Sobre la moneda

Sobre la moneda.

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

Es nuestro propósito hacer una introducción al tema que permita desarrollos posteriores. No es un tema sencillo y partimos de posiciones diferentes, ahora lo importante es asumir el aprendizaje que tenemos que hacer entre todos.

Veamos primero esta nota de los compañeros del Centro de Estudios Joan Bardina:

Pequeña historia de la moneda.

Antes del 2.500 antes de Cristo existía en las ciudades del valle del Tigris y del Eufrates, en las del Indo y en las del Nilo un tipo de moneda muy especial.

Las gentes traían la parte sobrante de sus productos a los templos de las ciudades amuralladas. Allá los sacerdotes-contables abrían una cuenta corriente con fichas de barro a cada persona, ingresando sus productos en el almacén del templo y estableciendo una cantidad de dinero abstracto en función de las mercancías ingresadas.

Posteriormente, si estas mismas personas querían otro tipo de productos del templo, se hacía la transacción inversa.

Para cada intercambio, se establecía un documento, hecho de barro cocido, con el nombre del comprador, el del vendedor, la mercancía intercambiada y la cantidad de unidades monetarias utilizada. Es lo que llamamos «factura-cheque».

Para intercambios importantes y entre ciudades diferentes, se establecía un sistema de transporte garantizado, basado en las «bullae». En el carro del transportista había una bola de barro cocido en el interior de la cual había unas fichas que representaban los diferentes productos transportados. También había grabadas las fichas en la superficie de la bola. Al llegar a destino, se abría la bola y se comprobaba que su contenido coincidía con el del carro.

En aquella época se producía una pacificación creciente entre las diferentes ciudades, en parte debido a la inexpugnabilidad de las murallas, en parte debido a la prosperidad que suponía este sistema de intercambio citado.

La moneda era un instrumento abstracto que sólo tenía valor en función de una mercancía realmente existente. Cada intercambio comercial dejaba su rastro jurídico correspondiente, bajo la forma de tablas de barro.

Todo ello se vino abajo con la aparición de la moneda anónima de oro, plata, cobre y bronce. Este otro tipo de moneda, anónimo, concreto e independiente de las mercancías, permite con mucha más facilidad la corrupción y el soborno.

Con la aparición de la moneda anónima, en el 2.500 a. C., vino el advenimiento de la banca privada, auténtico «poder en la sombra». Y los funcionarios de los templos cambiaron su vocación y se dedicaron a inventarse las religiones.

A partir de este momento volvieron los imperialismos. Las inexpugnables murallas caían, no bajo los mazazos de unas entonces inexistentes catapultas y ballestas, sino bajo el soborno de los sitiadores a algunos de los guardianes. Posteriormente los traidores sobornados podían ser discretamente ejecutados y los ocupantes inventarían mitos como los del «Caballo de Troya» y las «Trompetas de Jericó».

El dinero anónimo seguiría su evolución, hasta convertirse en los modernos billetes de banco y talones anónimos al portador. Las distintas instituciones políticas creadas para que los ciudadanos se hagan la ilusión de ser protegidos por ellas sufren el acoso de los «poderes fácticos» que sobornan y corrompen políticos, técnicos y jueces.

Y ahora viene el momento de las propuestas económicas del Centro de Estudios Joan Bardina. Por nuestra parte, se trataría de volver a un sistema de intercambio no-anónimo y responsabilizador, como el de los antiguos templos, pero con el sistema tecnológico actual, utilizando de nuevo la «factura-cheque».

Para ello es necesario el establecimiento de una red telemática pública, de uso obligatorio para todos y gratuita. Y también una serie de garantías para evitar la concentración de poder que podría suponer el dominio de esta red.

Entre estas garantías proponemos una auténtica separación del ejecutivo, el legislativo y la justicia. La justicia, independiente del ejecutivo y del legislativo, debería tener un tanto por ciento fijo de los presupuestos generales del Estado asignados por mandato constitucional, y no contar con órganos como el «Consejo General del Poder Judicial», que existe en el Estado español y que pretende controlar la justicia desde los partidos políticos dominantes a través del ejecutivo y del legislativo.

Creemos que el control telemático de la población ya está siendo ejercido por la banca privada a través de sus redes. Nuestra propuesta, más que crear una red telemática nueva, tiende a poner orden a las ya existentes, haciendo que la información privada de cada persona esté a disposición de esta misma persona, y del juez solamente en caso de abrirse un proceso. La información estadística del conjunto del mercado debe quedar a disposición de todos sus miembros.

Un aspecto importante a tener en cuenta es que, con esta reforma, la comunidad ha de garantizar una renta mínima para todas las personas que no tienen un sistema de subsistencia, ya sea trabajo o pensión por cualquier motivo. Es lógico que, con este sistema, desaparezcan las indignas vías de subsistencia provenientes del mercado negro.

Para equilibrar el presupuesto, formulamos una hipótesis que, de verificarse, podría proporcionar esta renta básica o salario social sin tener que recurrir a gravosos sistemas de impuestos. Esta hipótesis está basada en la riqueza comunitaria que puede crearse dentro del mercado, riqueza comunitaria basada en los excedentes de producción y del dinero que se puede inventar para adquirirlos. Este dinero se repartiría entre los más desfavorecidos.

Agustí Chalaux de Subirà.

Brauli Tamarit Tamarit.

Ahora un comenario extraído del estudio de los Grundrisse de Marx:

(…) Darimón propone eliminar el dinero. Marx dice que es una propuesta inocente, el sistema capitalista exige de por sí una mercancía, en particular que sea un equivalente. Exige de por sí una mercancía privilegiada. En ese momento Marx lo que sostiene es que dado que dentro del sistema capitalista… de cambio, dada la separación que existe en la propiedad del dinero y la clara división del trabajo, en la actividad… o el producto de cada individuo está transformado en mercancía.

Es decir, debe adquirir una doble existencia, como valor de uso y como valor de cambio. El valor de uso es la cualidad material que tiene un objeto, de satisfacer una necesidad. El valor de cambio es la cualidad económica, que permite el intercambio entre los individuos. Dadas las diferencias cualitativas entre las mercancías, que no todas son intercambiables entre sí, debe existir entre ellas una igualdad, transformadas entre valor y el cambio para que se permita el intercambio.

Esa magnitud del valor de cambio.

Ahora, para poder igualar las mercancías, para que se permita el intercambio, entre los distintos valores de uso, debe hacer abstracción de una cualidad, que sea común a todas las mercancías. Esa cualidad en común que tienen todas las mercancías es que todas son producto de trabajo humano. O sea, la magnitud del valor de cambio, está determinado por los costos de producción, o sea tiempo de trabajo, socialmente necesario El dinero, es la expresión de ese valor de cambio.

Ahora, el valor de cambio no se expresa a través de cualquier mercancía, sino que existe una mercancía que, por sus propiedades, es la que mejor representa, en determinado momento histórico a las demás… es decir… como valor de cambio… esas propiedades tienen que ver con la durabilidad… o sea estamos hablando del oro y la plata… por su durabilidad difícil acceso… por distintas cualidades que la hacen la mercancía privilegiada.

Cuando el precio se realiza.

El oro y la plata, se transforman así en mercancía dineraria. Y como dinero, adquieren ciertas particularidades. El oro y la plata son las únicas mercancías, que son intercambiables por cualquier otra mercancía. Son las únicas que cumplen esas funciones. Y Marx determinó eso como la primera función del dinero. La primera función del dinero, es el dinero como medida de valor. Es lo que nosotros denominamos el precio de la mercancía.

Es una medida que es ideal, es potencialidad de ser. Se establece, especialmente, para establecer una igualdad, entre las distintas mercancías y poder intercambiarlas entre sí. Ahora, cuando la mercancía ingresa a la circulación, como parte del intercambio, ya estamos hablando de que el precio de la mercancía se realiza. Entonces ahí estamos hablando de la segunda función del dinero. Que es como medio de circulación.

Instrumento de circulación del capital.

Como medio de circulación el dinero lo que permite es la circulación de las distintas mercancías, con los valores de uso para que, justamente, se satisfagan las necesidades de los individuos. Ahora, esas dos funciones que hablamos, como medida de valor y como instrumento de circulación, no son solo propias del capitalismo –se daban en el feudalismo– lo que Marx denominó como «el intercambio simple…».

Es el sistema de compra y venta, que en el feudalismo se daba entre distintos pueblos, o al interior de un pueblo mismo, pero se limitaba al excedente de la producción. Estaba netamente dirigida al consumo. Esto no es lo que sucede en el capitalismo desarrollado y es cuando el capitalismo se desarrolla que está la tercer función del dinero que Marx denomina «el dinero como dinero…». O sea se comienza a hacer una retracción del dinero en la circulación.

Dinero como fin en sí mismo.

Empieza a ser acumulado… atesorado… es… ya se niega la segunda función del dinero que tiene que ver con el medio de circulación y empieza a ser el dinero como un fin en sí mismo. Se empieza a acumular como un fin en sí mismo. Ya la finalidad del no es el tener dinero para acceder a las mercancías, sino que ya es «tener dinero» y entonces, ahí tenemos al dinero como un fin en sí mismo. Ahora, Marx lo que sostiene es que la acumulación del dinero, es una condición necesaria para que el dinero se transforme en dinero.

Es una condición necesaria, pero aun no es suficiente. Nosotros, en esta oportunidad no vamos a extendernos en eso, porque no corresponde nuestra exposición al capítulo, para finalizar recordar el recorrido que hace Marx en este capítulo, que es fundamental… que comienza en el dinero y termina en el dinero. Es muy importante porque realiza un movimiento en espiral. O sea el vuelve al dinero pero dándole una visibilidad diferente…

Valor de cambio, la forma social.

Diciendo que… el poder que adquiere el dinero en el sistema capitalista es un poder que esta dado… que tiene su base… en el sistema de producción capitalista y teniendo como base el valor de cambio. Para terminar, nosotros pusimos unas citas que son muy explicativas al respecto… con eso terminaríamos la exposición… «en la misma proporción que los productores se convierten en dependientes del cambio, este parece devenir independiente de ellos.

Parece crecer el abismo entre producto como tal y producto como valor de cambio. El dinero no produce estas antítesis y contradicciones sino que el desarrollo y estas oposiciones y contradicciones produce, aparentemente, el poder trascendental del dinero.» La siguiente cita dice… «Así como es imposible eliminar complicaciones y contradicciones, derivadas de la existencia del dinero, junto a las mercancías particulares, transformando la forma del dinero.

Del mismo modo es imposible eliminar el dinero mientras el valor de cambio siga siendo la forma social de los productos. Es necesario entender, claramente, este punto, para no plantearse tareas imposibles y reconocer los límites, dentro de los cuales, las reformas monetarias y las transformaciones en el ámbito de la circulación puede reorganizar las relaciones de producción. Y las relaciones sociales que descansan sobre eso.»…

Así planteadas las cosas:

Se nos ocurre que deberíamos empezar porque no hay hoy en el mundo ninguna razón a no ser el egoísmo y los intereses particulares de las colectividades humanas para que con la moneda suceda lo mismo que con el kilo, el litro o el metro, y lleguemos a una unidad única y universal. Razón por la cual nada justifica que este sea un punto programático universal levantado por todas las organizaciones de la sociedad.

El segundo punto no es menos importante; caracterizando la crisis actual como la provocada por que el capitalismo está llegando a los límites de sus posibilidades de inversión con rentabilidad en tareas que sirvan al conjunto de la sociedad. Nos referimos a que la sociedad en sus organizaciones más representativas en el mundo debería disponer de recursos para realizar obras universales que hoy no le son rentables al capitalismo, con las cuales además atender la rehabilitación y el trabajo humano, con el aprendizaje, la salud y todos los medios para hacer en desarrollo placentera su vida. El sistema impositivo debería recaer enteramente sobre la circulación del dinero que para ser válida deberá hacer sus registros en los instrumentos que la sociedad determine, eliminando los impuestos al consumo, al trabajo, y a las pensiones, y a la vez dando en la práctica muerte a los paraísos fiscales.

¿En que radica la diferencia? Nosotros en sí sin ignorar el papel que los medios de pago han significado en la agilización de la economía compartimos con Marx que no se le puede dar un papel diferente al que nace de la propia actividad productiva, y es está la que se debe organizar de otra manera en la medida que este modo de producción en la predominancia organizativa de la sociedad está llegando a sus límites.

El capitalismo como sistema predominante ya no puede organizar el trabajo de todos, que si lo puede hacer la sociedad, a través de sus organizaciones más representativas y democráticas en la medida que tenga las herramientas para sustituir la predominancia del capitalismo. Una forma común de medir la actividad económica y recursos con los cuales planificar el futuro.

El tiempo urge para que en el mundo esta prédica se propague y vaya cerrando el constante y trágico aumento de la guerra y su industria siniestra.

Jorge Aniceto Molinari.
Paysandú, 4 de mayo de 2018.
Víspera de los 200 años del nacimiento de Carlos Marx.

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