El voto universal.

El voto universal.

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

En el Uruguay nos encaminamos a una elección general del poder legislativo y del poder ejecutivo, sobre la base del voto secreto, universal y obligatorio. Cada una de estas características en el sufragio tiene su historia, pero ninguna de ellas hubiera sido posible sin el ejercicio de la «dictadura del proletariado». Es decir si los trabajadores «en el mundo» no hubieran impuesto estos derechos.

Soy consciente del escándalo que una definición de esta naturaleza puede provocar, pero si, queremos provocar el debate, el análisis de definiciones que alguna vez se analizaron y en los últimos tiempos se analizaron mal.

Desde el Partido Nacional me aportarían los hechos que al principio del siglo 20 provocaron el levantamiento armado encabezado por Aparicio Saravia, en defensa del voto secreto, pero para nada aceptarían emparentar estos hechos con las reivindicaciones del proletariado.

También hay una «izquierda» para la cual «dictadura del proletariado» es Stalin; en sus cabezas socialismo es propiedad estatizada y aún cuando muchas veces ha sido necesario estatizar para defender el aparato productivo, el objetivo comunista no puede ser el capitalismo de estado ante un modo de producción predominante que ocupa todos los espacios económicos que le son posibles y rentables en el planeta.

El capitalismo de estado no nació en 1924, ni murió con la caída del muro de Berlín. La Unión Soviética en particular siendo el resultado de una formidable revolución social, aún con la derrota de Lenin, fue la base en la que se apoyaron los pueblos del mundo para enfrentar la explotación capitalista, al imperialismo, al fascismo y a la propia deformación política que fue el periodo stalinista y luego en la etapa actual al Estado gendarme en que se ha convertido EE.UU, al servicio de la política de guerra de un sector empresarial en el que intenta desahogar, sin éxito, sus crisis el capitalismo.

La crisis en la predominancia del modo de producción capitalista tiene tal grado de irreversibilidad, que trastoca conceptos que parecían firmes y arraigados, con el libre comercio y EE.UU. como centro, este Estado lo sufre y entonces en la lucha interna experimenta un cambio que hubiera sido insospechado en otra etapa, como lo es amurallar su economía y empezar a perder su rol de centro del capitalismo mundial y del libre comercio.

El trabajador sabe que si no defiende sus derechos es presa de la otra dictadura, la del poder económico del patrón y que para enfrentarla adquiere la consciencia de organizarse, y los pasos van desde lo gremial a lo político. El patrón siempre que puede prefiere la negociación individual, que tiene la lógica de la necesidad de rentabilidad.

En la campaña electoral uruguaya esto aparece a simple a vista en las fundamentaciones políticas de los candidatos de la derecha, aun cuando sienten la presión de la clase obrera organizada, y expresan que lo obtenido, obtenido está.

Un ejemplo reciente aquí en nuestro país. La ley de responsabilidad empresarial frente a los accidentes laborales. Fue clara la presión con la movilización de los trabajadores, para imponerla, como es clara la baja de siniestralidad una vez aplicada.

Ahora la historia abona esto que estamos expresando. El capitalismo hizo de EE.UU. el centro de su desarrollo empresarial, las luchas obreras en ese país tienen mojones de importancia universal como los hechos que dan lugar a fechas señaladas como el 1° de mayo y el 8 de marzo.

¿O es que la ley de 8 horas, ahora extendida al campo en el Uruguay, hubiera sido posible sin las luchas obreras en el mundo y sus derivaciones como fueron los gobiernos de Batlle y Ordoñez en el Uruguay? Y en nuestro caso estamos hablando de una ley de reciente aprobación, sin respaldo del empresariado agropecuario.

El objetivo del modo de producción capitalista es la rentabilidad no los derechos humanos. Esto no quiere decir que capitalistas como seres humanos no los reconozcan.

Ahora dictadura a través del poder del Estado no la pueden ejercer los trabajadores aún en un determinado nivel de organización política. Lenin es muy claro cuando señala que los trabajadores deben defenderse manteniendo su independencia frente a su propio Estado, entendiendo como tal al que se llega para defender los derechos más elementales del ser humano, como es el derecho a la paz, al pan, al trabajo, como ocurrió con la Revolución Rusa.

Lenin fue derrotado y la inmensa mayoría de los que integraron la dirección de su partido eliminados por el aparato del Estado en manos de la burocracia. Hoy en el mundo se vende ese producto en el mercado burgués y anexos, como la dictadura del proletariado, que nada tiene que ver con el pensamiento de Marx, Engels, Lenin, estoy nombrando a los más destacados.

En 2019, el capitalismo como modo de producción de predominancia en el mundo va de desequilibrio en desequilibrio. A su paso todo se deteriora, el medio ambiente, la salud de la gente, su nivel educativo, su capacidad de trabajo, la sociedad ahonda su fractura.

Ejercer hoy la dictadura del proletariado sería poder utilizar centralizadamente la capacidad de movilización de los trabajadores para imponer la muerte en paz de esa predominancia, que hoy es sostenida precisamente por la dictadura que ejerce el capitalismo a través de una relativo pequeño grupo que ejerce el control de los organismos financieros internacionales de la economía mundial.

Estamos hablando con una disparidad en la organización del trabajo –cuando hablamos de trabajadores– que va, por ejemplo, desde el que limpia una calle hasta el que maneja una computadora de última generación y sabiendo que la mayoría de los trabajos administrativos y mismo los trabajos rutinarios como el de limpiar una calle ya son asumidos por máquinas que el ser humano ha ido incorporando en el avance tecnológico.

Un primer paso sería tomar esos organismos, no para destruirlos sino para imponer dos herramientas que entendemos fundamentales: la unidad de medida monetaria única y universal y que los ingresos que la sociedad necesita para su desarrollo provengan de un sistema impositivo basado en la circulación del dinero, dando muerte a los paraísos fiscales y haciendo invalida cualquiera transacción que no se realice a través de los organismos que la sociedad democrática determine.

Los modos de producción como los seres vivos nacen, se desarrollan y comienza a fenecer. Cuando el capitalismo nace como modo de producción generando la primera humilde plusvalía, el que la maneja se diferencia de sus iguales en el taller asumiendo la tarea de reinvertirla, nace el burgués1; comienza una competencia en que su rentabilidad es mayor si su costo en salarios es menor, y el costo salarial de la competencia mayor en la medida en que en última instancia el depende de la capacidad de consumo de todos.

Contradictoriamente las conquistas sociales obtenidas en su esencia por la movilización y acción organizada por los trabajadores, construyendo sindicato, partidos, democracias, repúblicas, leyes sociales, le han dado al capitalismo la base para la amplitud que hoy tiene en todo el planeta, pero que no puede romper con la regla que fija sus límites con el agostamiento de la tasa general de ganancia.

E insistimos, una cosa es el capitalismo como modo de producción, que como antes ocurrió con los modos de producción anteriores, aún sin tener la dimensión planetaria de este, lo que debe morir en primer lugar es su predominancia que es lo que hoy sostiene su dictadura sobre la economía.

Es la razón de porque proponemos como objetivo de la transformación revolucionaria de esta época, la toma del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, para transformar su política, tal vez la última utilización de la dictadura del proletariado para que la rentabilidad empresarial hoy en manos de los dictadura de la burguesía pase a manos de la sociedad para que se utilizada en beneficio de la misma. En salud, en educación, en nivel de vida, en vivienda… también en el desarrollo de las nacionalidades en todo aquello que incorporan al acervo creativo de la humanidad.

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo. Sábado, 12 de Octubre de 2019.


Nota:

1¿Pudo haber sido distinto? Es el debate abierto sobre la condición humana y su evolución y porque allí –en lo general– no nació un modo de producción cooperativo, si de competencia, con dos roles diferentes en el seno de la sociedad: la del burgués y la del proletario.

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