Los puros; de escritorio (buró).

Los puros; de escritorio (buró).

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

Se busca a los puros y a las puras (mal que le pese a la posición actual de la Real Academia Española), para construir un Partido que asuma la tarea de enfrentar a este modelo de sociedad y construir uno nuevo.

Esta parece ser la consigna que prevalece en los distintos editoriales, y que tienen toda la gama de opiniones (de izquierda a derecha y de derecha a la izquierda) que hoy se desarrollan en el diario vivir con un corolario lógico: cada editorialista considera que el puro es él.

A mí y con el respeto que todos me merecen me parece una reverenda estupidez.

Pienso que para ilustrar este tipo de problemas no hay nada mejor que ir como ejemplo a los intercambios que diariamente se hace, particularmente por las redes sociales. No cito nombres, creo que no es necesario, sino ideas y opiniones que se vuelcan en el debate.

Dí mi opinión a través de esta columna, sobre la prisión del líder del PT, Lula, e hice comentarios a través de las redes a un editorial del Dr. Hoenir Sarthou. Un compañero me acerca su opinión:

«Afirmarse en lo colectivo como tú o en los aspectos contradictorios como Sarthou, son dos aspectos casi hermanos siameses. La solución es hipotética o no existe aún. Porque si bien la izquierda tradicional tiene la manía del justificometro y la receta de Lenin, o Guevara o Bakunin según sea el matiz del ortodoxo justificador nada resuelve el asunto de la corrupción burocrática de nuestros gobiernos. Su ineficacia, desprolijidad, y en algunos casos robos indignantes, son notorios y no deben taparse con la cita del librito de Mayo u otro atemporal y ya ridículo cómo ese gesto. Me temo que no se justifica, y así cayeron los soviéticos. No es cierto que los gobiernos corruptos no duran. Usan al ejército y al terror y la policía política. A revisar la Polonia de Bela Imredy, Venezuela de Maduro, Rusia stalinista y post stalinista. Etc. Etc. Se repite hasta el cansancio el justificometro y la complicidad con la infamia. Te dije que leas «El fin del homo sovieticus» de Svetlana Aleksievich escrito desde la nostalgia y de la gran decepción de una excamarada. Lo estoy leyendo y es un trago amargo pero necesario».

Mi respuesta:

Valoro enormemente que respondas, no es lo que abunda hoy en día.

No comparto tu punto de vista, la pureza en el plano de la política, no existe, pues partimos de una base económica que se establece a partir de la llamada «libre competencia», y ningún modo de producción abandona su predominancia hasta no agotar sus posibilidades, es lo que hoy está ocurriendo con el capitalismo y la crisis actual ya irreversible para que esa predominancia se mantenga. Eso es lo que se traslada a la política hoy.

Lo que si hay son desarrollos ideológicos y en ese plano no es lo mismo Lenin, que Bakunin o Guevara, pues sus posturas son diferentes. La vida viene confirmando a Lenin, no a Bakunin, ni a Guevara, y esto sin perjuicio de reconocer sus valores como seres humanos. De todos modos hay muchos «leninistas» que ni siquiera se han tomado el trabajo de leerlo.

Su respuesta:

«Me expliqué mal o no me entendiste. Lejos de mi modo de pensar el purismo, ni un poco. Lo que me parece muy reiterativo es el «justificómetro» de toda la izquierda en general, hoy Valenti escribe sobre lo mismo, diciéndole al PT. Que aunque Lula no haya comprado pase a la corrupción, luego de 13 años de jodas mezcladas con gobierno importante, no deja de ser responsable por aceptar las reglas de juego de su aliado corruptor (PMDB, etc.) que sirve a la oligarquía brasileña para frenar y empezar a revertir las conquistas populares, papel de tonto que le dicen. Si justificamos esto también a Sendic y al otro malandra de Alur. No entro en esa, no justifico: son responsables. Para mí debería ser expulsado del Fa».

Mi nueva respuesta:

He tratado de aprender, no quiere decir que lo haya logrado, de los maestros. Tomo lo que de acuerdo a mi leal saber y entender es lo más avanzado y partir de ahí me fijo objetivos (tareas), en todos los órdenes de la vida. Desde el vivir en familia, en el trabajo, en el gremio, etc. etc…

Sabiendo además que en la naturaleza los seres vivos y los seres sociales, nacen, se desarrollan, y mueren, hacen su historia, variopinta.

En política el curso de los acontecimientos está directamente vinculado a esto. Para ello es necesario instrumentos que tomando lo más avanzado del pensamiento se propongan un programa para cada momento, vinculado a ideas generales, interviniendo muchas veces en etapas que son de transición entre un modo de producción y otro, como va a comenzar a ser la actual si logramos que la humanidad salga de la actual lógica de guerra.

Sé que en esos avatares hay gentes que tiene otro punto de vista, también muchas veces vinculados a objetivos circunstanciales que lo benefician directamente aunque no beneficien al conjunto. Los Estados, los partidos, las iglesias, etc. etc. nacen con ese objetivo.

Hoy estamos en una etapa de una crisis irreversible del modo de producción capitalista, estamos llegando a los límites de su capacidad predominante en el seno de la sociedad.

Los puros no existen, entonces que hago, me someto a la vorágine de la crisis, o busco privilegiar puntos programáticos que supongan un progreso colectivo, y me asocio con los que estén dispuestos a llevarlos adelante, respetando acuerdos de convivencia que nos permita a todos actuar.

Esto es lo que he hecho en el tema Caja Bancaria, dando la pelea pública para que se entendiera que el tema de la seguridad social, en su totalidad, tenía que vincularse con el impuesto a las transacciones financieras. Y cuando me tocó administrar, gestionar, tratar de aprender y aportar, para hacer que el colectivo responsable lo hiciera de la mejor manera posible.

Hay compañeros, no lo reprocho que en su comprensión del mundo y la política llegan a usar y desarrollar lo que los beneficia y hasta ahí llegan.

El Frente tiene que ser severo con las inconductas, pero con eso no alcanza, no se trata de los puros por un lado y los corruptos por otro: «el que esté libre de pecados que arroje la primera piedra», tiene que ser más severo a la hora de analizar el programa. Mujica en la ONU esbozó uno, y luego el silencio de todos y el propio Mujica.

Si no somos capaces de esto estamos condenados al fracaso, pero para eso no cuentan conmigo.

Venezuela, Maduro está al frente de una dura lucha con lo más podrido de la sociedad burguesa, ha cometido errores y seguramente horrores (como el Frente), pero su mayor dificultad es en el programa por los intereses que afecta a muchos de su entorno, entre ellos el problema de la moneda.

No puede haber una moneda fuerte que maneje el Estado y otra para la gente, como ocurría en el stalinismo.

¿Qué va a pasar no lo sé? Pero no me sumo a las canalladas de los intereses de los conglomerados empresariales multinacionales contra su gobierno, porque además una derrota en Venezuela, como en Brasil supone un retroceso de todos. Como lo es hoy el mal llamado proceso de la «primavera árabe». Pero también Maduro, como Lula deben seguir respondiendo a los intereses colectivos y rechazando los halagos de los interesados en sus propios intereses, que pululan en estas situaciones, un especie de «lumpen burguesía».

¿No sé si me explico?

Reitero lo que decía en una de las notas:

Nosotros por otra parte respetando todos los puntos de vista, por su origen humano, partimos de otra forma de razonar, nuestro método es el materialismo histórico.

Esto quiere decir que las conductas humanas tomadas individualmente y colectivamente más allá de circunstancias coyunturales –que siempre hay que tener en cuenta y buscar condenar cuando corresponda– son productos del desarrollo material de las sociedades humanas, que nacen, se desarrollan y mueren, y como además nos acontece a nosotros.

Ignorar esto supone pasar la comprensión de los fenómenos sociales, no al análisis global del proceso sino a la responsabilidad individual de cada uno. La gente individualmente pasa a ser la responsable de lo que está pasando.

Le salvan la responsabilidad al sistema, que es el objetivo de la derecha; adjunto dos formidables poemas que de alguna manera expresa lo que siento.

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo, 20 de abril de 2018.

Realmente vivo en tiempos sombríos.
La inocencia es locura. Una frente sin arrugas
denota insensibilidad. El que ríe
es porque todavía no ha oído
la terrible noticia.


¡Qué tiempos son estos, en que
hablar sobre árboles es casi un crimen
porque implica silenciar tanta injusticia!
Ese, que cruza tranquilamente la calle,
¿será encontrado cuando los amigos
necesiten su ayuda?


Es verdad que todavía me gano el sustento,
pero creedme: es por casualidad.
Nada de lo que hago justifica
que yo pueda comer hasta hartarme.
Las cosas todavía me van bien
(si la suerte me abandonase, estaría perdido).


Me dicen:
«Come, bebe, alégrate por lo que tienes!»
Pero… ¿cómo puedo comer y beber
si estoy arrebatando al hambriento su comida,
y mi vaso de agua le falta al sediento?
Y sin embargo continúo comiendo y bebiendo.


Me gustaría también ser sabio.
Los libros antiguos nos hablan de la sabiduría:
consiste en apartarse de los problemas del mundo
y, sin temores,
dejar que transcurra tranquilamente
el tiempo de nuestra breve vida en la tierra,
pagar el mal con el bien,
no satisfacer nuestros deseos, sino desecharlos.
He aquí lo que llaman sabiduría.
Pero yo no consigo hacer tales cosas.
Verdaderamente vivo en tiempos sombríos.

2

Llegué a las ciudades en tiempos conflictivos
cuando reinaba el hambre,
me mezclé entre los hombres en época turbulenta
y me rebelé con ellos.
Así fue transcurriendo el tiempo
que me fue concedido en la tierra.
Comí mi pan en medio de batallas,
dormía entre asesinos,
traté despreocupadamente los asuntos amorosos,
y fui impaciente con la naturaleza.
Así fue transcurriendo el tiempo
que me fue concedido en la tierra.
En mi época todos los caminos conducían al fango,
mis palabras me traicionaban ante el verdugo,
yo era poca cosa. Pero pienso que los gobernantes
se sentían más seguros sin mí.
Así fue transcurriendo el tiempo
que me fue concedido en la tierra.
Nuestras fuerzas eran escasas, la meta
se hallaba distante
y aunque podía distinguirse claramente, me parecía
que yo tal vez no la alcanzaría.
Así fue transcurriendo el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

3

Vosotros, que surgiréis del marasmo
en que nosotros nos hemos hundido,
acordaos también,
cuando habléis de nuestras flaquezas,
de los tiempos sombríos
de los que os habéis librado.
Cambiábamos más frecuentemente de país
que de zapatos,
a través de las guerras de clases, desesperados,
porque reinaba la injusticia y nadie se indignaba.
Bien sabemos que el odio contra la ruindad
deforma el rostro
y la rabia contra la injusticia
enronquece la voz. ¡Ah!, nosotros,
que queríamos preparar el terreno para la bondad
no pudimos ser bondadosos.
Pero vosotros, cuando llegue el momento
en que el hombre sea bueno para el hombre,
acordaos de nosotros con comprensión.

Bertolt Brecht.

Utopía.

Joan Manuel Serrat.

Se echó al monte la utopía perseguida por lebreles que se criaron en sus rodillas y que al no poder seguir su paso, la traicionaron; y hoy, funcionarios del negociado de sueños dentro de un orden son partidarios de capar al cochino para que engorde. ¡Ay! Utopía, cabalgadura que nos vuelve gigantes en miniatura. ¡Ay! ¡Ay, Utopía, dulce como el pan nuestro de cada día! Quieren prender a la aurora porque llena la cabeza de pajaritos; embaucadora que encandila a los ilusos y a los benditos; por hechicera que hace que el ciego vea y el mudo hable; por subversiva de lo que está mandado, mande quien mande. ¡Ay! Utopía, incorregible que no tiene bastante con lo posible. ¡Ay! ¡Ay, Utopía que levanta huracanes de rebeldía! Quieren ponerle cadenas Pero, ¿quién es quién le pone puertas al monte? No pases pena, que antes que lleguen los perros, será un buen hombre el que la encuentre y la cuide hasta que lleguen mejores días. Sin utopía la vida sería un ensayo para la muerte. ¡Ay! Utopía, cómo te quiero porque les alborotas el gallinero.

¡Ay! ¡Ay, Utopía, que alumbras los candiles del nuevo día!

Lo individual y lo colectivo en Hoenir Sarthou.

Lo individual y lo colectivo en Hoenir Sarthou.

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

En un editorial de «Voces», Sarthou hace el siguiente razonamiento, lo adjunto y luego lo comento.

Lula y la muchacha del metro por Hoenir Sarthou.

La anécdota le ocurrió a una persona que conozco en uno de esos países que nos resultan remotos y culturalmente incomprensibles. Pongamos que fue en Suecia o en Noruega, no recuerdo bien. El hombre –uruguayo él– estaba en el metro y observó que, entre los molinetes que, previa introducción de una ficha de determinado valor, permitían el acceso a la zona de abordaje de los trenes, había una entrada libre, sin molinete o con molinete gratuito. Sin embargo, nadie pasaba por esa entrada. Todos introducían su ficha y pasaban por los molinetes pagos. Intrigado, se dirigió a una chica que limpiaba o cumplía no sé qué función en el lugar (nada cuesta imaginar la cara ancha, el cuerpo robusto, el pelo rubio y la sonrisa candorosa, casi al punto de parecer tonta).

Disculpe, ¿para qué es esa entrada?–

La muchacha lo miró sorprendida, sonrió con mayor candor aun y dijo con naturalidad.

Para que pasen los que no tienen dinero.–

El uruguayo no contestó enseguida. Le llevó varios segundos digerir la respuesta y confrontarla con sus instintos rioplatenses.

Pero… –dijo al fin, intrigado- ¿Cómo evitan que entren por ahí personas que tienen dinero pero no quieren pagar?–

La muchacha volvió a sonreír con cierta inquietud o desconcierto. Arqueó una ceja. Parecía sorprendida. Finalmente dijo con extrañeza:

¿Y por qué alguien iba a querer hacer eso?–


En Brasil, a muchos kilómetros de distancia, el ex presidente Lula está preso. Se lo acusa de muchas cosas, pero está preso por un apartamento lujoso que la fiscalía afirma le fue regalado por la empresa Odebrecht y que Lula y sus partidarios afirman que nunca fue de Lula.

En Brasil pasaron y pasan muchas otras cosas. Tienen un presidente sobre el que pesan acusaciones penales tan o más graves que las de Lula. Es algo común en Brasil, donde tres cuartas partes de los integrantes del sistema político tienen procesos penales abiertos.

Durante los gobiernos de Lula y de Dilma Rousseff ocurrió el «mensalao», por el que casi todos los legisladores cobraron grandes coimas mensuales por votar lo que el gobierno quería, y, más importante aún, ocurrió el multimillonario vaciamiento de Petrobras.

Sin embargo, todos discuten sobre el apartamento de Lula. La fiscalía lo acusa en base al testimonio de los directivos de Odebrecht, que están presos y recibieron promesas de aligerar sus condenas a cambio de sus testimonios. Por su parte, Lula, el PT y sus aliados del oficialismo uruguayo sostienen que hay una conspiración de la derecha para desplazar a los progresismos del Continente, lo cual también puede ser cierto, dependiendo de qué entendamos por «derecha».

Entiendo que judicialmente sea importante saber si Lula se llevó reales, dólares o apartamentos al bolsillo, así como si realmente Dilma no se los llevó. Pero, desde el punto de vista político, es casi irrelevante. Dados el «mensalao» y la ruina de Petrobras, mediante contratos truchos, ¿qué importa si se guardaron la plata o sólo la usaron para comprar votos y financiar campañas políticas?

El efecto social es tan devastador en un caso como en otro. Al punto que discutir sobre el apartamento es casi hacerle un favor a Lula y –claro– también a Temer y a sus socios, que, entre otras cosas, parecen haber estado en primera fila en la nómina del «mensalao».


Como se darán cuenta, paso muy por arribita sobre el tema «Brasil». Es que, cuanta más información intento reunir, más me cuesta conocer los vericuetos de ese monstruo de país.

En otras palabras, escribo para compartir interrogantes más que para comunicar certezas.

Por ejemplo, ¿qué papel juega el sistema de justicia brasileño en esta historia? ¿Es una corporación autárquica acometiendo con mesianismo una función depuradora? ¿Son creíbles esa autonomía y esa limpieza en medio de un sistema institucional y empresarial de corrupción generalizada?

En caso contrario, ¿con qué respaldo actúa? ¿Quién está interesado en el descabezamiento del sistema político y de algunas empresas que, como Odebrecht, se habían comido al Estado y empezaban a comerse al mundo? ¿La oligarquía tradicional que se siente desplazada? ¿Intereses transnacionales? ¿Una mezcla de ambos?


¿La corrupción está destinada a ser la tumba de los «progresismos» latinoamericanos?

Desde una perspectiva de izquierda, es muy tentador sostener que la crisis que amenaza a los progresismos se explica por la esencial inviabilidad de su proyecto: conciliar la instalación del modelo económico global con la aplicación de políticas sociales distributivas, asistencialistas y clientelares.

Es tentador porque en buena medida es verdad. Los proyectos progresistas, teniendo el control del Estado, abren las puertas a la inversión extranjera, exprimen a los sectores productivos y a las capas medias nacionales y, en compensación, mejoran los salarios de los trabajadores sindicalizados y captan con políticas sociales asistencialistas a los sectores sociales pobres y semi marginales.

Obviamente, ese proyecto es, por definición, inestable. Lo es porque la inversión extranjera viene a condición de no aportar impuestos, tener acceso a recursos naturales a bajo costo y no ceñirse a ninguna estrategia nacional. Entonces, tarde o temprano, el dinero no alcanza para pagar la fiesta de la burocracia estatal progresista y, a la vez, asegurar los salarios de los trabajadores sindicalizados, costear la salud y la educación públicas y seguir financiando políticas sociales.

Cuando eso ocurre, se produce una rebatiña. La desesperación por mantenerse en el gobierno lleva a endeudar al país, otorgar a inversores extranjeros concesiones insostenibles, recortar los presupuestos de salud, educación y seguridad social, comprar votos y apoyos, mentir en las cifras y datos estadísticos y desviar fondos para financiar publicidad y campañas electorales.

Los primeros en percibir la inestabilidad son los dirigentes y altos funcionarios del proyecto progresista. Y, en ese contexto, es muy fácil que se inclinen a «hacer la suya» antes de que todo se desmorone.


Decir eso es tentador. Pero no es toda la verdad.

Un gobierno corrupto no puede instalarse ni perdurar si la sociedad, de la que proviene y a la que gobierna, no comparte ciertas características culturales afines a la corrupción.

En el Uruguay, como en Brasil, aunque a nuestra escala, todos los días se denuncian y se descubren casos de corrupción en altas esferas de la administración pública.

Tengo la impresión de que esas denuncias no producen un efecto saneador. Por alguna razón, confirman que hay corrupción en lo grande y, de alguna manera, legitiman que la haya en lo chico.


Es una vieja tradición la de conjurar todos los males con un cambio de gobierno. La militancia política de todos los signos, desde siempre, presupone que su misión es llegar al gobierno para, desde allí, cambiar-mejorar a la sociedad en algún sentido. Quizá ese sea el paradigma que no funciona.

Una larga historia de revoluciones y cambios de gobierno, en América Latina, por no ir más lejos, indica que, más temprano que tarde, las ilusiones de cambio social naufragan en un mar de decepciones, «achanchamientos», «vivezas» individuales, corrupción y autoritarismo.


Pienso en esa muchacha nórdica que no comprendía la razón por la que alguien quisiera acceder al metro sin pagar entrada.

Sí, claro, probablemente sea el resultado de una sociedad rica, en la que «avivarse» resulte una actitud inexplicable o estúpida. Pero tal vez detrás de esa aparente ingenuidad esté la noción de que la «viveza» individual generalizada es en realidad estupidez colectiva.

Durante mucho tiempo pensé que ese estado de espíritu sólo podría producirse tras un cambio social y económico que asegurara a todos condiciones aceptables de vida.

Hoy tengo dudas. Me pregunto si la lucha que tenemos por delante es política, como se ha creído por tanto tiempo, o si es ante todo cultural.

En un mundo en qué términos como trabajo, salario, crecimiento, desarrollo, energía, poder, comunicación y educación van a resignificarse, la pregunta se vuelve cada vez más pertinente.

Mi comentario:

El razonamiento es impecable, cambias al individuo y cambia la sociedad.- Desde el punto de vista idealista es así, cada uno es dueño de su propio destino y con su voluntad puede llegar o no a los fines que se proponga en la vida. Hasta aquí hay similitud con los razonamientos que han llamado la atención en todo el mundo del ex Presidente José Mujica.

Nosotros por otra parte respetando todos los puntos de vista, por su origen humano, partimos de otra forma de razonar, nuestro método es el materialismo histórico.

Esto quiere decir que las conductas humanas tomadas individualmente y colectivamente más allá de circunstancias coyunturales –que siempre hay que tener en cuenta son productos del desarrollo material de las sociedades humanas, que nacen, se desarrollan y mueren, y como además nos acontece a nosotros.

Ignorar esto supone pasar la comprensión de los fenómenos sociales, no al análisis global del proceso sino a la responsabilidad individual de cada uno. La gente individualmente pasa a ser la responsable de lo que está pasando.

Entonces los puntos de un programa para ayudar a la actual predominancia capitalista a morir en paz, pasan a ser los puntos de programa para realizar un proyecto propio y nacional, en que la economía puede ser manejada (estatizada) con consecuencias favorables para la gente. Y aún que funcionó en una etapa de la historia sobre la derrota de Lenin, a la larga conducen a una vía muerta.

Por eso Mujica no volvió sobre lo que dijo en la ONU, hasta ahora ha demostrado que ese discurso está fuera de esta lógica que venimos analizando en Sarthou.

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo, 13 de abril de 2018.