Un impuesto algo distinto.

Un impuesto algo distinto.

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

Astori (Ministro de Economía del gobierno anterior) trabaja en proyecto de ley para gravar depósitos de los uruguayos en el exterior.

«Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos, quedan rotas; las nuevas se hacen añejas antes de llegar a osificarse. Todo lo estamental y estancado se esfuma; todo lo sagrado es profanado…» (Carlos Marx).

Nadie lo puede discutir, el compañero, Contador Danilo Astori ha tenido, desde la docencia, desde el gobierno, desde las columnas de opinión, desde el hacer político una destacadísima presencia.

El pueblo uruguayo bajo su participación en la conducción del gobierno pudo mejorar mucho, aún cuando no podía salir como tampoco puede ahora de las condiciones que determina el desarrollo capitalista en el Uruguay, en el mundo.

Algunos están descubriendo ahora la miseria y las condiciones en que vive mucha gente, pero los militantes sociales, políticos, sindicales, incluso religiosos siempre lo tuvieron presente y lo señalaron.

Astori también ha sido responsable de acciones desde el gobierno, de mala gestión, de errores importantes.

Pero hay algo que me interesa señalar cuando presenta este proyecto de ley para grabar capitales de uruguayos en el exterior, del que nadie podría estar en contra, más cuando los problemas planteados por el coronavirus son acuciantes y el propio gobierno ha obtenido el apoyo unánime para hacer una especie de solidaridad obligatoria con ingresos de funcionarios y jubilados relacionados con el Estado.

Y es que no hay la menor proyección de política económica con respecto a lo que está pasando en el mundo.

Sino un economista de su fuste debería estar encarando ya o promoviendo el análisis en todos los organismos del Frente sobre qué está pasando con las monedas en el mundo, donde ni EE.UU. y la comunidad europea, no paran de emitir y que pasa con los sistemas impositivos actuales de los presupuestos estatales en plena crisis, e insuficientes para bancar las cosas más elementales de la sociedad.

Recordemos además que las importantes reservas que fue generando el Uruguay tienen posicionamiento en dólares, en estos dólares cada vez más envilecidos.

El rol del Estado en los servicios esenciales, también se debe incorporar al debate impositivo.

Estamos hablando de servicios esenciales, y en la actual situación de la economía capitalista creo que no deberían existir dudas. El problema surge cuando se pasa a analizar cuáles son los recursos para esos servicios esenciales. Hay corrientes de opinión que piensan en la estatización total de la economía o por lo menos –dicen otras– volcar la actividad productiva hacia el Estado. Y es acá donde surgen las luchas ideológicas al respecto. Para el debate se fabrica un absurdo dilema: mercado o Estado. El mercado es una herramienta a la cual han concurrido todos los modos de producción, y Estado es una construcción que en la historia ha sido instrumento de cada uno de esos modos de producción. Hoy estamos asistiendo a la crisis irreversible de la predominancia del modo de producción capitalista y a la necesidad de que su muerte sea en paz.

¿Que arrastra esa predominancia con su muerte?, arrastra los paraísos fiscales, y los sistemas impositivos basados en los impuestos al consumo, a los salarios y a las pensiones. Arrastra el juego de las monedas nacionales como instrumento en la actualidad de ajuste en los ingresos a través de salarios y pensiones.

Las monedas nacionales cumplieron un papel importante en la historia de las naciones, hoy ya no lo cumplen. Hoy son variables de ajuste a los ingresos de trabajadores y pensionistas. Además no se trata de un modo de producción alternativo que no es posible sino de la necesidad que la predominancia de este modo de producción muera en paz y de paso a medidas que serán el desarrollo de un nuevo modo superior.

¿Qué instrumentos tiene una nueva predominancia?: la moneda única y universal, y un sistema impositivo basado en la circulación del dinero haciendo inválido toda operación que no esté registrada donde la sociedad determine.

Se estará entonces en condiciones de atender las necesidades esenciales de la humanidad toda, por encima de lo que hoy es la llamada «rentabilidad empresarial» sin dejar de lado la eficiencia en el trabajo.

¿Será el nuevo proyecto impositivo de Astori el inicio de cambios en la forma de ver y encarar los hechos económicos? o ¿es solo una chicana en las pulseadas políticas menores en la interna de un país?

La situación es muy grave, Astori lo sabe, salvo en el centro mismo del desarrollo capitalista, no hay prácticamente ningún Estado en el mundo que pueda exhibir equilibrios en su actividad económica. Existen aquellos que aunque hoy parezcan estar equilibrados en su proyección, la situación es insostenible. O recurren a emisiones y endeudamientos suicidas para el propio equilibrio de la economía del Planeta.

Lo más grave aún es la inercia y la miopía de los que podrían actuar y no lo hacen ante la inmensa posibilidad de un cambio gigantesco de toda la humanidad.

Ante un primero de mayo muy particular, 2020.

El recuerdo emocionado a quienes lograron con su lucha los jalones para el avance democrático de la humanidad y a la vez la reflexión para afrontar los desafíos de estos tiempos.

Un enorme avance de la ciencia y de la capacidad del ser humano de dominar en su beneficio esos avances, y a la vez una enorme contradicción en la organización social y en particular con una dictadura en la economía mundial.

Durante siglos la creación de puestos de trabajo y el desempeño de ellos con dignidad y pleno de derechos pareció ser el centro de memorables luchas obreras, en que se fueron conquistando derechos y libertades democráticas.

Hoy una pandemia desafía a la tecnología y la capacidad del ser humano para defenderse y prevenir este tipo de eventos que han sido trágicos en la historia de la humanidad.

Los elementos para prevenirla y evitar estos avatares existen, chocan con el interés empresarial que retrasa las soluciones y provoca daños.

En la actualidad tal vez el más palpable es la pérdida de millones de puestos de trabajo en el mundo tal cual está hoy organizado.

Una primera reacción lógica es resistirlo, ahora no alcanza son necesarias medidas que aborden el problema.

Dos reacciones primarias: una, el Estado se debe hacer cargo, la segunda son las leyes del mercado y a aguantarse. Una disyuntiva falaz: el Estado o el mercado.

El aparato productivo del mundo está sin daños, casi intacto, los burgueses salvo en el centro donde aún se desarrollo el capitalismo cada vez están más ahogados por la falta de rentabilidad y esa tendencia es inexorable dentro de la predominancia del modo de producción capitalista.

¿Entonces? Hay que tomar el centro mundial de la economía que ejercen organismos como el FMI el Banco Mundial e incluso la ONU, e imponer medidas cuyas herramientas son la moneda y los impuestos para desarrollar un plan global de producción atendiendo a la salud, la educación (también educar para el trabajo), la vivienda, la previsión los cuidados…

Es para esta tarea que recordamos hoy más que nunca la consigna de los 1° de mayo: «trabajadores de todos los países uníos».

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo, 28 de Abril de 2020.

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