Imperialismo.

Imperialismo.

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

El mundo cambió. El avance tecnológico parece transformarlo todo. Sin embargo, hay compañeros y organizaciones políticas a las que pertenecen esos compañeros que cuando tienen que definir una situación cualquiera, comienzan definiendo a un enemigo: el imperialismo y quién no lo haga corre el riesgo de considerársele, que pasa a revistar filas en ese enemigo.

No se puede negar las relaciones asimétricas que existe entre las naciones y tampoco que mucho del desarrollo industrial de alguna de ellas tiene mucho que ver con su accionar fuera de fronteras, y con recursos naturales de ese origen, eso no tiene otra definición que la de imperialismo, pero lo que cambió es el gobierno del mundo. Lo cual entorpece la búsqueda del enemigo sino comprendemos el cambio y seguimos aplicando anteriores esquemas.

Ejemplos como el del imperialismo inglés y toda su red de influencia, económica, cultural, etc. etc., es innegable.

Ahora la vida es un poco más compleja, y así como es por lo menos irracional no comprobar la intervención criminal de los servicios de EE.UU. en Venezuela, también lo es resumir la realidad en sólo la denuncia del hecho y no ver lo que objetivamente está pasando y las dificultades de esa sociedad no solo para repeler la injerencia yanqui sino para organizarse socialmente.

Es cierto Cuba pudo hacerlo y con mil sacrificios, que aún perduran. Hoy es vanguardia en el mundo en muchos aspectos de la vida humana, pero existía la Unión Soviética y el capitalismo de Estado aún no conocía el derrumbe que luego sobrevendría.

Existía todo un desarrollo que explicaba a contrapelo de lo que su momento habían analizado Marx, Engels, Lenin, los más destacados, y que hablaban de esa experiencia como la del socialismo realmente existente. Si existían análisis profundamente críticos que advertían que eso no era socialismo sino una construcción que pretendía ser alternativa y competir con el capitalismo «realmente» existente.

Ahora pretender ignorar lo que ello significaba y que muchos avances sociales se dieron en el marco de esa confrontación, no es correcto. Es ignorar las alternativas de la propia lucha de clases que no se desplazan en línea recta sino sinuosa.

Otra cosa hubiera sido teorizar que ese sistema estatista podía superar al propio sistema capitalista expandido a todo el planeta, con esta realidad actual de EE.UU. y China.

Lo nuevo que hay que comprender y es una lección para los venezolanos, es que los cambios en el mundo son de tal magnitud que hoy el centro del capitalismo mundial está pasando a ser China gobernada por un Partido Comunista, liderando además el libre comercio en el mundo, mientras EE.UU. amuralla su economía.

Sin embargo el cambio no es fácilmente asimilable. ¿Cuántos partidos Comunistas en el mundo, y cuantos partidos que se reclaman de izquierda, siguen elaborando propuestas donde el centro es el aparato productivo estatizado o la idea de líneas de producción propios o de agregados de valor libremente determinados? Y que cuando tienen dificultades sin resolver acuden a la imagen de que el obstáculo viene por el lado de la existencia del Imperialismo. Pero una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa. La diferencia en el potencial económico de los países existe, no se puede ignorar. EE.UU. hoy puede amurallar su economía y crecer un 3,5% en su PBI. Incluso Trump puede pensar en su reelección. Y a la vez dar alce a la industria de guerra, para el respiro de esa economía, comandando agresiones de todo tipo en el mundo. Pero no lo puede hacer Uruguay, no lo puede hacer Venezuela, pero tampoco España, y ni siquiera ya Inglaterra.

Tampoco lo puede hacer Argentina, aunque la Dra. Cristina Fernández hable en la presentación de su libro de que el gobierno argentino debería tomar como ejemplo la política proteccionista de EE.UU.

Trump puede pensar hoy lo importante que es que a los demás países no se les ocurra utilizar al dólar como su moneda porque ello haría imposible a EE.UU. cerrar sus fronteras. Y hoy especula con una producción propia sin la competencia del mercado mundial, pero ¿cuánto puede durar esto?

Este es además un debate a dar fundamental, el de la moneda, –es una materia pendiente en los cursos de economía– pues incluso se habla de la vuelta al patrón oro, como si fuera posible retrotraerse en el tiempo y volver a convertir el oro en una mercancía privilegiada para el intercambio de las otras mercancías. Es claro que lo que en última instancia marca el valor monetario es el valor real de la producción que es el que pueden determinar los que están en el centro de su realización y que hoy especulan con los paraísos fiscales y la acumulación trágica de millones y millones de valores en distintas monedas, aún las digitales, que no pueden ser aplicadas con rendimiento y rentabilidad en la organización de la producción actual. ¿Es que alguien ha podido descubrir otro árbitro para determinar los valores de la moneda?

Hemos oído hablar en distintas ocasiones en que se reivindica la producción en un determinado país del valor de una matriz productiva nacional, de agregar valor a las distintas líneas de la producción. Todo ello es loable pero debe tener en cuenta el desarrollo productivo a nivel mundial que barre con todas las barreras nacionales que lo puedan obstaculizar.

Una realidad económica a observar para comprobar esto que estamos exponiendo es la actual de EE.UU. y las presiones que comienzan a señalarse en el plano interno.

El problema es que no barra con las necesidades de la gente y precisamente para eso que debemos darnos un programa que transforme esta realidad donde las inversiones productivas son tales sólo sin son rentables y redituables dentro de la predominancia del marco capitalista.

A eso es que debe apuntar el programa que reivindique medir los hechos económicos de igual manera en todo el planeta: una sola medida monetaria universal. Que los recursos que la sociedad en su conjunto necesita para la salud, la enseñanza, la vivienda, también para organizar el trabajo –nadie debería no aportar su esfuerzo a las necesidades propias y de la sociedad– deben provenir de un sistema impositivo basado en la circulación del dinero dando muerte a los paraísos fiscales, y a los impuestos al consumo, al trabajo y a las jubilaciones y pensiones. Ninguna operación con dinero puede ser legal sin estar debidamente registrada donde la sociedad lo determine.

Establecer entonces los organismos universales que puedan planificar en el marco de la mayor expresión democrática los planes para que todo el mundo tenga trabajo y aporte su esfuerzo a la sociedad en el marco de planes de construcción de ciudades autosustentables y extendidas en jardines terrenales. ¿Es solo un sueño? No, hoy ya es posible, hay que construir la voluntad política para hacerlo.

O es que hoy por ejemplo se deja contaminar a la Naturaleza porque es un problema de dejadez de los seres humanos: ¡¡¡no!!!, se deja contaminar porque las inversiones en ese plano no le son rentables al capitalismo. No es un problema del ser humano en sí, es un problema por la existencia de la predominancia de un modo de producción que necesita morir en paz e iniciar el transito a uno superior.

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo, 9 de Mayo de 2019.

Chalecos Amarillos (II).

Chalecos Amarillos (II).

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

Convengamos en que no es fácil entender el mundo actual. Un mundo con el líder del capitalismo, Donald Trump, aferrado al proteccionismo y poniendo trabas al libre comercio y por otro al país que comanda el actual desarrollo capitalista gobernado por un Partido Comunista y propiciando el libre comercio.

Lo que no cambia por otra parte es la OEA, consecuente, defendiendo la «democracia» de acuerdo a los planes del Comando Sur del Ejército de EE.UU. Sin embargo tenemos a la reserva Federal (privada) de los EE.UU. emitiendo dólares y a China teniendo la mayor reserva de ellos (dólares) mientras se condena a los pueblos al sometimiento de las dobles monedas en que la especulación monetaria campea contra la gente.

Es la distancia que hay entre Macri y Macron; Macri es parte del manejo de las diferencias cambiarias provocando una baja generalizada de salarios y pensiones (lo que en el lenguaje de los economistas se llama «ajuste»), a la vez que con el manejo de las tarifas intenta en un mercado mundial cada vez más complicado la competitividad de sus colegas burgueses e inversores en el país (los que hubo antes, ahora ya no vienen).

Macron atado al EURO, (eso que la izquierda europea no termina de entender, cultivando la leyenda de lo que se puede hacer con una moneda propia cuando la producción del mundo ha cambiado radicalmente), y entonces le queda para el equilibrio el manejo de las tarifas, desafiando lo que ello provoca: una conmoción social que está latente por el constante desequilibrio que la gente siente que sufre su economía personal y nacional.

Nunca antes en la historia un modo de producción se desarrolló tanto y a la vez agotó al extremo sus desequilibrios como lo hace el capitalismo en la actualidad. Lo que el Dr. Mario Bergara (pre candidato a la Presidencia de la República en nuestro país) denomina «las incertidumbres».

¿Por qué surgen los chalecos amarillos? Una primera respuesta: porque la izquierda no tiene programa para abordar esta etapa de la historia, y sus cartas son sólo la protesta y la resistencia. Claro está que la derecha también sólo puede ofrecer la guerra, el fascismo, soluciones, salidas, ninguna. No es la misma situación que al finalizar la segunda guerra mundial en que el nacimiento del neoliberalismo abría un margen de desarrollo que es lo que hoy predomina y está culminando en la economía mundial. Chalecos amarillos sin definición ideológica ejercen la protesta y la resistencia a las medidas gubernamentales, encuentran un eco social inorgánico.

Antes se decía: «una sola chispa puede encender toda la pradera», el combustible ideológico estaba dado por la necesidad de la universalización de derechos y de dos revoluciones, la francesa y la rusa que si lo tenían.

El actual índice de crecimiento universal de la economía, que es lo que le permite al capitalismo seguir viviendo, tiene su centro en China, y al propio crecimiento de ese capitalismo «nacional» con el que mantiene la respiración Trump tiene ahí su explicación pero también sus límites.

¿Qué pasaba entonces al finalizar la segunda guerra mundial?: se planificaban los organismos multinacionales que reglaban la conducta del desarrollo capitalista teniendo como marco al planeta todo y en competencia con lo que era el resultado en la izquierda de la derrota de Lenin en 1924, con la construcción de economías estatizadas y pensando en un mundo organizado de igual manera, que esa es la herencia del stalinismo. Y vaya si duró: más de 70 años. China, Cuba, Vietnam, actualmente ya son parte de otra realidad.

Se nos podrá decir que en el medio vivían y viven corrientes de los más diversos orígenes que planificaban desarrollos que no entran dentro de esto que clasificamos y es verdad, pero también es verdad que la perspectiva de esos desarrollos estuvo y está condicionada al marco de regulaciones de los organismos financieros multinacionales que predominaban y predominan.

Hoy en Europa, si hay algo que une a partes importantes de la derecha y de la izquierda es «el sueño de una moneda propia», ahora una vez que se tomó el camino del Euro, se puede ir a más pero no a menos. Se puede exigir que el mundo mida la actividad económica con una misma medida universal, pero no se puede pensar en que cada cual mida como quiera. Si una vez hubo espacio económico para poder hacerlo, construir planes propios de desarrollo económico, hoy ya no lo hay, cualquier mercancía reúne condicionantes materiales y técnicas que son ecuménicas.

Tanto es así que hoy el éxito del amurallamiento de la economía que conduce Trump está dependiendo directamente de que no se dolaricen las economías que rodean a EE.UU. Nos referimos a que la gente común y los empresarios midan y operen en una misma moneda.

Macron ha cedido, pero esto está siendo medido por el FMI, como antes pasó en Grecia, en España… y tiene en el corto plazo sólo una posibilidad: el permitirle a Francia un mayor endeudamiento, que es además lo que está sucediendo con cada una de las unidades nacionales que componen la realidad de la economía universal.

El profesor Atilio Borón recopilaba en una nota en Página 12 de Argentina, los antecedentes franceses en las luchas sociales. El socialismo francés es reconocido como una de las partes integrantes fundamentales del pensamiento de Carlos Marx, y un aporte esencial en las conquistas que la humanidad ha ido reivindicando a lo largo del tiempo.

Por lo tanto es una expresión que se da de esta manera, no sólo por la carencia de un programa para avanzar sino porque es la sociedad toda que siente que ha llegado a los límites en los cuales es necesario hacer pesar los sentimientos humanos que dieron base y fundamento a la toma de la Bastilla en 1789.

Sin embargo y el manejo de los números puede prestarse para cualquier cosa. Se nos dice que el número de manifestantes es muy menor al nivel de las adhesiones que el movimiento tiene en el conjunto de la sociedad.

Tal vez por aquello de que no hay acción revolucionaria sin teoría revolucionaria. Aún cuando los tiempos de cada una de estas acciones se retroalimentan, hacen a los episodios de la vida. Ahora el topo (del que hablaba Marx) trabaja en miles, millones de jóvenes que la realidad desafiante los enfrenta con los conocimientos que como nunca antes están al alcance de su computadora.

Es entonces lícito pensar que en algún momento todo ese bagaje de conocimientos que la humanidad reúne y hoy no consigue aún recopilar, lo sintetice en un programa, organizando la voluntad política para aplicarlo, que logre al fin el poder hacerlo.

Precisemos, una vez más. No estamos hablando del fin del capitalismo, estamos hablando del fin, si, de su predominancia. Capitalismo como modo de producción seguramente habrá por mucho tiempo aún. Lo que debe finalizar es su predominancia, la cual hay que procurar que muera en paz. Para ello dos herramientas: medir la actividad económica con una misma unidad monetaria, y hacer que la sociedad disponga de fondos para sus necesidades: salud, educación, vivienda, trabajo, previsión social, a través de que los impuestos se apliquen primordialmente sobre la circulación del dinero, dando muerte a los paraísos fiscales y aplicando esos fondos con rentabilidad y eficiencia a través de los organismos que la propia sociedad democráticamente determine o construya nuevos con ese fin y apuntando a la desburocratización estatal de la misma.

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo, 18 de Diciembre de 2018.

Educar, educar, educar…

Educar, educar, educar

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

Luís Fernández (coincidimos en nuestras columnas de Uypress) me envía un interesante comentario que comparte con varios amigos, preocupado por el tema educativo:

Esto no es un comentario de política local o regional.

Surge de un hecho personal, pero demasiado real para mí que lo viví.

Como esto lo dirijo a mucha gente, a alguna de las cuales no conozco personalmente, debo contextualizar algunas cosas.

Comencé a dar clases particulares de Matemática, Física y Química en 1974 y sigo hasta hoy en día.

Hasta junio de 1973 fui estudiante de la Facultad de Química en Uruguay y esto me dio las bases para poder transmitir algunos conocimientos.

En 2013 me titulé de Profesor de Física. Desde 2012 al 2016 trabajé en la enseñanza pública. Fue el único lapso donde no di clases particulares. En España no reconocen el título de Uruguay y he vuelto a las «particulares» desde esa fecha, en Canarias.

Imaginaos la cantidad de cabecitas y de vínculos pedagógicos que experimenté en todo este tiempo. Naturalmente conocí estudiantes muy variados. A grosso modo podría clasificar a todos esos estudiantes en 4 categorías.

  1. Los que teniendo nivel de entendimiento aceptable no estudian porque no les interesa y/o les motivan otras cosas. Son los padres los que buscan la ayuda extra. Estos casos fueron siempre, la inmensa mayoría.

  2. Los que se esfuerzan por avanzar pero por algún motivo, faltas, o mala relación con su docente, u otros alumnos interfieren en el clima de la clase y no aciertan a prestarle la debida atención. Todavía son pocos, van en aumento.

  3. Los que por motivos varios están en un nivel para el que no están capacitados o darán una prueba que nunca prepararon. Estos se esfuerzan por aprender.

  4. Aquellos que tienen dificultades para el aprendizaje, que ya pasaron por otro tipo de profesionales. Son un porcentaje muy escaso.

Bien, en estos 44 años he tenido también muchos alumnos que volvieron conmigo en una segunda instancia.

O porque pasaron al año siguiente o porque aprobaron una materia y ahora buscan aprobar otra, o porque perdieron la materia, consideran que es por responsabilidad de ellos y vuelven por la «revancha».

Este último párrafo es la clave de todo este texto. En esa segunda instancia, muchas veces (casi siempre) debemos «recordar» o «recuperar», información básica perteneciente a cursos anteriores.

En España y el resto de Europa, el año escolar está desfasado 6 meses con A.L. Allí los cursos empiezan en marzo y terminan en Noviembre / Diciembre y acá empiezan en Setiembre y terminan en Junio / Julio del otro año.

Pues ahora en setiembre han vuelto a mis clases muchos de mis alumnos del curso pasado, luego de las vacaciones de verano de Julio y Agosto.

Cuando retomo las clases, observo que los que estuvieron todas las vacaciones sin venir no se acuerdan de casi nada.

Esto pasa siempre con algunos, pero esta vez es el 100%.

¡¡Algunos, estando en 3º o 4º de Liceo, no recuerdan operaciones elementales de la escuela!!

Por si esto fuera poco. Ningún alumno ha empezado en sus cursos regulares con temas de su año. Todos los docentes de ciencia llevan casi un mes «repasando» lo que dieron ellos u otros en el curso anterior.

Cuando un alumno me contó lo que estaban dando, me dije: «Siempre hay algún profe que no hace su trabajo». Pero luego advertí que es unánime. Seguramente hay como un acuerdo entre los docentes de «reordenar las ideas, para luego poder dar parte del curso en condiciones aceptables». Digo parte del curso, porque esto implica necesariamente restar tiempo para otros temas de los que tiene cada programa.

Es muy probable que al 98% a los que les envió esto, en 1 hora o en 1 día no lo recuerden más. Siempre hay otros motivos de atención: Elecciones en Brasil o las próximas de Argentina y de Uruguay… por ejemplo.

Pero igual digo: «Se está preparando a las futuras generaciones para que pongan la mente y sus deseos no ya en temas de carácter social, sino ni siquiera en desarrollarse como individuos».

A ver; no existe otro plan «Atlanta» donde un grupo haya decidido estas cosas; creo que NO. Además los temas de «pantallas» se retroalimentan con «opiniones» acordes de usuarios.

Por tanto todos aquellos que tengan cerca a jóvenes familiares o amigos, ¡No los dejen solos frente a las pantallas, dialoguen, no importa el tema háganlos pensar por sí mismos! De afuera de las casas y de las Instituciones se los está preparando para títeres mediocres. Ese puñado de grandes empresas que dirige el mundo, no necesita inteligentes que piensen por sí mismos. Los inteligentes a su servicio ya saben cómo obtenerlos.

Mi comentario:

En varios editoriales del The New York Times, escritos por Paul Krugman quien fuera premio Nobel de Economía, referidos a la educación, hace un diagnostico bastante similar.

Salvo que Krugman relaciona esto, la crisis de la educación a la crisis en la calidad del trabajo, y aún cuando no extrae conclusiones más completas coincido en que ese es el problema.

Ahora llegar a la conclusión de que la crisis en la calidad del trabajo está directamente relacionada con el interés de quienes organizan el trabajo y que esto a su vez está relacionado con el constante agostamiento de la tasa de ganancia, parecería caer por su peso.

Alguien me podría decir y como carajo hacen desde los Estados para cambiar esta realidad, a lo que habría que responder que pueden atenuarla pero la tendencia sólo se puede cambiar a nivel ecuménico, al menos para los Estados, que ya son la inmensa mayoría, que no están en el centro privilegiado actual del desarrollo del modo de producción predominante.

«No se puede», diría la canción de Alfredo Zitarrosa, a lo que deberíamos responder «si se puede». Es simple, sencillo, si somos capaces de abandonar los proyectos de sociedad confrontativos que ahondan la grieta social y nos ponemos con esos mismos medios que hoy se utilizan para la desconcentración intelectual a buscar medidas que hagan posible una transición en paz, porque lo del plan Atlanta como en su época el plan Cóndor no son ninguna fantasía si no el resultado de quienes se preparan no para la transición sino para la confrontación, y sería hasta estúpido negarlo, como hoy se niega amparado en los errores y horrores de los gobiernos autodenominados progresistas.

«Ese puñado de grandes empresas que dirige el mundo, no necesita inteligentes que piensen por sí mismos. Los inteligentes a su servicio ya saben cómo obtenerlos».

Precisamente nuestra tarea, con la aplicación del método que en sus textos nos dejaron los grandes maestros, es impulsar a que las masas piensen por sí mismas y de la cultura de la confrontación pasemos a la cultura de construir la transición que hoy tiene en su base dos herramientas necesarias: la moneda y los impuestos.

Tanto es así que la cultura que nos imponen, primero que nada nos plantea el de quién son las cosas y en eso las capitalistas aún en plena crisis (veamos lo que sucede hoy en la Argentina, en Brasil…) son categóricos, «no me toquen el derecho de propiedad», cuando nos deberíamos plantear el cómo funcionan, porque es en definitiva esto lo que va determinar no solo la viabilidad de la humanidad sino como va a ser el futuro de la propiedad de las cosas en los años,… siglos venideros, si es que ello es importante para las futuras generaciones y su desarrollo.

Nota:

Mientras escribíamos lo que antecede sucede la primera vuelta en las elecciones presidenciales en Brasil, que arrojaron un resultado aparentemente sorprendente, lo que no hacen más que reafirmar lo que escribíamos anteriormente y mereció un comentario nuestro en Facebook:

«No nos equivoquemos por favor estudiemos. El modo de producción capitalista predomina en todo el mundo, y está llegando a sus límites en medio de una crisis irreversible. No se puede pensar una solución a la crisis con cabeza estadual, no hay soluciones estaduales. En toda Latino América las burguesías creyeron en un periodo de desarrollo e inclinaron el fiel de la balanza a la izquierda, hasta que sintieron miedo por sus privilegios ante la crisis. ¿O es que la corrupción nació con la izquierda? Pero se enredó y se dejó enredar con ella. La gran carencia es que nuestras izquierdas no han salido aún de los desarrollos estatistas y se resisten a pensar con cabeza abierta al mundo como si lo hizo Mujica en la ONU (setiembre 2013) y luego retrocedió».

Además sabemos que la abstención fue del 20% de los habilitados para votar, a lo que hay que sumar los votos anulados y en blanco.

Leo además lo que en estas columnas de Uypress escribe la profesora Adriana Marrero sobre la actual realidad de Brasil, que es muy clara y grafica en expresar como la crisis del modo de producción que predomina en el mundo da y quita oportunidades aún en estas circunstancias. Pero con el peligro siempre latente que es la extensión de la guerra, que eso es en definitiva el fascismo; hoy los bandos no tienen la definición de los colores de las banderas nacionales, aunque aún los utilizan en su oportunismo.

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo, 10 de Octubre de 2018.

Enlace del artículo original en castellano:

http://www.uypress.net/auc.aspx?90702

Universidad, corrupción y política, por Carlos Barros.

Universidad, corrupción y política.

El Mundo. Lunes, 24 de Septiembre de 2018. 01h39’.

A fondo.

Carlos Barros.

Carlos Barros es director fundador de la Red Académica Internacional Historia a Debate.

Enlace del artículo original en castellano:

https://www.elmundo.es/opinion/2018/09/24/5ba79111468aebe06f8b464a.html

¿Por qué a la centroizquierda no le preocupa el imperialismo?, por Gabriel Delacoste.

La noción de imperialismo: vigencia y debates.

Lunes, 3 de septiembre de 2018 | Escribe: Gabriel Delacoste en Dínamo

El concepto de imperialismo es central para los principios, valores y definiciones de la izquierda. Movimientos y partidos de izquierda en distintas partes del mundo, entre ellos el Frente Amplio, se definen como «antiimperialistas». ¿Cuál es la vigencia y pertinencia de esta definición? ¿Qué aspectos del concepto se mantienen y cuáles han cambiado en las últimas décadas? Esta será la discusión de Dínamo este mes.


¿Por qué a la centroizquierda no le preocupa el imperialismo?

La palabra «imperialismo» no suele generar reacciones muy fuertes, aunque sí muy predecibles. En el mejor de los casos, es ignorada como un saludo a la bandera, y las más de las veces es recibida como una muestra de ingenuidad, de vejez o de dogmatismo. Se asume que el uso de esa palabra es solamente una muestra de adhesión tribal. Decir «competitividad» es científico, riguroso, responsable; decir «imperialismo» es ideológico, sesentista, panfletario.

Esta observación puede sonar increíble para los que sostienen que existe una hegemonía cultural de izquierda, pero lo cierto es que en las discusiones sobre el imperialismo, tanto en la izquierda como en las ciencias sociales, en la medida en que las hay, se suelen escuchar frases que parecen citas textuales del «manual del perfecto idiota latinoamericano». La globalización y el capitalismo son tomados como dados para, por lo menos, la mayoría de la centroizquierda.

En esta columna quisiera proponer la idea de que la izquierda, y de hecho también los diferentes «centros» (liberales y progresistas, y los que se dicen socialdemócratas), deberían dudar de la ridiculización noventosa de palabras (y conceptos) como «imperialismo» y empezar a plantearse seriamente preguntas sobre el rol de las potencias y del capital transnacional en la región como problema político de primer orden.

Si uno se pone a pensar, es verdaderamente insólito que estas discusiones ya no ocurran, después de las guerras de Irak, Libia y Siria, después de los drones del ex presidente estadounidense Barack Obama, después de que la «troika» aplastó a Grecia como a una cucaracha por intentar moderar el ajuste, después de que se destapó que el gobierno de Estados Unidos tiene acceso a todas las comunicaciones de todas las personas del mundo por intermedio de las multinacionales estadounidenses de la información. Más aun si pensamos en la forma en que las potencias y las multinacionales exigen tratados de libre comercio y de inversiones en los que las controversias se definen en tribunales fuera de la soberanía de los países y que imponen reglas de propiedad intelectual que solidifican las brechas tecnológicas. O si tenemos en cuenta que las grandes empresas se hacen crear zonas francas alrededor de sus perímetros y exigen que el Estado cree legislación e infraestructuras «ad hoc» para recibirlas. O si nos preocupa mínimamente la destrucción medioambiental a escala mundial, consecuencia, en buena medida, de la industria petrolera (a la que corremos el riesgo de subordinarnos si tienen éxito las prospecciones en nuestro territorio) y los ejércitos que la apoyan.

También si estudiamos la formación de las tecnocracias, la circulación de los intelectuales, el financiamiento de los «think-tanks» por parte de las potencias. Y también el ascenso de las ultraderechas, así como las redes transnacionales que lo sustentan, que tienen como centro a Estados Unidos. Basta pensar en las iglesias llamadas neopentecostales o en redes como la Red Atlas. El dominio de las potencias sobre la ciencia, la tecnología y la cultura de masas y las redes sociales es un fenómeno muy real, y basta detenerse a pensar unos minutos para darse cuenta de la gravedad que esto puede tener si se desea hacer cosas que no estén siempre alineadas con las potencias y el capital transnacional.

Sobre todo si tenemos en cuenta las intensas y permanentes intervenciones de Estados Unidos en esta región, abiertamente y en secreto (comprobadas cada vez que se desclasifican documentos), económica y políticamente, con presiones y con violencia, pero siempre a favor de los intereses de las clases dominantes, de la apertura de la economía y contra la izquierda, apoyando dictaduras cuando le son útiles y a la democracia cuando ya no, o cuando le sirve de excusa para intervenir.

Esto que estoy diciendo fue dicho miles de veces, y seguramente, si algún centrista sigue leyendo, a esta altura ya está perdiendo la paciencia con este desfile de obviedades. Pero si es tan obvio, ¿por qué la discusión sobre estos asuntos sigue recibiendo impaciencia y ridículo? Que estas reacciones provengan de la derecha es comprensible, pero no debería serlo que lleguen desde los que no están lejos de ser compañeros de la izquierda y que quizá alguna vez aspirarían a cobrarles algún impuesto a las grandes inversiones, a lograr algún grado de desarrollo tecnológico o a tener algún grado de autonomía política. Es decir, incluso un programa democrático y desarrollista de mínima debería preocuparse un poco más por la cuestión imperial, como bien lo hicieron muchos desarrollistas y los dependentistas (permítaseme decirlo) de los años 60, sobre quienes cayeron, primero, la censura y la represión, y luego, la ridiculización por parte de libros como el «perfecto idiota» y sus repetidores (no es un dato menor el hecho de que Mario Vargas Llosa, prologuista de ese libro, forme parte de la Sociedad de Mont Pelerin, principal agrupamiento del neoliberalismo global, estudiado por el historiador de las ideas estadounidense Philip Mirowsky).

Remarco que se trata de una ridiculización y de ataques, y no de argumentaciones. A veces pareciera que decir «te quedaste en los 60» fuera suficiente para cerrar una discusión sin tomarse el trabajo ni de pensar si efectivamente quien menciona al imperialismo está pensando como algún autor de los 60, ni de cuestionarse si no habrá algunas cosas que ocurrían en los 60 (o en los 50, o en el siglo XIX) que siguen ocurriendo.

Este tipo de no-discusiones tiene un claro aire de época. Emana de un sentido común que se formó entre los 80 y los 90, acompañando el triunfo de Estados Unidos (y del capital) en la Guerra Fría. En esos años, se desplegó una narración liberal-conservadora, liderada por autores como Samuel Huntington (que por cierto, trabajó para el National Security Council de Estados Unidos), según la cual lo que había ocurrido era una «ola de democratización», al mismo tiempo que desplegó otra narración, neoliberal, según la cual estaba sucediendo un proceso de globalización que no sólo era positivo, sino que además era inevitable.

Claro que mientras sucedía esto las izquierdas eran derrotadas en toda regla, en buena medida por sus propios errores, pero también por acertadas estrategias capitalistas e imperiales. Se recuerda mucho la caída del muro de Berlín, especialmente entre quienes después se convertirían en arrepentidos profesionales, pero no tanto que, más o menos en los mismos años, se estaban quebrando también la socialdemocracia europea (piénsese en la «vuelta en U» de François Mitterrand en Francia, en los pactos de Felipe González con la «casta» en España, en la «tercera vía» de Tony Blair en Inglaterra) y el Movimiento de los No Alineados (en manos de la «crisis de la deuda», comandada por actores imperiales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial). Mientras tanto, aquí operaban para la transición democrático-neoliberal «centristas» como Julio María Sanguinetti y Enrique Iglesias, asiduos participantes del Diálogo Interamericano, gran espacio de intercambio entre élites latinoamericanas y estadounidenses, documentado ampliamente por la investigadora uruguayo-mexicana Beatriz Stolowicz.

El neoliberalismo se hizo entonces tan hegemónico que buena parte de los que hasta entonces fueron de izquierda (ex comunistas, ex socialdemócratas, ex desarrollistas) adoptaron como propia, primero como concesiones pragmáticas y luego como convencimientos ideológicos, buena parte de los postulados neoliberales (recordemos que, como dice David Harvey, «neoliberalismo» es una forma de llamar a la ofensiva imperial-capitalista que se inicia en la década de 1970).

Cabría preguntarse si estos anti-antiimperialistas de centro niegan la existencia del imperialismo, o si sostienen que el imperialismo existió pero no existe más, o si existe pero no es relevante para analizar la política a nuestra escala, o si importa pero no puede ser derrotado. O, quizá, que muchos de los desarrollos que mencioné antes en realidad son positivos porque implican una mayor eficiencia y posibilidades de crecimiento económico. A veces, estas ideas se confunden, y sería bueno que se aclararan, para que esta discusión pudiera encararse con menos eslóganes y más seriedad.

Si el imperialismo fuera un problema, habría que pensar en soluciones. Habría que pensar en cómo la idea de «competitividad» subordina a los países al capital, habría que buscar la forma de crear coaliciones sur-sur, habría que evaluar la posibilidad de deshacer los compromisos asumidos que nos atan a un sistema que beneficia a otros, y de no asumir nuevos. Habría que pensar en qué medida la integración regional podría ayudar a superar los límites que impone el tamaño de nuestra economía (lo que implicaría revisar por qué viene fracasando), en la posibilidad de acciones políticas (y sindicales) transnacionales que permitieran enfrentar al capital y a las potencias en escalas que superen la nacional, o en la posibilidad de firmar tratados en los que los países se comprometan a no hacer «dumping» social o impositivo en la competencia. O quizá saquemos la conclusión de que el Estado contemporáneo está tan atado al capitalismo global que hay que darlo por perdido y pasar a otro tipo de estrategias de resistencia y construcción. O que, al contrario, es posible recuperar la soberanía, ya que si el régimen capitalista global fue en buena medida creado por los estados, son estos los que tienen que deshacerlo, como dicen los investigadores canadienses Leo Panitch y Sam Gindin. En todo caso, son discusiones que es necesario tener.

Necesitamos entender que nuestras «estrategias de desarrollo», que no piensan políticamente los problemas y toman al capital sólo como un factor de producción y a las potencias sólo como mercados a acceder, son activamente contraproducentes para resolver estos problemas, y que sus soluciones «pragmáticas» hipotecan el futuro de nuestra economía, nuestra democracia y nuestro medioambiente. Si los anti-antiimperialistas dicen que echarle la culpa de todo al imperio es no hacerse cargo, habría que preguntarles a ellos en qué medida se están haciendo cargo de los problemas aquí planteados.

Para dar esta discusión existe una abundante literatura, producida en buena medida en algunas de las universidades más prestigiosas del mundo (hablando de imperialismo, ubicadas mayormente en el norte). Aquí mencionamos algunos de sus autores: Philip Mirowsky, David Harvey, Leo Panitch, Sam Gindin y Beatriz Stolowicz tendrían que ser mucho más discutidos, junto con Michael Hardt, Antonio Negri, Giovanni Arrighi y otros.

Los aparentes cambios de orientación de Estados Unidos bajo el gobierno de Donald Trump, la crisis de las «economías emergentes» en Argentina y Turquía, el «apartheid» global que levanta muros entre las razas y los continentes, el ascenso de China, la conciliación de autoritarismos capitalistas en países como India o Brasil, la corrupción generalizada de las clases políticas (y de los empresarios que las corrompen), las revoluciones tecnológicas en manos de gigantes no especialmente benévolos como Google, Facebook y Bayer-Monsanto, y el desafío global de la crisis ambiental, nos presentan problemas urgentes, en los que el poder de las potencias capitalistas y del capital es ciertamente parte del problema y no de la solución.

Estos problemas tenemos que enfrentarlos con inteligencia y creatividad, mirando la información con la que contamos y consultando la historia, y no basándonos en dogmas ideológicos de hace 30 años (lo siento, centristas, ahora les toca a ustedes ponerse viejos) según los cuales el mundo avanza tranquilamente hacia una era de democracia de mercado o, si esta está en peligro, no es por la brutal desigualdad y la forma en que esta destruye la democracia, sino por malvados e irresponsables «populistas». La construcción de lo que enfrente esta situación está en pleno desarrollo, y cuanto antes dejemos de reproducir ideas que sirven a otros, antes vamos a poder pensar con nuestras propias cabezas.

Gabriel Delacoste es licenciado en Ciencia Política.

Enlace del artículo original en castellano:

https://ladiaria.com.uy/articulo/2018/9/por-que-a-la-centroizquierda-no-le-preocupa-el-imperialismo/

La cruz de los caminos.

La cruz de los caminos.

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

El feriante de mi barrio me comenta como va a encarar el cambio y los costos que le significa el traslado del mercado del cual se abastece y reflexiona sobre porque hay gente que siendo muy rica siempre quiere más.

Me dice de su incógnita por saber que han llegado al Uruguay, cubanos y venezolanos con una excelente preparación, buscando hacer dinero, pensando que en esos países se vive peor que en el nuestro. Se lamenta no haber seguido estudiando cómo le decían sus familiares que lo hiciera, aunque dadas estas circunstancias se cuestiona que el trabajo decente y esforzado esté dando hoy satisfacciones a la gente.

Esteban Valenti culmina una de sus notas con esta frase: «No los puedo convocar a nada, no tengo la autoridad, ni la fuerza y posiblemente ni siquiera las ganas, solo puedo compartir mis naufragios y mi tristeza» (Uypress, columna del 30‑5‑2018).

¿Qué tienen que ver una cosa con la otra?: que me sirven para explicar algo de lo que hoy está pasando en el mundo y de cuál es mi visión sobre ello.

Hay países en el mundo, donde la crisis aún no se expresa, hoy el motor del capitalismo, su centro, está en China y en los países de su entorno. ¿Paradoja?: el centro del desarrollo actual del capitalismo «gobernado» por un poderoso Partido Comunista.

Lo hemos explicado con claridad (suponemos) de que todas las revoluciones han ensanchado la base social del capitalismo, no podía ser de otra manera, han aumentado la capacidad de los «consumidores», lo que fue el Reino Unido, como base central del capitalismo, pasó luego a EE.UU. y hoy está pasando rápidamente a China. Los límites económicos «capitalistas» posibles del planeta están ahí.

El feriante proyecta y acomoda su vida a las vicisitudes que el mercado le plantea todos los días, su horizonte es cumplir con una tarea que le permite vivir, y aún así siente que algo no está marchando bien.

Esteban, en la lucha de clases, siempre ha levantado modelos para confrontar con los existentes –particularmente en estos últimos tiempos en el plano nacional y nos confiesa su fracaso y nos acerca sus reflexiones al menos contradictorias, pero válidas.

En las ciencias sociales, a diferencia de las otras ciencias, siempre es más difícil comprender que hay reglas que respetar hasta tanto la humanidad no esté en condiciones de superarlas. No es como en la física que quién intenta un modelo diferente al que establece la vigencia de la ley de la gravedad está destinado al fracaso, por ejemplo, claro si ello se lo quiere aplicar a la lógica en que se desenvuelve la naturaleza.

En las ciencias sociales tal vez cuesta entender que es el propio sistema económico predominante que en su necesidad de competencia estimula la existencia de modelos confrontativos, de corta vida (algunos han durado 70 años) y destinados al fracaso. Así intenta justificar su vigencia y su «atemporalidad».

Salir de esta lógica no es sencillo, más cuando en la izquierda ha predominado la que impuso la derrota de Lenin en 1924, derrota que la derecha por la propia dinámica de su pensamiento trató de utilizar para arrastrar a la condena a todo el trabajo ideológico de Marx y Engels.

Sin embargo la crisis y sus naufragios, hace que con más fuerza que nunca emerjan todas aquellas enseñanzas que sobre la sociedad y su desarrollo aún no han sido superadas.

Algunos ejemplos sencillos: los seres vivos, nacen, se desarrollan y mueren, los modo de producción también nacen, se desarrollan y mueren, aunque su dinámica tiene reglas propias, como por ejemplo de que ningún modo de producción abandona el escenario de la historia sin agotar todas sus posibilidades y que su superación no se produce por el choque de modelos sino que en el propio proceso de agotamiento y agostamiento surgen medidas que al tomarse señalan el nacimiento de un nuevo modo de producción superior.

En la izquierda predomina aún el estatismo que introdujo la derrota de Lenin en 1924 –siempre aclaramos que en casos puntuales y coyunturales el estatizar puede ser el único camino para preservar el aparato productivo, que fue lo que hizo la revolución rusa– y hasta ahora ha predominado la incapacidad para visualizar medidas universales que permitan entrar en la transición, como la moneda única y universal y un sistema impositivo basado en la circulación del dinero, dando muerte a los paraísos fiscales y a los sistemas impositivos basados en el consumo, el salario y las pensiones. De la rentabilidad como motor de capitalismo y de todo su sistema empresarial, a la rentabilidad en beneficio de la sociedad toda, administrada y controlada por los organismos que esta determine. Dar a la democracia el marco universal sobre las organizaciones existentes que hoy no tiene. Dar al trabajo su valor de beneficio para la sociedad y no para la rentabilidad de los capitales, que hace que hoy su crisis, su escasez afecte duramente a la composición orgánica del tejido social. El llamado fenómeno de la violencia en todas sus formas.

¿Serán las Naciones Unidas, será el Banco Mundial, será el Fondo Monetario Internacional?, no lo sé en concreto, si sé que deberán crearse instrumentos organizativos que permitan que lo mejor de la humanidad pese y decida en la organización democrática del desarrollo futuro.

Hoy la guerra que se extiende destruye pueblos y acorta los plazos de la convivencia, ¿qué puede hacer el mundo organizado para detenerla y proyectar una acción de reconstrucción humana en todo el planeta? Pues precisamente levantar de inmediato el programa de moneda única universal, y la provisión de recursos presupuestales para esta tarea a partir de los impuestos basados pura y exclusivamente sobre la circulación del dinero.

Cuando esto escribo sucede lo de España, cae Rajoy, líder –sin proponérselo– de la derecha que hace punta universal contra el gobierno de Maduro en Venezuela, victima –otra más, ahora en la derecha– de la corrupción o de lo que ella impone en las relaciones sociales actuales en que prevalecen los paraísos fiscales y los estudios jurídicos y contables encargados de la circulación «legal» del llamado dinero «sucio» del capitalismo real.

¿Podrá Pedro Sánchez emerger del descreimiento general y liderar una transformación que el mundo necesita y de la cual España solo es una parte? ¿Podremos ayudarlo a pensar con cabeza universal, cuando hoy lo que abundan son las estrecheces de las miradas regionales y de comarca? Somos de los que pensamos en que es posible y tratamos de ayudar a que lo sea, por aquello de: España bendita tierra, que nos tiene atragantados desde la derrota de la República.

Escrita esta nota Esteban Valenti recuerda en un nuevo análisis en Uypress estas dos frases de Carlos Marx, que bien valen para ejemplificar lo que analizamos:

«Si la burguesía «mantiene la injusticia en las relaciones de propiedad» políticamente, es decir, por medio del poder del Estado, no quiere decir que la cree. «La injusticia en las relaciones de propiedad» condicionada por la moderna división del trabajo, por la forma moderna del cambio, por la competencia, la concentración, etc. no brota ni mucho menos del poder político de la clase burguesa, sino que, por el contrario, es el poder político de clase burguesa el que brota de estas modernas relaciones de producción, que los economistas burgueses proclaman como leyes necesarias y eternas».

Y agrega «Por tanto, si el proletariado derroca el poder político de la burguesía, su victoria no pasaría de ser pasajera, sería solamente un cambio al servicio de la misma revolución burguesa, como lo fue en el año 1794, mientras la historia misma, en su desarrollo, en su «movimiento», no se encargue de crear las condiciones materiales que hagan necesaria la abolición del modo de producción burgués y, por tanto y a la par con ello, el derrocamiento definitivo del poder político de la burguesía». Lo escribió en 1847…

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo, 30 de mayo de 2018.

Sobre la moneda

Sobre la moneda.

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

Es nuestro propósito hacer una introducción al tema que permita desarrollos posteriores. No es un tema sencillo y partimos de posiciones diferentes, ahora lo importante es asumir el aprendizaje que tenemos que hacer entre todos.

Veamos primero esta nota de los compañeros del Centro de Estudios Joan Bardina:

Pequeña historia de la moneda.

Antes del 2.500 antes de Cristo existía en las ciudades del valle del Tigris y del Eufrates, en las del Indo y en las del Nilo un tipo de moneda muy especial.

Las gentes traían la parte sobrante de sus productos a los templos de las ciudades amuralladas. Allá los sacerdotes-contables abrían una cuenta corriente con fichas de barro a cada persona, ingresando sus productos en el almacén del templo y estableciendo una cantidad de dinero abstracto en función de las mercancías ingresadas.

Posteriormente, si estas mismas personas querían otro tipo de productos del templo, se hacía la transacción inversa.

Para cada intercambio, se establecía un documento, hecho de barro cocido, con el nombre del comprador, el del vendedor, la mercancía intercambiada y la cantidad de unidades monetarias utilizada. Es lo que llamamos «factura-cheque».

Para intercambios importantes y entre ciudades diferentes, se establecía un sistema de transporte garantizado, basado en las «bullae». En el carro del transportista había una bola de barro cocido en el interior de la cual había unas fichas que representaban los diferentes productos transportados. También había grabadas las fichas en la superficie de la bola. Al llegar a destino, se abría la bola y se comprobaba que su contenido coincidía con el del carro.

En aquella época se producía una pacificación creciente entre las diferentes ciudades, en parte debido a la inexpugnabilidad de las murallas, en parte debido a la prosperidad que suponía este sistema de intercambio citado.

La moneda era un instrumento abstracto que sólo tenía valor en función de una mercancía realmente existente. Cada intercambio comercial dejaba su rastro jurídico correspondiente, bajo la forma de tablas de barro.

Todo ello se vino abajo con la aparición de la moneda anónima de oro, plata, cobre y bronce. Este otro tipo de moneda, anónimo, concreto e independiente de las mercancías, permite con mucha más facilidad la corrupción y el soborno.

Con la aparición de la moneda anónima, en el 2.500 a. C., vino el advenimiento de la banca privada, auténtico «poder en la sombra». Y los funcionarios de los templos cambiaron su vocación y se dedicaron a inventarse las religiones.

A partir de este momento volvieron los imperialismos. Las inexpugnables murallas caían, no bajo los mazazos de unas entonces inexistentes catapultas y ballestas, sino bajo el soborno de los sitiadores a algunos de los guardianes. Posteriormente los traidores sobornados podían ser discretamente ejecutados y los ocupantes inventarían mitos como los del «Caballo de Troya» y las «Trompetas de Jericó».

El dinero anónimo seguiría su evolución, hasta convertirse en los modernos billetes de banco y talones anónimos al portador. Las distintas instituciones políticas creadas para que los ciudadanos se hagan la ilusión de ser protegidos por ellas sufren el acoso de los «poderes fácticos» que sobornan y corrompen políticos, técnicos y jueces.

Y ahora viene el momento de las propuestas económicas del Centro de Estudios Joan Bardina. Por nuestra parte, se trataría de volver a un sistema de intercambio no-anónimo y responsabilizador, como el de los antiguos templos, pero con el sistema tecnológico actual, utilizando de nuevo la «factura-cheque».

Para ello es necesario el establecimiento de una red telemática pública, de uso obligatorio para todos y gratuita. Y también una serie de garantías para evitar la concentración de poder que podría suponer el dominio de esta red.

Entre estas garantías proponemos una auténtica separación del ejecutivo, el legislativo y la justicia. La justicia, independiente del ejecutivo y del legislativo, debería tener un tanto por ciento fijo de los presupuestos generales del Estado asignados por mandato constitucional, y no contar con órganos como el «Consejo General del Poder Judicial», que existe en el Estado español y que pretende controlar la justicia desde los partidos políticos dominantes a través del ejecutivo y del legislativo.

Creemos que el control telemático de la población ya está siendo ejercido por la banca privada a través de sus redes. Nuestra propuesta, más que crear una red telemática nueva, tiende a poner orden a las ya existentes, haciendo que la información privada de cada persona esté a disposición de esta misma persona, y del juez solamente en caso de abrirse un proceso. La información estadística del conjunto del mercado debe quedar a disposición de todos sus miembros.

Un aspecto importante a tener en cuenta es que, con esta reforma, la comunidad ha de garantizar una renta mínima para todas las personas que no tienen un sistema de subsistencia, ya sea trabajo o pensión por cualquier motivo. Es lógico que, con este sistema, desaparezcan las indignas vías de subsistencia provenientes del mercado negro.

Para equilibrar el presupuesto, formulamos una hipótesis que, de verificarse, podría proporcionar esta renta básica o salario social sin tener que recurrir a gravosos sistemas de impuestos. Esta hipótesis está basada en la riqueza comunitaria que puede crearse dentro del mercado, riqueza comunitaria basada en los excedentes de producción y del dinero que se puede inventar para adquirirlos. Este dinero se repartiría entre los más desfavorecidos.

Agustí Chalaux de Subirà.

Brauli Tamarit Tamarit.

Ahora un comenario extraído del estudio de los Grundrisse de Marx:

(…) Darimón propone eliminar el dinero. Marx dice que es una propuesta inocente, el sistema capitalista exige de por sí una mercancía, en particular que sea un equivalente. Exige de por sí una mercancía privilegiada. En ese momento Marx lo que sostiene es que dado que dentro del sistema capitalista… de cambio, dada la separación que existe en la propiedad del dinero y la clara división del trabajo, en la actividad… o el producto de cada individuo está transformado en mercancía.

Es decir, debe adquirir una doble existencia, como valor de uso y como valor de cambio. El valor de uso es la cualidad material que tiene un objeto, de satisfacer una necesidad. El valor de cambio es la cualidad económica, que permite el intercambio entre los individuos. Dadas las diferencias cualitativas entre las mercancías, que no todas son intercambiables entre sí, debe existir entre ellas una igualdad, transformadas entre valor y el cambio para que se permita el intercambio.

Esa magnitud del valor de cambio.

Ahora, para poder igualar las mercancías, para que se permita el intercambio, entre los distintos valores de uso, debe hacer abstracción de una cualidad, que sea común a todas las mercancías. Esa cualidad en común que tienen todas las mercancías es que todas son producto de trabajo humano. O sea, la magnitud del valor de cambio, está determinado por los costos de producción, o sea tiempo de trabajo, socialmente necesario El dinero, es la expresión de ese valor de cambio.

Ahora, el valor de cambio no se expresa a través de cualquier mercancía, sino que existe una mercancía que, por sus propiedades, es la que mejor representa, en determinado momento histórico a las demás… es decir… como valor de cambio… esas propiedades tienen que ver con la durabilidad… o sea estamos hablando del oro y la plata… por su durabilidad difícil acceso… por distintas cualidades que la hacen la mercancía privilegiada.

Cuando el precio se realiza.

El oro y la plata, se transforman así en mercancía dineraria. Y como dinero, adquieren ciertas particularidades. El oro y la plata son las únicas mercancías, que son intercambiables por cualquier otra mercancía. Son las únicas que cumplen esas funciones. Y Marx determinó eso como la primera función del dinero. La primera función del dinero, es el dinero como medida de valor. Es lo que nosotros denominamos el precio de la mercancía.

Es una medida que es ideal, es potencialidad de ser. Se establece, especialmente, para establecer una igualdad, entre las distintas mercancías y poder intercambiarlas entre sí. Ahora, cuando la mercancía ingresa a la circulación, como parte del intercambio, ya estamos hablando de que el precio de la mercancía se realiza. Entonces ahí estamos hablando de la segunda función del dinero. Que es como medio de circulación.

Instrumento de circulación del capital.

Como medio de circulación el dinero lo que permite es la circulación de las distintas mercancías, con los valores de uso para que, justamente, se satisfagan las necesidades de los individuos. Ahora, esas dos funciones que hablamos, como medida de valor y como instrumento de circulación, no son solo propias del capitalismo –se daban en el feudalismo– lo que Marx denominó como «el intercambio simple…».

Es el sistema de compra y venta, que en el feudalismo se daba entre distintos pueblos, o al interior de un pueblo mismo, pero se limitaba al excedente de la producción. Estaba netamente dirigida al consumo. Esto no es lo que sucede en el capitalismo desarrollado y es cuando el capitalismo se desarrolla que está la tercer función del dinero que Marx denomina «el dinero como dinero…». O sea se comienza a hacer una retracción del dinero en la circulación.

Dinero como fin en sí mismo.

Empieza a ser acumulado… atesorado… es… ya se niega la segunda función del dinero que tiene que ver con el medio de circulación y empieza a ser el dinero como un fin en sí mismo. Se empieza a acumular como un fin en sí mismo. Ya la finalidad del no es el tener dinero para acceder a las mercancías, sino que ya es «tener dinero» y entonces, ahí tenemos al dinero como un fin en sí mismo. Ahora, Marx lo que sostiene es que la acumulación del dinero, es una condición necesaria para que el dinero se transforme en dinero.

Es una condición necesaria, pero aun no es suficiente. Nosotros, en esta oportunidad no vamos a extendernos en eso, porque no corresponde nuestra exposición al capítulo, para finalizar recordar el recorrido que hace Marx en este capítulo, que es fundamental… que comienza en el dinero y termina en el dinero. Es muy importante porque realiza un movimiento en espiral. O sea el vuelve al dinero pero dándole una visibilidad diferente…

Valor de cambio, la forma social.

Diciendo que… el poder que adquiere el dinero en el sistema capitalista es un poder que esta dado… que tiene su base… en el sistema de producción capitalista y teniendo como base el valor de cambio. Para terminar, nosotros pusimos unas citas que son muy explicativas al respecto… con eso terminaríamos la exposición… «en la misma proporción que los productores se convierten en dependientes del cambio, este parece devenir independiente de ellos.

Parece crecer el abismo entre producto como tal y producto como valor de cambio. El dinero no produce estas antítesis y contradicciones sino que el desarrollo y estas oposiciones y contradicciones produce, aparentemente, el poder trascendental del dinero.» La siguiente cita dice… «Así como es imposible eliminar complicaciones y contradicciones, derivadas de la existencia del dinero, junto a las mercancías particulares, transformando la forma del dinero.

Del mismo modo es imposible eliminar el dinero mientras el valor de cambio siga siendo la forma social de los productos. Es necesario entender, claramente, este punto, para no plantearse tareas imposibles y reconocer los límites, dentro de los cuales, las reformas monetarias y las transformaciones en el ámbito de la circulación puede reorganizar las relaciones de producción. Y las relaciones sociales que descansan sobre eso.»…

Así planteadas las cosas:

Se nos ocurre que deberíamos empezar porque no hay hoy en el mundo ninguna razón a no ser el egoísmo y los intereses particulares de las colectividades humanas para que con la moneda suceda lo mismo que con el kilo, el litro o el metro, y lleguemos a una unidad única y universal. Razón por la cual nada justifica que este sea un punto programático universal levantado por todas las organizaciones de la sociedad.

El segundo punto no es menos importante; caracterizando la crisis actual como la provocada por que el capitalismo está llegando a los límites de sus posibilidades de inversión con rentabilidad en tareas que sirvan al conjunto de la sociedad. Nos referimos a que la sociedad en sus organizaciones más representativas en el mundo debería disponer de recursos para realizar obras universales que hoy no le son rentables al capitalismo, con las cuales además atender la rehabilitación y el trabajo humano, con el aprendizaje, la salud y todos los medios para hacer en desarrollo placentera su vida. El sistema impositivo debería recaer enteramente sobre la circulación del dinero que para ser válida deberá hacer sus registros en los instrumentos que la sociedad determine, eliminando los impuestos al consumo, al trabajo, y a las pensiones, y a la vez dando en la práctica muerte a los paraísos fiscales.

¿En que radica la diferencia? Nosotros en sí sin ignorar el papel que los medios de pago han significado en la agilización de la economía compartimos con Marx que no se le puede dar un papel diferente al que nace de la propia actividad productiva, y es está la que se debe organizar de otra manera en la medida que este modo de producción en la predominancia organizativa de la sociedad está llegando a sus límites.

El capitalismo como sistema predominante ya no puede organizar el trabajo de todos, que si lo puede hacer la sociedad, a través de sus organizaciones más representativas y democráticas en la medida que tenga las herramientas para sustituir la predominancia del capitalismo. Una forma común de medir la actividad económica y recursos con los cuales planificar el futuro.

El tiempo urge para que en el mundo esta prédica se propague y vaya cerrando el constante y trágico aumento de la guerra y su industria siniestra.

Jorge Aniceto Molinari.
Paysandú, 4 de mayo de 2018.
Víspera de los 200 años del nacimiento de Carlos Marx.

Día internacional de la mujer.

Día internacional de la mujer.

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

Las sufragistas inglesas –Suffragettes– Annie Kenney y Christabel Pankhurst portando un cartel reivindicativo del sufragio femenino. Autor desconocido: http://www.hastingspress.co.uk/history/sufpix.htm, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=15154048En 1910, en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas reunida en Copenhague, se reiteró la demanda de sufragio universal para todas las mujeres y, a propuesta de Clara Zetkin, se proclamó el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. La propuesta de Zetkin fue respaldada unánimemente por la conferencia a la que asistían más de 100 mujeres procedentes de 17 países, entre ellas las tres primeras mujeres elegidas para el parlamento finés. El objetivo era promover la igualdad de derechos, incluyendo el sufragio para las mujeres. Además de Clara Zetkin hay que señalar los nombres de otras pioneras en la reivindicación de los derechos de las mujeres como Rosa Luxemburgo, Aleksandra Kolontái, Nadezhda Krúpskaya e Inessa Armand.

Recurrimos a la aguda memoria que nos presta hoy internet, para refrescar datos que no están suficientemente difundidos y son importantes, aunque la cita que transcribimos es limitada.

El origen es claro y contundente. La represión y el asesinato de obreras textiles, en EE.UU. Esto motiva para transformarlo en un mojón de luchas, también reconocidas, muchos años después por la ONU, y que llega nuestros días con renovada potencia. Fruto también de la acentuación de la crisis irreversible en la que ha entrado la predominancia del modo de producción capitalista.

¿Es la reivindicación de igualdad en los derechos suficiente?, está claro que no alcanza con eso, sin embargo el reconocimiento es muy importante como base de partida de las reivindicaciones.

No las colma, pues la desigualdad nace en la lucha de clases y en el uso que de ella hace el modo de producción capitalista en su objetivo de abaratar costos y ampliar mercados, cuyo límite material y natural es el Planeta.

La incorporación de la mujer al trabajo en las fábricas era para los empresarios capitalistas una de las formas de abaratar el trabajo asalariado.

Lo que no podía prever el burgués empresario es que iniciaba un proceso de transformaciones de las relaciones sociales que llega profundamente hasta nuestros días.

El trabajo de la mujer era «más barato» y por eso abusó de su uso, e incluso aplicó en él, las medidas represivas más repudiables en el capitalismo, como el asesinato que da nacimiento a esta fecha.

En el auge de la expansión capitalista, esto significó por la repercusión y significado de las luchas un progreso enorme en derechos sociales en toda la humanidad. Progreso desigual y combinado, que tiene puntos altos en las conquistas que en la materia se han logrado en los países desarrollados y puntos pendientes a reivindicar en muchas zonas del planeta.

En América el Uruguay ha sido pionero en la materia. Sería bueno, no lo vamos hacer en esta nota, repasar una reseña histórica de los hitos que se han marcado en este proceso.

En la actualidad la situación es otra. El capitalismo ha entrado en una crisis irreversible, y sus corrientes más estúpidas hablan de abaratar costos sociales y de preparar la represión y la guerra contra la sociedad en su conjunto y en particular contra los avances de los derechos de las mujeres trabajadoras.

Lo que nos preocupa es que el movimiento que felizmente va creciendo en todo el mundo tenga claro que los objetivos para ser logrados no basta con la igualdad de derechos del hombre y la mujer, –que es importante–, sino que es necesario preparar la transición para la muerte en paz de la predominancia del modo de producción capitalista.

Y esto no se logra en la confrontación de modelos sino en medidas de transición que hoy están alcance de toda la humanidad en la medida que exista la voluntad política de aplicarlas. Voluntad política que el movimiento de las mujeres en todo el mundo es prueba de que ella puede ser rápidamente construida.

Sin embargo como en el proceso de los Foros Sociales Mundiales, donde la bastedad del movimiento y lo difuso de la concreción programática ha hecho que no falten los elementos de provocación para impedir que ello se plasme.

La manifestación en Montevideo fue importante. Ha habido muchas importantes, como la del sepelio de Líber Arce en 19681. En aquella, la provocación tenía un objetivo, desviar la atención de la acción masiva a la protesta individual sin sentido. En este caso fue muy menor pero no por ello debe dejar de censurarse.

El antídoto como en aquel entonces es la capacidad para construir programa, y esto vale para el Uruguay como para España, por ejemplo, donde también las manifestaciones marcaron un hito en un contexto social que ya no logra equilibrios.

La desigualdad es una realidad que exige ser superada. Las movilizaciones hablan por sí solas de una alto nivel de consciencia, pero a la vez emergen en un mundo donde la crisis del capitalismo es ya irreversible, y los efectos de la guerra particularmente en y contra las mujeres se extienden y la llamada igualdad de géneros no es suficiente como reivindicación programática, sino que debe estar acompañada por la construcción de la voluntad política para terminar con los paraísos fiscales, para hacer que el sistema impositivo provea de los fondos que la sociedad necesita, incluso para la labrar la igual, de la circulación del dinero y no del consumo, los salarios y las pensiones como es la realidad actual.

¿Se tiene consciencia de esto?: en el ejemplo de 1968 (Líber Arce), estábamos ya sumergidos en un proceso en que comenzaban a instaurarse las llamadas dictaduras «cívico-militares». Hoy la situación es aún más grave, hay que parar la extensión de la guerra y ello supone la organización de la sociedad para desmantelar la industria que la impulsa. Ello exige medidas programáticas universales que el movimiento de las mujeres en el mundo está mostrando que son posibles.

No tenemos dudas de cuál debería ser el próximo paso: construir la voluntad política sobre la base de un programa que efectivamente pueda transformar esta realidad traumática de hoy. Ese programa ya existe y en la propia ONU se le ha esbozado.

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo. Domingo, 11 de marzo de 2018.

Nota:

1Estos hechos son paradigmáticos. Se cumplen 50 años y sobre ellos que nosotros conozcamos no ha habido una investigación exhaustiva que determine de donde surgió la orden del balazo que terminó con la vida de Líber Arce y de donde surgieron las ordenes para realizar los desmanes en el centro de Montevideo, que desviaran la atención luego de la impotente manifestación que acompañara el sepelio. Seguramente ya estaban trabajando los «servicios» para corromper a la policía y a las fuerzas armadas, que culminó con el golpe de Estado de junio del 1973 y la tragedia posterior cuyas secuelas aún vivimos.

Es la película que han tratado de repetir en Venezuela, con un marco distinto y con un panorama en el mundo donde frente a la crisis ya no pueden operar de la misma manera.

Se la llama: crisis catalana.

Se la llama: crisis catalana.

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

Por segunda vez en pocos días recurro a la buena tarea de difusión de textos para la reflexión y el debate, que hace Néstor, para aportar mis opiniones.

Viernes, 27 de octubre de 2017.

¿Cuán efímera será la república catalana?

Cataluña. Manifestación.Los medios de comunicación españoles, la mayoría de sus dirigentes políticos, insisten en sostener que la independencia catalana no se sostendrá más que unas pocas horas.

El desprecio a la voluntad de más de 2 millones de personas que el pasado primero de octubre votó por la independencia y la república, es evidente. Los independentistas son acusados de irresponsables como mínimo, y aseguran que la independencia no se concretará de ninguna manera.

Olvidan que en las últimas elecciones legislativas, votaron poco más de 4,3 millones de habilitados para votar, por lo que 2,1 millones que votaron por la república y la independencia el primero de octubre, en una consulta popular sin grandes garantías y con la intervención de la policía nacional que cerró centros de votación. Es una base importante y un reflejo de que no se trata de algunos desquiciados que emprendieron un camino sin perspectivas.

La votación por la independencia en el parlamento catalán fue por 70 votos en 82, después que 53 diputados de la oposición se retiraran de sala.

Los dirigentes del Partido Popular (derecha) acusan a los independentistas de «golpistas», «sediciosos» y que se debe aplicar todas las medidas necesarias para «restituir» la democracia y la legalidad.

Es probable que el aparato del Estado español intervenga en gobierno catalán, destituya al gobierno regional y el parlamento regional, y se produzcan muchas detenciones, sin embargo el entusiasmo popular que ha ido creciendo en las últimas semanas, está sembrando una semilla que no será fácil de evitar que algún día germine.

La única vez que Catalunya se constituyó en república, fue en el 6 de octubre de 1934 cuando toda España era una república. Pero los catalanes resisten a la familia real de los Borbón desde 1714, cuando la ciudad de Barcelona fue sitiada por un año, y tras su caída, cientos de resistentes fueron fusilados, toda la escasa autonomía catalana eliminada, y hasta el idioma prohibido. El rey español que ordenó entonces esas medidas, era Felipe V. El actual rey tomó su nombre al ser ungido, y se denominó Felipe VI.

Dos horas y media después de la declaración de independencia catalana, el consejo de ministros español comenzó a poner en práctica el artículo 155 de su Constitución que permite intervenir los gobiernos autónomos. El artículo nunca fue reglamentado y su aprobación por el Senado es un cheque en blanco para que el gobierno de Mariano Rajoy lo aplique según su criterio.

Por lo pronto ya trascendió que el consejo de ministros aprobó la destitución del presidente del gobierno autónomo catalán, Carles Puigdemont, y todos sus consejeros, y disolver el parlamento catalán. No está en claro de qué manera procederá a esa disolución.

En estos días también se han manifestado contra la independencia algunos importantes dirigentes de izquierda, y varios ex comunistas ortodoxos.

Argumentan que esa ideología propugna un mundo sin fronteras y que constituir nuevos Estados es contraproducente y no fortalece la lucha contra el neoliberalismo.

De hecho, los fundadores del marxismo, si bien anunciaban un mundo sin fronteras, no hablaban de un gobierno mundial único, sino más bien la acción de las comunidades para mantener las relaciones sociales. En un mundo ya gobernado por las potencias económicas con la concepción de que el capitalismo es el fin de la historia, quizás el «paso atrás» de volver a las comunidades, sea una respuesta provisoria para avanzar después a un mundo como soñaba John Lennon en «imagine».

Todavía este viernes en la noche, miles de personas festejan en las calles y los edificios públicos retiran las banderas de España y por ahora la sustituyen con la bandera de la Unión Europea, organismo que ha dicho que el único interlocutor es el gobierno de Madrid.

Ricardo.

Mi respuesta:

Jorge Aniceto Molinari.El centro de mi análisis está en la frase que me he permitido remarcar.

La economía mundial hoy está comandada por los conglomerados empresariales multinacionales con cabezas visibles en los grupos financieros, los estados mayores empresariales. A cargo de los Estados va quedando un cada vez más reducido espacio como resultado del agostamiento cada vez más pronunciado de la tasa general de ganancia y de los cada vez más duros enfrentamientos por su consecución.

Entonces las reivindicaciones de las nacionalidades que tienen una justificación histórica, desde el punto de vista económico pueden significar un cierto respiro, que en la práctica puede incluso resultar contraproducente por el miedo de los empresarios capitalistas en la inestabilidad política como se informa que está ocurriendo hoy en Catalunya.

Pero de ahí a concluir que el destino futuro de la humanidad está en el desarrollo autónomo de las comunidades en la realidad presente del capitalismo ya no es tan sencillo.

Por lo pronto el tema en su momento y teniendo en cuenta otra época fue analizado por Federico Engels, interviniendo directamente en una rica polémica ideológica con las corrientes anarquistas, con un texto: «sobre la autoridad», que tiende a mostrar que este modo de producción que hoy predomina en el mundo, necesita de comandos unificados para realizar la producción y que para superarlos sin producir una catástrofe en el aparato productivo de la humanidad, debe crear un mando superior, al que deben ser impuestas las normas democráticas con las que ha venido costosamente avanzando la humanidad.

Hemos insistido tozudamente en que para imponer esas pautas democráticas es necesario que haya una medida monetaria única y universal, y que se convenga también en forma ecuménica, de que los impuestos deben ser única y exclusivamente dirigidos hacia el movimiento del dinero, que aquello producido debe ser para atender en forma eficiente y rentable (sin costos burocráticos para el común de la gente) la salud, la enseñanza, la vivienda, y el trabajo de toda la gente, sin exclusiones, planificando obras universales que hoy ya resultan imprescindibles pero que a los inversores capitalistas no les resultan rentables, que para la humanidad significarían un salto en calidad de vida.

Tal vez, logrado esto, el conflicto estaría ubicado en cómo se administra, pero es tan grande la posibilidad de liberar recursos, que hoy retiene la crisis capitalista, que la humanidad entraría en una etapa superior, donde seguramente la gestión tomaría formas cooperativas como también lo analizara el propio Federico Engels. Haciendo de esta formas organizativas empresariales un instrumento de organización de políticas globales con un rol superior de la democracia, y no como ocurre actualmente con las cooperativas sometidas a la lucha por la subsistencia empresarial.

Hoy en el planeta podrían proclamarse una infinidad de repúblicas independientes, como tantas son las distintas comunidades, construirse kilómetros y kilómetros de muros estableciendo nuevas fronteras o protegiendo las actuales, pero no podrían superar una crisis ya irreversible de la predominancia del modo de producción capitalista.

La base real del reclamo actual catalán es salir de la asfixia con que el desarrollo actual del capitalismo los acucia, ahora unir este objetivo a la identidad nacional propia, puede ser tremendamente contraproducente, generar un objetivo muy limitado, que pudiendo tener justificaciones históricas múltiples, no resuelve el problema central que hoy las estimula, como ha venido ocurriendo en Europa. La canción sigue siendo sabia: «no hay salvación sino es con todos».

Sabemos que hay quienes en su utopía piensan –están en su derecho– que esta nacionalidad tiene salida si estatiza su economía en una especie de «stalinismo tardío» posiciones que incluso se sostienen para el conjunto de España y aún soñando con manejar esto con una afectación mínima de las estructuras de clase, que la sociedad española mantiene, como si tamaña empresa pudiera hacerse en los marcos nacionales y sin una superación en avance del aparato productivo, que hoy tiene su llave no en los Estados sino en la economía mundial.

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo. Domingo, 29 de octubre de 2017.


Nota:

La administración del sitio web del Centro de Estudios Joan Bardina se limita a reproducir y traducir este artículo, en función al derecho que tiene su autor a la libertad de expresión y a la necesidad de que este artículo desvele el debate sobre las ideas y propuestas que transmite, pero sin que por ello comparta el mismo juicio sobre su contenido.

Las posibilidades actuales de un stalinismo.

Las posibilidades actuales de un stalinismo.

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

Pozo de petróleo en Venezuela.Conocemos muchos intercambios sobre la situación de Venezuela, en la que hay un sector de intelectuales que expresan de que se está instaurando una especie de neo-stalinismo.

Conocemos que a nivel de la izquierda es un tema no saldado, o tal vez mal saldado.

Derrotada la dirección leninista de la revolución rusa, que declaraba expresamente que su objetivo no podía ser la implantación del socialismo, surge sobre la base de la burocracia estatal la teoría del socialismo en un solo país.

No han sido pocos los compañeros que pensaron honestamente que lo que se hizo era inevitable, que era necesario, imprescindible estatizar la economía para imponer un modelo que ofreciera una alternativa al desarrollo del capitalismo y como contrapartida señalan que aspiran a hacer lo mismo sin los métodos criminales del stalinismo. Sintetizan en que socialismo es igual a propiedad estatizada.

Nadie puede negar el derecho a pensar de esa manera, lo que no es admisible es identificar eso con el pensamiento de Marx, Engels, Lenin, o en el caso del Uruguay con el de José Batlle y Ordóñez.

La historia ha mostrado más allá de tragedias como las de la revolución española, que ese tipo de construcción ha tenido cabida en todo un periodo histórico, en los que se han desarrollado entre otras la revolución china y la cubana.

La revolución rusa –de la que conmemoramos 100 años– fue la respuesta organizada sobre la base de una respuesta ideológica tan completa como no ha conocido una superior la humanidad.

Siendo derrotada dejó un bagaje de avance social y de conocimientos que la humanidad ha venido aprovechando aún sin llegar a la profundidad de análisis de esa etapa, nuestra aspiración es retomar ese nivel de conocimientos.

Cuesta entender en la dinámica de la economía, como las revoluciones y los avances sociales, que se pretenden cuestionan al capitalismo, en el periodo de avance de la predominancia de este modo de producción cada uno de estos hechos significa una ampliación de su base. Un ejemplo de ello y en la propia administración de un Estado capitalista son los conceptos de Bismarck para desarrollar la seguridad social.

Ahora cuesta entender que un modo de producción nace, se desarrolla y empieza a preparar su muerte, empezando por la muerte de su predominancia y el inicio de un periodo de transición como el que hoy necesitamos empezar a vivir.

El capitalismo necesita consumidores, esos consumidores en un muy amplio periodo histórico fueron volcados por los avances de las revoluciones en los derechos de los trabajadores del mundo.

Sin embargo hoy estamos en los límites de la rentabilidad capitalista, en su capacidad de desarrollar de acuerdo a su mentalidad proyectos en beneficio de la gente. Y las revoluciones condicionadas a los límites nacionales rápidamente tienden a frustrarse.

Lula da Silva.La burguesía paulista (Brasil), con toda su rémora de organizaciones políticas creyó ver en el proyecto de Lula, la posibilidad de desahogarse económicamente; Lula les ofrecía lo que la derecha era incapaz, sin embargo el proyecto de defensa de lo nacional por sobre lo internacional rápidamente (estamos hablando de 10 años) entró en crisis. Y otra vez el planteo: «Lula se quedó a medio camino debió haber estatizado todo lo posible para que la economía funcionara y la política le fuera acorde».

En Venezuela el problema era y es más complicado. La economía petrolera, y sus sectores de influencia alcanzaba un informalismo de más del 80%, cambiar esa realidad es una obra de titanes. Chávez la emprendió con una audacia política formidable, pero con desafíos que hace que el proyecto en lugar de cerrarse en sí mismo necesita abrirse al mundo, lo cual no es fácil ni sencillo, cuando en uno de los propios centros del capitalismo mundial, Donald Trump aboga engañosamente por un desarrollo de su industria nacional y las izquierdas europeas –luego de apoyar y propiciar la llamada primavera árabe– abogan por la salida del Euro y el desarrollo independiente de las economías nacionales. Es una mezcla explosiva de chovinismos.

Que haya quien lo piense, no hay duda, pero pensar para Venezuela en la posibilidad de un neo-stalinismo no solo que es absurdo sino sin posibilidad ninguna de éxito.

El formidable apoyo a la Constituyente, que superó las expectativas del propio gobierno, debe servir para un proyecto que entre otras cosas elimine las diferencias cambiarias y proponga al mundo un nuevo sistema impositivo que sustituya al corrupto propiciado por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, basado en los impuestos al consumo, al salario y a las pensiones, por uno nuevo basado en la circulación del dinero, dando muerte a los paraísos fiscales y propiciando proyectos beneficiosos para la sociedad, que preparen y den trabajo a todos los seres humanos y que hoy no se realizan porque su necesidad se mide por la rentabilidad capitalista.

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo, 12 de agosto de 2017.