Preocupante: coronavirus.

Preocupante: coronavirus.

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

Personal sanitario con mascara anticontagio. Soe Zeya Tun. Reuters, para «La Vanguardia».Parto del conocimiento de una constatación que he venido desarrollando, de que China y su entorno se van convirtiendo en el centro del libre comercio mundial y como consecuencia de ello también en proceso un nuevo centro del propio desarrollo capitalista.

Todo ello con consecuencias de alguna manera imprevisibles sobre el curso de los acontecimientos políticos y sociales próximos, para el conjunto de nuestra Humanidad.

Entre otras cosas cual va a ser el papel de EE.UU., centro en declive y a su vez amurallando su economía, convertido de su anterior rol imperialista en un centro de los servicios represivos y de la industria de la guerra en todo el mundo, con lo que ello significa de costo presupuestal hoy volcado a un endeudamiento también explosivo y a un empapelamiento que ha encendido las alarmas de los centros financieros; las monedas han perdido su equilibrio cualquiera sea el país que se mire.

No descubro la pólvora si escribo que China es un país capitalista gobernado por el Partido Comunista. Salvo que luego del golpe que encabezó Stalin contra Lenin en 1924, en el mundo se construyó la falacia de la existencia de Estados capitalistas y de Estados comunistas como si esto fuera posible, cuando lo correcto era hablar de capitalismo de Estado como efectivamente lo hacían los maestros (Marx, Engels, Lenin…).

Esto que en el Uruguay manejó magistralmente José Batlle y Ordoñez, haciendo del Estado «el escudo de los débiles», pero tratando de controlarlo como instrumento al servicio del desarrollo económico frente a la avaricia capitalista. Lo que vino después de su muerte ya es otra historia, con similitudes a la crisis en la Unión Soviética y a lo que se llamó el «socialismo real».

Entre otras cosas hoy nos parece «delirante» apuntar hacia una economía nacional a largo plazo sin tener en cuenta estas circunstancias decisivas sobre el próximo desarrollo económico. No creo que haya ningún economista que se atreva a afirmar cuales son los próximos pasos a dar. Hoy la estrategia es ordenar la casa para afrontar las consecuencias de los acontecimientos que todos vemos como previsibles atendiendo cada uno su grupo de intereses y sin propuestas para una situación cuya resolución va más allá de las fronteras. Situación ya de por sí muy conflictiva.

Es muy ilustrativa por ejemplo, la posición de la Directora Gerente del FMIKristalina Gueorguieva, con respecto a la deuda gigantesca contraída por Argentina durante el gobierno de Macri.

En Davos es un mensaje al mundo no de que van a perdonar la deuda, sino de que tienen que actuar con pies de plomo, porque como dicen en el barrio: el horno no está para bollos o como se decía antes: una sola chispa puede encender toda la pradera, sin hacer alusión a la tragedia australiana.

Es entonces en esta realidad que nos sorprende y preocupa, noticias que vienen de China, en que nos muestran su notable capacidad para construir un gran hospital en 15 días, para atender en forma especializada los casos de «coronavirus» y la falta de información sobre cómo se previenen este tipo de afecciones teniendo en cuenta el gigantesco desarrollo que en este plano puede desarrollar ya la Humanidad. Desarrollo al que no está ajeno China y tampoco Cuba.

¿A que nos referimos en concreto? A la oposición de intereses entre los seres humanos y los grandes centros mundiales de la industria del medicamento. A ellos van dirigidos los grandes capitales y sus cada vez más escasas inversiones rentables, como un lugar seguro donde aún hay una rentabilidad importante.

Que China sea o no centro de maniobras en este sentido, depende no sólo de su capacidad productiva, demostrada en infinidad de ejemplos de los que este hospital es uno más, sino de medidas políticas de profundo contenido social y de su capacidad para desarrollar una política de cara al interés de la gente.

China está en condiciones de instrumentar una historia clínica digital de cada uno de sus habitantes e incorporarla por ejemplo al documento de identificación personal respetando la reserva personal, así como con un examen de escaso costo –también voluntario– determinar en cada persona cual han sido sus enfermedades y las que está propensa a contraer. Abriendo un abanico de prevención que ya se está técnicamente en condiciones de hacer.

De esto se desprende, que siendo destacada la capacidad de construir un hospital para la atención directa de la enfermedad –decisión importante pero que no va en contra de los grandes intereses que se mueven en la industria del medicamento– lo otro que señalamos va resultando fundamental para salud en todo el mundo.

No tengo la información necesaria para saber en qué nivel está esto en el Estado chino, si puedo acceder a como está en el Uruguay por ejemplo, en que se han hecho avances aún cuando la colisión entre interés privado de las corporaciones vinculadas a la medicina y el de la sociedad, lo encontramos más a menudo de lo conveniente. Más cuando los recursos presupuestales provienen de los impuestos al consumo, los salarios y las pensiones, como lo imponen las pautas centrales de la conducta económica del modo de producción provenientes de organismos centrales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Todos sabemos o deberíamos saberlo que la dependencia a estos organismos no es sólo producto del endeudamiento ante ellos sino además en lo fundamental de las líneas en las que se maneja el crédito y las distintas operaciones con dinero e instrumentos de deuda a ese nivel y de la cual dependen todos los Estados.

¿Qué es lo preocupante?: la falta de una respuesta política, que hoy la Humanidad ya está en condiciones de dar, en este caso ante un problema sanitario concreto expresada en la peligrosidad del desarrollo de enfermedades en un mundo donde la mayor parte de su población vive en condiciones de indigencia que indignan ante la capacidad ya desarrollada por el aparato productivo del planeta, para disponer de soluciones en todos los casos.

Con la rémora que significa invertir sólo en aquello que al modo de producción le resulta rentable.

Contradicción entre la economía y la política que el programa de avance de la sociedad necesita resolver con urgencia, con el drama e incertidumbres que hoy significa esta crisis no resuelta.

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo, 27 de Enero de 2020.

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