautizaron como la teoría de los dos demonios, utilizaron su propia derrota con la revolución cubana para hacer de ella el trampolín para esa táctica, sus frutos amargos para la sociedad.

La táctica del aborto consiste en infiltrar y alentar movimientos guerrilleros (motivos para su existencia hay a montones) con el objetivo de hacer estéril la organización social y política de las masas, a la vez que depurar de elementos democráticos y sensibles a los sentimientos populares en las filas de las propias fuerzas armadas. Uruguay es un ejemplo de cómo ello se llevó a la práctica, e incluso de cómo líderes guerrilleros se transforman luego en líderes sociales, hasta llegar a hacer planteos políticos avanzados como los que hizo José Mujica en la ONU (septiembre 2013), desde la propia Presidencia de la República, aunque luego no vuelva a ellos.

Claro está que hoy, a esas fuerzas fascistas les es más difícil hacerlo, aunque actúan con mayor criminalidad porque EE.UU. ha entrado en un proceso de crisis del que difícilmente salga. Obama pareció cambiar esta realidad, pero pronto se ahogó su programa. No pudo afrontar los desafíos. Sin embargo hay que prestar atención a todos los intentos por revertir la situación. Es cierto que el crecimiento logrado por Trump con el amurallamiento de su economía le ha dado un respiro, pero coyuntural y luego es inexorable un periodo de definiciones, para la cual la juventud de EE.UU. tiene reservas intactas de progreso.

La revolución cubana hija como la nuestra de una juventud con deseos de justicia social, contó con el dejar hacer inicial de una potencia a la que le molestaba el sargento Batista y pensaba que esto le servía para cambiar de cara a su garito.

Se les fue de las manos al control de los servicios, el apoyo de la Unión Soviética y del llamado campo socialista fue fundamental, sin el cual hubiera sido imposible concretarse, como lo demuestran todos los intentos posteriores. Incluso el vigente con Venezuela, donde Hugo Chavéz hizo un trabajo formidable de desmonte de su influencia imperial en las fuerzas armadas, como prácticamente no se ha podido hacer en ningún país más. Con Perón, por ejemplo, no se hizo. La obra de la revolución rusa y la conducción de Lenin trascendían así más allá de su derrota coyuntural en la historia de la humanidad.

El libro lo grafica con nitidez, tal vez el mismo drama que vivió Lenin con su hermano mayor Alejandro atentando individualmente contra la vida del Zar como el fracaso del camino armado para la justicia social, cuando este no está supeditado a una estrategia de masas y a una organización consciente de cada uno de los pasos que realiza.

El problema es que los tiempos no se detienen, la crisis del capitalismo sigue evolucionando y como todo modo de producción nace, se desarrolla y luego comienza su decrecimiento, comenzando por la muerte de su predominancia, etapa en la cual estamos y para la cual es necesario el programa, la organización a nivel político, social, para poder hacerlo realidad.

Hoy a unos cuantos años de aquellos acontecimientos urge el sacar conclusiones a los efectos de que aquellos esfuerzos, sacrificios, heroicidades, puedan dar nacimiento a una sociedad superior para la cual están todas las condiciones, y que seguramente se va a nutrir de aquellas experiencias que fueron su simiente.

Está en nosotros no cometer los mismos errores, sí abordar los empeños en vivir en una sociedad superior, elaborando sobre las enseñanzas de los maestros la teoría y la práctica necesaria para hacerlo, con su síntesis: el programa.

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo, 10 de Enero de 2020.

Lo bélico dentro de lo político.

Lo bélico dentro de lo político.

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

Atilio Alberto Borón.Desde Argentina las opiniones del Profesor Atilio A. Borón tienen su importancia. En este caso nos dice:

«Una de las primeras lecciones que enseñan en todo curso sobre el sistema político de Estados Unidos es que las guerras suelen revertir la declinante popularidad de los presidentes. Con una tasa de aprobación de Donald Trump del 45% en Diciembre del 2019, los “déficit gemelos” (comercial y fiscal) creciendo inconteniblemente al igual que la deuda pública y una amenaza de juicio político en su contra los consejeros y asesores de la Casa Blanca seguramente recomendaron al presidente que apele al tradicional recurso e inicie una guerra (o una operación militar de alto impacto) para recomponer su popularidad y situarlo en mejor posición para encarar las elecciones de Noviembre del corriente año».

Sin embargo, en esta oportunidad sin dejar de admitir la importancia del razonamiento, pensamos que la situación es más compleja a la vez que más sencillo el programa para salir de ella, siempre y cuando haya voluntad política para hacerlo, de parte de los que pensamos que un mundo mejor es posible y actuemos sobre los puntos centrales de la actual crisis económica, con directo impacto en lo político.

Las anteriores acciones a estas, que repasa Borón, eran dentro de un marco de la economía mundial donde EE.UU. operaba como centro del capitalismo y del libre comercio.

Hoy ya no es así y un sector del capitalismo en EE.UU. pretende con Trump amurallarse y desarrollar un aparato productivo jaqueado en el mundo pero aún con un resto importante de desarrollo nacional, hasta para alcanzar a ganar una nueva elección.

Quién aterrizara hoy en el planeta Tierra y viera esta realidad seguramente no entendería nada, y menos aún si alguien intentara explicarle que es China y su entorno, gobernada por el Partido Comunista, quien comanda ahora el libre comercio en el mundo, con el inicio del desplazamiento, si se quiere lógico, a esa zona del planeta del centro del capitalismo.

¿Ahora, porque está Trump en la Presidencia de EE.UU. con esta realidad programática que conduce inexorablemente a acciones fascistas y al progreso de esas ideas en los países desarrollados y no desarrollados del mundo?: porque la izquierda no tiene programa para la situación actual del mundo. Tiene programas nacionales cuando ya en 1848 con su Manifiesto Comunista, Marx y Engels impulsaban la creación de un movimiento internacionalista, así de sencillo.

Nosotros lo estamos viviendo acá en el Uruguay y sería torpe culpar a la gente de esta carencia notoria en el abanico político de la izquierda.

Lo mismo podríamos decir de la causa de la existencia de cada uno de los gobiernos conservadores, de derecha y fachistoides que hoy pululan en la crisis del capitalismo en el mundo y particularmente en Europa.

¿Y China, Cuba, Vietnam…? Están aprovechando una coyuntura que le es favorable, ahora ellos también necesitan un aggiornamiento aún mayor para poder afrontar los desafíos ecuménicos. A eso es a lo que nos referimos en cada una de nuestras notas.

Los «déficit gemelos» (comercial y fiscal), que señala Borón, ya son insalvables en la organización actual de la economía del mundo, sólo es esperable mayores déficits.

El problema es que con la derrota de Lenin en 1924, la teoría predominante en la izquierda ha sido la de Kautsky sobre el desarrollo de un super imperialismo, que de super y de imperialista, además de acumular esos dos déficits que Borón señala, sólo le queda la capacidad criminal de sus servicios extendidos en el mundo y haciendo daño.

También es problema la debilidad de la reacción de los gobiernos progresistas del mundo, de las centrales sindicales, de las organizaciones políticas que frente a hechos como estos aparte de reaccionar con declaraciones, desde el punto de vista programático están paralizadas.

El modo de producción capitalista en su predominancia está perdiendo en forma creciente su equilibrio poniendo en riesgo a toda la Humanidad. No es que esta deba desechar el aparato productivo que hasta hoy se ha venido construyendo, sino que ya no tiene respuesta a la necesidad de su conservación y desarrollo dentro de los lineamientos que le dieron origen. Los modos de producción nacen, se desarrollan y comienzan su declinación en este caso planteando el desafío de que su predominancia pueda morir en paz.

No es lineal, ni se le puede aplicar la ciencia matemática, como toda obra humana se puede estudiar la tendencia y elaborar un programa de acción social que permita transitar en las mejores condiciones posibles, que es el problema que hoy tenemos que resolver a condición de vivir la generalización de una catástrofe no deseada.

Es lo que está pasando con el cambio climático y particularmente con la tragedia que vive Australia. No se previó porque no le es rentable prever –tiene costo- con la mentalidad del inversionista burgués. Y no hay ahora ninguna medida en el abanico de las que practican las actuales direcciones del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional que lo pueda revertir.

Ese es el centro del drama actual que vive la Humanidad.

Ahora nadie podrá negar que las propuestas frente a esta situación existan y son las únicas posibles para revertir rápidamente la situación, aunque la «inteligencia del mundo» parezca estar mirando para otro lado.

Hoy el gobierno del mundo no radica en los Estados, como bien lo vaticinaba Lenin en 1916, y el monitoreo del aparato productivo en manos de los complejos empresariales multinacionales lo ejercen instituciones como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, las más importantes.

No hay hoy ningún programa de izquierda que se pueda llamar de tal, si no plantea la toma de estos organismos para promover la muerte en paz de la predominancia del modo de producción capitalista.

Tamaño desafío para los intelectuales, politólogos, sociólogos, todólogos, que tienen por costumbre calificar en la izquierda a revolucionarios de un lado y a reformistas del otro, partiendo del control nacional de la propiedad, y sin tener en cuenta el funcionamiento real del aparato productivo.

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo, 7 de Enero de 2020.

De la honestidad en el relato.

De la honestidad en el relato.

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

Nemanja Emir Kusturica.La magia de la tecnología. Se ha librado al conocimiento público en la televisión, la película de Emir Kusturica sobre Pepe Mujica1. Hay una catarata de comentarios, casi como lo que ocurrió con la incorporación de la técnica del VAR en la semifinal del fútbol uruguayo. También hay cosas en las que «de eso no se habla» como en el recordado film de Marcelo Mastroiani.

La película tiene un libreto y una interpretación que creemos responde a los objetivos del autor. Si bien pretende tener una base cierta, documental, los hechos que ahí se reflejan no tienen explicación en la documentación exhibida. Son hechos políticos sobre los cuales no encontramos respuesta a como y porque fueron ejecutados, así como y donde fue resuelta su ejecución. El planteo de Pepe Mujica: «nos usaron» no tiene respuesta, una vez más.

Ahora los hechos y los actores son reales, cada uno debe atenerse a lo que se propone. Si bien sus valores personales también son reales y la opinión pública los reconoce, el manejo de los hechos está hecho por autores que en el film permanecen en el anonimato con el riesgo de lo que significa para la verdad histórica de los acontecimientos. No creemos que honestamente Kusturica los conozca, aunque si Mujica debiera sospechar sobre ellos.

Siempre y coincidimos con Mujica, la vida misma es en cada uno de nosotros un milagro. Pero cada cosa en su lugar. Lenin cruza Alemania en un tren blindado para poder ingresar en la Rusia zarista en plena guerra. Sus planes y los planes de los alemanes coincidieron por un instante. Lenin pensando que era el momento en que el Partido podía plasmar el programa que lo inspiraba, los alemanes pensando en que eso no era para ellos un riesgo frente a las ventajas que suponía el debilitamiento militar ruso.

Estos que estamos analizando a través del film de Emir Kusturica son la antítesis. Ahora los planes si existieron y en este caso fueron de parte del plan Cóndor con sus dos pinzas, la depuración fascista de los ejércitos y por otra la táctica del aborto interviniendo en acciones que pasaran el protagonismo de las organizaciones sociales a la organización guerrillera, facilitando la respuesta represiva que un ala fascista de la sociedad sentía como imprescindible.

Es más sencillo promover una guerrilla, infiltrarla y reprimirla, que tener que soportar una acción sindical donde el debate se traslada al plano de la justicia social. No quiere decir que los hechos sean mecánicos ni sencillos. Hay múltiples razones por la cuales puede originarse una guerrilla pero de ahí a constituirse en el único camino de reivindicación social es un campo fértil para ser explotado por las concepciones más reaccionarias de la sociedad.

Lo mismo ocurre en el plano sindical, su organización es un arte social al que recurren los mejores agitadores de la clase obrera –I compañi (Los compañeros) de Marcelo Mastroiani es un buen ejemplo fílmico entre tantos– ahora también es campo en el que la derecha desarrolla sus mejores negociadores en el arte de comprar voluntades y torcer un camino que siempre es largo.

Nuestro propósito no es hacer un análisis del film, ni siquiera somos críticos ni tenemos conocimientos del tema. La libertad del artista está por encima de toda otra consideración y como obra en ese terreno hay que valorarla y tomarla. Difícilmente en este caso pueda separarse de las connotaciones políticas de los protagonistas.

En otro plano pero ya con una notable ficción artística ocurre con el film basado en la obra de Boris Pasternak «Dr. Zhivago», que cuando se estrenó originó las más variadas reacciones. Recordemos que no había nadie dentro del campo conservador que no la recomendara y nadie cercano al Partido Comunista que no la condenara. La vida la ha ido poniendo en su lugar como una notable pintura de la época producto de la pluma de un notable escritor.

Con este film de Kusturica nos aventuramos a pronosticar que va a pasar como una muy buena pintura de la época y a la vez con el tiempo nos hará ver cuáles eran las carencias ideológicas que hoy marcan nuestro andar.

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo, 3 de Enero de 2020.


Nota:

1En Netflix.