La muralla china, el muro con México.

La muralla china, el muro con México.

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

A continuación y de acuerdo a nuestra práctica, una nota para pensar y luego la comentamos:

China es dueña de la reserva en divisas más elevada del mundo.

Bandera china.China es dueña de la reserva en divisas más elevada del mundo, dijo hoy el gobernador del Banco Central del país asiático, Zhou Xiaochuan, quien aconsejó sin embargo «no sobrerreaccionar» ante la acumulación monetaria.

En declaraciones al Diario del Pueblo, Zhou dijo que «China todavía posee la mayor reserva de divisas del mundo, mucha más que el segundo país de la lista».

Aún así, apuntó, no hay necesidad de que el país sobrerreaccione a las amplias existencias de divisas, a la hora de elaborar sus políticas.

En una conferencia de prensa en el marco de las «Dos Sesiones», el gobernador del ente central chino dijo que las reservas ascendían a tres billones 500 mil millones de dólares a fines de febrero, un aumento de seis mil 900 millones de dólares respecto a enero. El leve aumento también puso fin a una baja de siete meses.

Los últimos datos publicados por la Administración Estatal de Divisas de China demuestran que el gobernador destacó que dichas reservas también incluían algunas partidas innecesarias de dinero, y explicó que la reserva de divisas de China inició una rápida carrera desde el 2002.

Tras la crisis financiera mundial, el flujo de capitales desde los países desarrollados adoptó un aumento considerable de medidas cuantitativas flexibles hacia los mercados emergentes.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) calcula la liquidez creada por los países desarrollados en unos unos 4.2 billones de dólares.

Zhou agregó que al menos un tercio de ese dinero fluyó hacia China. Con la recuperación económica de algunos países desarrollados, esos capitales de menor afluencia y estabilidad fluirán de nuevo, señaló.

«Por tanto, la tendencia en la caída de las reservas en moneda extranjera de China es un fenómeno normal», argumentó.

A su vez, el vicegobernador del Banco Popular de China, Yi Gang, destacó que el RMB, la divisa china, se encuentra en el primer nivel de monedas internacionales después de que fue incluido por el FMI en el Derecho Especial de Giro (DEG).

Pan Gongsheng, diputado de la APN, en su intervención en la misma conferencia de prensa, informó que se han producido algunos cambios estructurales hacia una mejor dirección en los tenedores de activos.

«Hace varios años, alrededor del 70-80 por ciento de las reservas fueron retenidas por los órganos gubernamentales, mientras que al final del año pasado, alrededor del 50 por ciento de ellas fueron mantenidas en órganos gubernamentales y otro 50 por ciento en entidades del mercado», dijo.

(Información de Notimex).


Nuestro comentario:

Jorge Aniceto Molinari.El Presidente Trump va a completar el muro de separación de EE.UU. con Méjico, tal lo que dicen las informaciones más recientes.

Ahora que pasaría si en función de la nota que comentamos, Méjico decidiera por sí y ante sí eliminar su signo monetario y pasarse al dólar, como hizo la derecha en Ecuador hace ya unos cuantos años y cuando aún no teníamos la baja pronunciada en el precio del petróleo.

Bueno, bueno,… ya estaríamos escuchando las críticas impiadosas de todos los teóricos monetaristas, con raíz en los siglos pasados, que para desarrollar sus teorías necesitan de las llamadas soberanías monetarias, punto de apoyo de las «burguesías nacionales» en una importante etapa del desarrollo del capitalismo.

También estaríamos perjudicando a los que manejan la moneda particularmente en Méjico, lo cual es todo un negocio, como lo viene mostrando aún en posiciones antagónicas los procesos de Argentina y Venezuela.

No conozco, –no estoy diciendo que no exista, trabajo alguno–, partiendo de la hipótesis de una moneda única y universal, en tanto Lord Keynes hizo la propuesta a la salida de la segunda guerra mundial y los grandes conglomerados empresariales multinacionales trabajan en sus movimientos económicos y financieros sobre la base de una canasta de monedas y los seguros correspondientes, una especie de valor universal, aun cuando en sus pugnas siempre es un elemento de inestabilidad intrínseca al propio sistema.

De lo que si estamos seguros es que en esta hipótesis el muro del Presidente Trump pasaría a mejor suerte. Hoy los muros y los impedimentos fronterizos son un duro negocio contra la gente, el gran capital, el gobierno del mundo en manos de los complejos empresariales multinacionales no tiene problemas de fronteras, en su poder están hoy todas las posibilidades tecnológicas de la humanidad y el dinero se derrama –con todas sus consecuencias– hasta los límites mismos de las posibilidades concretas de rentabilidad para los inversores del sistema.

Sus problemas devienen con que los límites posibles de la tasa de ganancia cada vez se agostan más.

Las reservas chinas son hoy un poderoso instrumento que podría ser utilizado en beneficio de la humanidad si esta, o mejor dicho lo mejor de esta se pusiera de acuerdo en dar muerte en paz a la predominancia del capitalismo e instrumentara una moneda única y universal, y diera lineamientos para dar muerte a los paraísos fiscales e implantar un sistema impositivo exclusivo sobre la base de la circulación del dinero.

¿Qué falta para ello?: voluntad política; hoy a 100 años de la revolución rusa sabemos leyendo a Lenin, que eso se construye, fundamentalmente cuando las condiciones han ido madurando.

Es esa falta de voluntad política lo que hoy traba la posibilidad para la humanidad de planificar una actividad económica en beneficio de la gente, en la rentabilidad de las empresas del modo de producción capitalista ya no es posible.

Planificar el trabajo humano, preparando y utilizando –remunerada adecuadamente– toda la mano de obra disponible en la humanidad a la predominancia de este sistema le es inalcanzable.

Podríamos si entonces hablar de un objetivo importante para construir un «modelo socialista» para la humanidad, definición que hoy es factor de desorientación en la izquierda auto enredada en sus construcciones estatistas.

La contradicción que debemos resolver –la voluntad política– es entre la perdida permanente de puestos de trabajo dignos en la predominancia de este modo de producción y la posibilidad real de desarrollar emprendimientos de beneficio colectivo e individual capaces esos si de preparar y utilizar esa mano de obra disponible.

No faltara quien nos diga: «eso lo deben hacer los Estados», nuestra respuesta es contundente: el tiempo de esa posibilidad para los Estados ya pasó –sin desconocer que aún pueden tener tareas muy importes, coyunturales, de defensa de la gente– pero el futuro de la humanidad ya no estará en manos de las burocracias estatales y se abre entonces todo un capitulo de análisis sobre que organismos necesita la humanidad que sin burocracia construyan el futuro superando esta etapa donde la extensión y profundización de la guerra es una tragedia suicida.

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo, 18 de marzo de 2017.

Los secretos actuales, las generaciones venideras.

Los secretos actuales, las generaciones venideras.

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

Jorge Aniceto Molinari.Seguramente las futuras generaciones podrán acceder a una información que hoy a nosotros nos está vedada.

Lo mismo nos sucede a nosotros en relación a las generaciones anteriores. Hoy conocemos episodios y detalles que los contemporáneos ignoraban y sólo podían especular con la existencia de ellos.

Luego de la segunda guerra mundial, cuando el mundo para el sistema capitalista comenzó a ser un solo mercado, y los avatares nacionales a formar parte de las dificultades empresariales para mantenerse y desarrollarse, sus posibilidades reales de gobierno cada vez más acotadas, los secretos a nivel de los servicios de inteligencia constituyeron un material privilegiado al cual el común de los mortales hoy no tenemos acceso.

Podemos suponer cuantos y cuales golpes de Estado se armaron desde los servicios secretos de las grandes potencias, ahora el detalle de cada una de las acciones que seguramente han comprendido desde el armado de guerrillas, fugas de penales, atentados de la más diversa calaña por ahora es una nebulosa, manejos monetarios, de los artículos de consumo, agentes intervinientes en los mismo, etc. etc. Porque convengamos que tan importante como manejar los ejércitos nacionales y poder disponer de agentes en ellos, para las grandes potencias ha sido fundamental el poder hacer una operación en que la pinza tuviera bajo su control los dos brazos. Claro, la vida ha mostrado que esto no es lineal y siempre tiene riesgos para lo que ellos maniobran; la guerrilla cubana por ejemplo que creyeron controlar en un principio, se les fue de las manos y se convirtió en bandera de rebeldía para toda la izquierda latinoamericana, con lo cual trataron de asumir ese dato de la realidad y convertirlo en un instrumento para su táctica del aborto.

Lo mismo ha sucedido en la interna de los ejércitos, donde el soborno y el chantaje en una importante cantidad de casos han sido derrotados, ayudados también por el notorio declive económico de los otrora poderosos imperialistas.

Lo que no quiere decir que con el ascenso de Trump no renazcan los «comandos» que se ofrezcan para las nuevas circunstancias, por aquello del huevo de la serpiente, sobre el que escribía certeramente el dirigente comunista uruguayo Rodney Arismendi.

Ahora que importante que sería para la gente que todo esto fuera transparente, sabemos que no lo podrá hasta que la base económica de la sociedad no lo sea.

Un síntoma de esto es que los analistas políticos, parten siempre de los datos de su realidad política, no van al fondo de las cuestiones. Esto tiene mucho que ver también con el modo por el cual se financia su trabajo. Por ejemplo sabemos que en Rusia gobierna Putin, su gobierno además tiene presencia fuerte en los medios, ahora ¿cuál es la estructura real de su gobierno?, eso normalmente no se desarrolla y seguramente es ahí donde está la explicación de su rol en la política internacional.

Lo mismo sucede con Trump aunque en el caso de EE.UU. la novela política está más difundida. Por ejemplo se ha dicho que para el triunfo de Trump, la colaboración de Putin ha sido activa, sin embargo no conozco estudios sobre la relación económica de las dos bases de sustentación de estos liderazgos, donde seguramente habrá pistas para saber ciertamente que está pasando.

¿A qué vamos con esto? A que hoy es de una gran importancia para comprender el curso de los hechos saber realmente que características tiene la actual crisis irreversible de la predominancia del modo de producción capitalista. Tanto Trump, como Putin, son gerentes, importantes, pero las decisiones centrales se toman a otro nivel.

El problema es que ese otro nivel no encuentra salidas para la crisis, y el crecimiento de la guerra comienza a hacerse demencial para la humanidad.

Mientras tanto la «superestructura», política, sindical, religiosa, social, vive una realidad virtual donde este proceso se vive como en una burbuja, solo muy de vez cuando el mundo de la ciencia alerta con mensajes claros –porque los tiene–, sobre la existencia de esa otra realidad, pero es muy simple comprender que hoy aún el mundo de la ciencia está desagregado de esta realidad que se vive en la «política».

¿Hasta cuando esto va a seguir así?: parte de la respuesta la tiene la «izquierda» que por su bagaje ideológico hoy tendría elementos para actuar a un nivel superior. Sus maestros siempre se preocuparon de documentar sus estudios sobre la base material de la sociedad y su desenvolvimiento.

Ahora hoy su preocupación es la chacrita, lo cual no es en sí criticable, sino de que la suerte de la chacrita va a depender en última instancia de la propia suerte de la humanidad. Hoy no hay elaboración teórica, ni ideológica, para comprender en que etapa está el desarrollo, económico, social y político del mundo.

En el Uruguay por ejemplo ha ocurrido la conmoción del cambio Nelson; los comentarios van al plano político y sus implicancias, pero estamos frente a un submundo de movimientos de capitales sin el control de la sociedad, ahora si el Uruguay toma medidas propias y se aleja de lo que hoy se hace el mundo, también se aleja de lo que hoy es la actividad empresarial con los riesgos que ello supone por la repercusión en el aparato productivo y en el trabajo de la gente. Tampoco es justificable la posición de que solo corresponde hacer lo que legalmente está aprobado. En esto también están comprendidos los llamados acuerdos bancocentralistas, importantes pero que no han podido impedir el incremento permanente de los Paraísos Fiscales, de las deudas de los Estados y de las demenciales emisiones monetarias. Es necesario actuar con un programa que involucre a toda la sociedad.

Mujica en la ONU, setiembre del 2013, tomó el toro por las guampas, e insinuó un camino –convengamos en honor a la verdad, que no era su camino habitual el hablar de la moneda y de los impuestos–, pero luego su deserción y la de sus respaldos políticos ha sido total. Su comparecencia está grabada y se accede a ella fácilmente por Internet, y son de las que no se borran.

¿Se podrá retomar ese camino y avanzar? Nosotros creemos que sí, que el destino de la humanidad no está en la confrontación de modelos sino el de hacer pesar sobre la base de lo mejor de la humanidad las medidas de transición necesarias para la muerte en paz de la predominancia del modo de producción capitalista.

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo, 2 de marzo de 2017.

Una visión del mundo a analizar.

Una visión del mundo a analizar.

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

Confieso que me resulta el método más práctico para explicar una idea, el de reproducir una nota como esta que publica Other News y luego comentarla.

La nota:

El País. Logotipo.El País. Viernes, 30 de diciembre del 2016.

Las paradojas del progreso.

A pesar de que los políticos populistas se aprovechan del pesimismo de la población, estamos mejorando en casi todos los parámetros.

Kiko Llaneras (El País).

Los datos señalan que la humanidad está en la mejor situación de su historia y, sin embargo, la mayoría cree que el mundo empeora. Los políticos populistas están aprovechando esta percepción ignorando que estamos mejorando en todos los parámetros. El 81% de los votantes de Donald Trump creen que, hace 50 años, se vivía mejor, que el mundo era un lugar mejor. Una opinión que podría definirse como reaccionaria: cree que los cambios están empeorando las cosas.

Esta visión está lejos de limitarse a los votantes de Trump. La percepción de que el mundo retrocede, de que nos dirigimos hacia una suerte de caos, es amplia. Según un estudio del Instituto Motivaction, el 87% de la población mundial cree que, en los últimos 20 años, la pobreza global ha permanecido igual o ha empeorado.

La paradoja es que los datos dejan claro que esta es una idea falsa. El mundo no empeora, mejora.

No significa esto —vaya por delante— que el mundo sea un lugar perfecto. Ni siquiera un buen lugar. Padecemos injusticias, guerras, hambre y violencia. Una minoría de la población posee la mayor parte de la riqueza, mientras 760 millones —el 11% más pobre— sobreviven con menos de 2 dólares al día. La pobreza es cotidiana. Pero de todos los escenarios globales que hemos conocido (no imaginado o deseado, sino conocido) este es el mejor.

El científico cognitivo y profesor de Harvard Steven Pinker es uno de los autores que han aportado más datos en defensa de esta tesis. Su libro Los ángeles que llevamos dentro trata de demostrar que vivimos en la época más pacífica y próspera de la historia. «La gente a lo largo y ancho del mundo es más rica, goza de mayor salud, es más libre, tiene mayor educación, es más pacífica y goza de mayor igualdad que nunca antes», señala Pinker a EL PAÍS. «Todas las estadísticas señalan que mejoramos. En general, la humanidad se encuentra mejor que nunca».

El escritor e historiador sueco Johan Norberg es otra de las voces destacadas de esta corriente de pensamiento. Defiende en su libro Progress: Ten Reasons to Look Forward to the Future (Progreso: diez motivos para mirar hacia adelante) que el capitalismo es el sistema que más ha hecho progresar al ser humano y que vivimos en el mejor momento de nuestra historia. «El mundo está mejorando rápidamente. De hecho, nunca antes el mundo mejoró así de rápido. Por cada minuto de esta conversación, cien personas salen de la pobreza», explica.

Los datos respaldan estas afirmaciones.

Nos muestran, por ejemplo, que los adultos disfrutan en la de vidas más largas y que la mortalidad infantil se ha dividido entre cuatro. En 1960, según datos de la OMS y el Banco Mundial, de cada cinco niños uno se moría antes de cumplir cinco años; ahora sobreviven 19 de cada 20.

La riqueza también se ha multiplicado. Desde 1980 el porcentaje de personas que viven en la pobreza extrema se ha reducido a una cuarta parte. En el sur de Asia la sufrían el 50% y ahora el 15%. En el este de Asia y el Pacífico, la pobreza extrema pasó de afectar al 80% (cuatro de cada cinco personas) a apenas el 3,5%.

La alfabetización va camino de ser universal: en 1980 todavía el 44% de las personas sobre el planeta no sabían leer y escribir; ahora son sólo el 15%, según datos de la OCDE y la UNESCO. Además se está cerrando la brecha entre la educación que reciben los hombres y las mujeres de todo el mundo. En España cicatrizó en 2005. Muchos de estos datos provienen de la web Our World in Data, un proyecto que recopila indicadores para mostrar cómo están cambiando las condiciones de vida de las personas en todo el mundo.

Desde los años ochenta se han reducido las guerras. La violencia retrocede: en las sociedades agrícolas causaba alrededor del 15% de todas las muertes, según el pensador israelí Yuval Harari, autor de Sapiens. De animales a dioses. Durante el siglo XX provocó el 5% y hoy sólo es responsable del 1% de la mortalidad global.

Por qué no vemos este progreso.

Si los datos muestran mejora, ¿por qué existe la percepción de que empeoramos? Hay muchas respuestas. Todas correctas y ninguna completa. La primera es que somos más críticos, mucho menos tolerantes ante los errores e injusticias del sistema. Nunca antes la humanidad había sido tan exigente consigo misma. Cosas que hoy nos parecen intolerables eran la norma: en 1980, el 54% de los españoles pensaba que ser homosexual era injustificable (esa cifra ha bajado hasta el 8%). Esta exigencia nos hace sentir que no mejoramos (o que, al menos, no mejoramos lo suficiente).

Johan Norberg añade otra respuesta: «Tenemos mejor acceso a las noticias y a la comunicación que nunca. Y en los medios, las malas noticias son las que venden. Nos enteramos de alguna mala noticia o algún nuevo incidente cada minuto. Los desastres y las tragedias no son algo nuevo, pero los móviles y las cámaras sí lo son. Y esto hace que nos dé la impresión de que esos horrores son más frecuentes de lo que eran».

Steven Pinker coincide: «Mientras el número de incidentes o desastres no baje hasta cero, siempre habrá alguno para publicar. Cada cosa que sucede es tremendamente visible hoy en día». Así, las crisis económicas y de migrantes, los horrores del ISIS o el yihadismo (París, Bruselas, Estambul…) han entrado casi a diario en nuestros hogares a través de muchos y muy diversos canales. Hoy en día seguimos al minuto un golpe de Estado en Turquía mientras terminamos la cena. La percepción, el poso final que queda por culpa de estas tragedias, es que hemos alcanzado cotas de horror inéditas. Los datos —que dicen lo contrario— quedan sepultados bajo la oleada de malas noticias.

A todo esto cabe sumar otro factor: la nostalgia. «Cuando la gente piensa en «los buenos tiempos», se retrotrae a la época en la que crecieron, una época en la que no tenían que pagar facturas, no tenían hijos ni responsabilidades», explica Norberg. Quizás lo que añoramos no es el mundo de nuestra juventud sino nuestra juventud misma.

Hay una última teoría planteada por algunos científicos y que, grosso modo, defiende que no estamos hechos para ser felices. La evolución nos dotó de una biología que nos impide estar absolutamente satisfechos, porque así nos mantiene activos, curiosos, despiertos y ambiciosos.

Arma para los políticos.

El debate entre percepción y datos no pasaría de eso, de un debate, si no fuera porque la creencia de que el mundo empeora se usa con fines políticos. Si el mundo empeora, mejorarlo exige cambiar el sistema (aunque el sistema, o partes del mismo, siempre según los datos, nos hacen ir a mejor). Quien se oponga a cambiarlo todo será alguien que se opone a frenar el empeoramiento del mundo. Es decir, un egoísta, un inmoral, o un irresponsable. O todo a la vez. «Los políticos populistas nos quieren asustados y difunden mitos sobre amenazas inmediatas para nuestra supervivencia y modo de vida. Porque saben que la gente asustada quiere construir muros y votar a hombres fuertes que prometen mantenernos a salvo», reflexiona Norberg.

¿Qué pasa con la crisis? Muchos políticos esgrimen la crisis como evidencia de que vamos a peor. Y, en cierto modo, tienen razón. En España parece aventurado decir que vivimos mejor que en el año 2005. Este país atraviesa la crisis más grave en décadas y ha retrocedido en los últimos años debido al bache económico. Pero eso no implica que, en términos generales y a largo plazo, estamos empeorando. El PIB por habitante está al nivel de 2004. Pocos indicadores nos han devuelto más allá de 2000 y muchos no han dejado de mejorar. Se trata de alteraciones puntuales —que provocan sufrimiento a miles de individuos, claro—, pero que forman parte de un proceso que abarca siglos.

Lo explica Pinker: «Hay periodos de subidas y bajadas, que, en general, no llegan a alterar una progresión sostenida. Por ejemplo, la tasa de crimen en Estados Unidos creció un poco el año pasado con respecto al anterior, pero en general la tendencia en global es de descenso. Otro ejemplo: la cifra de muertos por guerras aumentó tras 2011, debido a la guerra de Siria, pero siguió siendo mucho más baja que en los 50, los 60, los 70, los 80 y los 90».

Al pensar en la crisis, además, solemos olvidar que el mundo no es sólo Occidente. Mientras Europa y Estados Unidos padecían la recesión, en otras partes el progreso no sólo no se detuvo sino que se aceleró. Entre 2005 y 2013, en el conjunto del planeta, la pobreza extrema se redujo a la mitad. La esperanza de vida aumentó en 3 años y se redujo la mortalidad infantil en todos los continentes.

La paradoja de la desigualdad.

Por supuesto hay peros, asteriscos que poner al progreso sostenido de la humanidad. Uno es la desigualdad. Las diferencias han aumentado en muchos países ricos, como Estados Unidos, Alemania o Suecia. En el caso de España, ese aumento ha hecho que sea uno de los países con rentas más desiguales de la UE.

Pero de nuevo se antoja necesario mirar fuera de nuestras fronteras. Si lo hacemos veremos que la desigualdad global no crece, sino que se reduce. El motivo es que millones de personas en China, India y otros países han escapado de la pobreza. «Los pobres se están enriqueciendo más rápido que los ricos», explica Pinker. Según cálculos de Tomas Hellebrandt y Paolo Mauro, en un trabajo para el Peterson Institute for International Economics, la desigualdad de renta se ha reducido de 69 a 65 puntos entre 2003 y 2013. Las diferencias entre ricos y pobres globales son muy grandes, pero se están estrechando.

Además la relación entre desigualdad y pobreza ha cambiado. «La desigualdad aumenta porque los ricos tienen más sin que esto —y por primera vez en la historia de la humanidad— suponga que los pobres tengan menos», explica el economista Branko Milanovic, autor de Los que tienen y los que no tienen (Alianza Editorial) y Global inequality: A new approach for the age of globalization. «La riqueza puede crecer sin que afecte a la subsistencia de gran parte de la población». Durante siglos no hubo crecimiento y, por tanto, la riqueza de unos era la pobreza de otros. Esto ya no es así.

«Hay otro punto», añade Johan Norberg. «La desigualdad se suele medir sólo en dinero, pero hay más ángulos. Bill Gates es diez millones de veces más rico que tú, ¿pero su vida es diez millones de veces mejor que la tuya? No lo creo. Sí, tiene un avión privado, pero probablemente use el mismo móvil que tú y el mismo ordenador que tú. Y seguramente no vivirá 30 años más que tú y no tiene un 99% menos de probabilidades que tú de que sus hijos mueran antes de los 5 años. En cosas no económicas es posible que haya más igualdad. Por ejemplo en educación o acceso sanitario».

Pinker aún va más lejos: «La desigualdad económica no es un un problema fundamental; la pobreza lo es. Si las personas están más sanas, bien alimentadas, y disfrutan sus vidas, no importa cómo de grande sea la casa de J. K. Rowling. Y las tasas de pobreza global están cayendo».

Pero ¿qué es mejorar?

Pongamos el ejemplo de una tribu del Amazonas que hace 100 años vivía en medio de la jungla sin que nadie ni nada perturbara su existencia. El año pasado una empresa maderera acabó con su hábitat. El mundo, tal y como lo conocían, ha acabado de forma traumática para ellos. ¿Cómo aseverar que para esta tribu el mundo ha progresado? No existe una concepción irrefutable sobre lo que se considera progresar. Es indudable que vivimos más, hay menos pobreza, más confort y menos violencia. ¿Pero somos más felices?

Algunos pensadores como Yuval Harari plantean este debate. ¿Es más feliz hoy un minero de Siberia que un cazador-recolector de hace veinte mil años? Resulta imposible saberlo. Un acuerdo para medir si la humanidad ha progresado es saber si hemos mejorado en los parámetros que exigimos para ser felices. Es decir, si nuestros gobiernos nos van concediendo lo que les llevamos siglos pidiendo: buena salud, educación, confort, tiempo de ocio, libertad. Sucesivos estudios han observado que, en general, los países donde tienen estas cosas las personas se dicen más felices, consideran que han progresado.

Como especie, como civilización, como mundo, hemos avanzado hacia lo que consideramos progreso, hacia lo que hemos perseguido y entendemos como un mundo mejor. Seguimos lejos de un mundo perfecto o ideal, si es que existe. Pero los datos nos dicen que, a pesar de percepciones —interesadas o no—, avanzamos por el buen camino. Aunque cueste creerlo, aunque falte mucho por andar.

Publicado por Other News.

Nuestro comentario:

Jorge Aniceto Molinari.No voy al examen riguroso de los datos (pueden analizarse diferencias y tal vez alguna sea importante) sino a los conceptos que son en este caso los que si me interesan.

Existe una percepción generalizada de que el mundo va mal, y que por lo tanto una de las conclusiones lógicas es que el capitalismo debe caer, y para ello se valora erróneamente lo analizado en los estudios de Marx, Engels, Lenin…

Todos los modo de producción han hecho su aporte al progreso humano, y su ciclo es de nacimiento, desarrollo y muerte, ¿Cuál es la etapa actual del modo de producción capitalista?: no tengo dos respuestas válidas, tengo una sola: estamos en la etapa en la que la predominancia del modo de producción debe morir y dar pasos transitorios hacia un nuevo modo de producción y la nota no tiene elementos para contradecir esta afirmación.

¿Esto es producto de que los números del mundo dan mal?: No, los que sí comienzan a pesar son los números del capitalismo que sí dan mal. Seguramente el autor de la nota no debe formar parte de ninguno de los enormes grupos humanos que hoy sufren las consecuencias de la situación actual, y para los cuales no cabe un juicio aséptico con respeto a la realidad.

Aclaremos el capitalismo es un sistema competitivo en el que el estado simultáneo y combinado de ascensos y quiebras de diferentes organizaciones empresariales está en su naturaleza (en su ADN como se dice ahora). Siempre hay alguna crisis, salvo que ahora la crisis general (que siempre se ha correspondido a grandes ciclos históricos) tiene un contenido y una característica ya irreversible, abarca a toda la sociedad y está para asimilar lo que el capitalismo ha generado y ahorrar tragedias humanas, necesita superarlo. Aclaremos una vez más: esto no supone el fin del capitalismo, sí el de su predominancia, el capitalismo como modo de producción en su declinación se sobrevivirá años, como ha venido ocurriendo con los modos de producción anteriores. La extensión e intensificación de la guerra –como anuncio siempre de hechos transcendentales– lo corrobora. (Este dato está ausente en la nota que comentamos).

No son motivo de este nuestro comentario cuales son en nuestro concepto las medidas de transición necesarias para poner fin a la predominancia capitalista, seguramente ya tendremos oportunidad de volver una vez más sobre el tema.

Esto podríamos completarlo con el dato del aumento del endeudamiento general en permanente crecimiento de los Estados y también de las personas y el aumento exponencial de los llamados paraísos fiscales.

Por si fuera poca la confirmación a lo estudiado y escrito por Marx, digamos que no se trata de crear un «modelo» alternativo que «compita» con el capitalismo sino el de desarrollar imponiendo la PAZ, las medidas de transición necesarias para la muerte de su predominancia. Son estas precisamente, «las medidas de transición», las que a la izquierda le están impidiendo por ahora un acercamiento al pensamiento de Marx, de Engels, de Lenin, por citar si duda a los más destacados, al no poder definirlas y perderse en consideraciones reformistas, estatistas e inda mais. El árbol no les está permitiendo ver el bosque. O dicho de otra manera, por el falso dilema de reforma o revolución, con el que se etiquetó la crisis de la socialdemocracia europea, previo a las guerras mundiales en que se diferenciaron los que votaban los créditos de guerra para sus gobiernos, de los que intervenían para denunciar el carácter de la guerra y generar acciones como la revolución rusa para imponer la paz.

Un comentario más, dicho si se quiere con ironía: este tipo de análisis que estamos comentando es muy común en la izquierda actual cuando se accede a posiciones de gobierno.

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo, 6 de febrero de 2017.

Sólo le pido a Dios…

Sólo le pido a Dios…

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

Mundo manos.«Sólo le pido a Dios
Que la guerra no me sea indiferente
Es monstruo grande y pisa fuerte
Toda la pobre inocencia de la gente».

Jorge Aniceto Molinari.El mundo está en guerra –y se extiende–, el capitalismo como modo de producción predominante ya no puede vivir sin ella, forma parte de sus cálculos y previsiones presupuestales.

A menos que lo mejor de la humanidad se una para poner fin a esa predominancia, cosa que hoy aparece como muy difícil –la falta de voluntad política, el atraso ideológico, la falta de rigurosidad científica en los análisis políticos, el egoísmo individual o de grupos que pretenden preservar privilegios frente al resto de la sociedad– sin embargo desde el punto de vista tecnológico la humanidad está en condiciones de abordarla en un muy corto, cortísimo plazo. Cubrir este desfasaje puede ser crucial, por eso todo esfuerzo vale para poder salir de la prehistoria y en el tránsito ingresar en la construcción de una sociedad superior.

Lo más terrible aún, es comprobar que hoy nos hacen vivir con las consecuencias, como si se tratara la violencia, simplemente e inconscientemente de un dato de la realidad. Las destrucciones, los bombardeos, las migraciones, los desplazamientos de miles y miles de seres humanos, muertes y vejaciones de todo tipo, la droga, el lavado de dinero, las acciones mafiosas, que consciente o inconscientemente se van trasladando a lo cotidiano de la información y a una forma de vida de convivencia con la violencia. Y no hay población de algún Estado que de alguna manera no lo esté sufriendo.

Si a eso le sumamos la sensación basada en los hechos reales del deterioro del sistema para proveer de trabajo digno, tenemos en si un coctel explosivo.

¿Qué es lo que no cabe en el razonamiento predominante?: de que ya no hay naciones imperialistas, si existen Estados gendarmes que cumplen la función que les asignan los conglomerados empresariales multinacionales en pugna por la tasa de ganancia en permanente agostamiento. Además de endeudarse lo que si hacen los Estados con mayor aparato productivo –y una larga historia de siniestro Imperialismo– es envilecer su moneda e imponerla a los pueblos aprovechando, particularmente en este caso la debilidad ideológica de la izquierda que aún esgrime el argumento de la soberanía monetaria y que es para la derecha un medio presupuestal nacional de bajar el nivel de vida de la gente mientras no se les vuelva inmanejable, como ya ha empezado a ocurrir. Un ejemplo es la Argentina de Macri, e incluso la Venezuela de Maduro al serle ajeno el control monetario. Son ejemplos significativos que aparecen en las antípodas ideológicas.

Entonces la radicación de la industria de guerra no depende del enfrentamiento entre naciones, y de ninguno de los tipos de confrontaciones de distinto origen, sino de la rentabilidad de este sector indicativo de la industria capitalista, que además no se puede explicar en la necesidad de los intereses nacionales de los Estados, que están aumentando permanentemente su endeudamiento y a la vez agravan la crisis en la prestación de servicios elementales para su propia población. El llamado fenómeno Trump tal vez sea una explicación por la inversa, como si existirá una inercia referida a la historia anterior del capitalismo. Trump habla además de no involucrase en guerras que no le sean rentables, como si pudiera elegir esa eventualidad.

El repliegue a las fronteras nacionales (veremos cuanto de verdad hay en esto) que comparten Trump e izquierdas (clásicas y de las otras), hace que la consigna de la paz, fundamental en la revolución bolchevique y origen de la crisis de la socialdemocracia europea (votan los créditos de guerra a sus respectivos gobiernos) en el proceso de la primera guerra mundial, hoy solo esté a cargo del Papa Francisco, de Mujica en la ONU en setiembre del 2013, y de Juan Manuel Santos al recibir el premio Nobel de la Paz, no son los únicos, pero si se destacan haciendo un centro en ello en ocasiones puntuales. Cabe destacar que esta fue la preocupación fundamental del revolucionario cubano Fidel Castro en sus últimos años de vida.

La industria de guerra –otrora dinamizadora de las economías nacionales– ya no es nacional sino multinacional y hoy su curso alimenta no los presupuestos nacionales por las conquistas económicas, si que por el contrario es el pretexto para una asignación de recursos por encima de las necesidades de los pueblos haciendo mella también en los presupuestos de aquellas naciones con aparato productivo más desarrollado. Las deudas y los paraísos fiscales crecen sin solución de continuidad como si no tuvieran límite, nosotros estamos convencidos que si lo tiene, y por ello no vacilamos en plantearnos primero una política de paz, luego el manejo de dos herramientas claves, la moneda única y universal, un sistema impositivo, también universal, basado en la circulación del dinero, eliminando los impuestos al consumo, al trabajo y a las pensiones y dando muerte a los paraísos fiscales, ninguna operación en el planeta puede ser válida sin el registro que la sociedad determine. También sabemos que para ello necesitamos en primer lugar de la unión de los trabajadores del mundo, para hacer realidad aquello de que su patria es la humanidad toda, como era el objetivo de la Primera Internacional, durante la conducción de Carlos Marx y Federico Engels. De ahí la necesidad del giro en la conducción política de Estados, partidos y sindicatos, donde la clase obrera pueda hegemonizar una conducción en la cual se reconozca lo mejor de la humanidad. Debemos confesar que cuando la intervención de Mujica en la ONU, pensamos que el giro comenzaba a darse, pero luego vino el silencio, y otra vez a esperar pacientemente a que el topo haga su trabajo.

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo, 2 de febrero de 2017.

Bienvenido ¿o no?, a la crisis: Presidente Trump.

Bienvenido ¿o no?, a la crisis: Presidente Trump.

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

Jorge Aniceto Molinari.La crisis omnipresente abarca como el capitalismo prácticamente todo el planeta. Sus desequilibrios son el comentario diario en el quehacer político de cada Estado, un mundo de relativas sorpresas como esta elección en Estados Unidos.

¿Qué es lo que con ello se intenta generar, como en este caso?: en primer lugar un proceso de cambios en el aparato económico de la sociedad. Si bien hoy en los análisis más importantes se reconoce la gobernanza, en medios de sus disputas, de los conglomerados empresariales multinacionales; en los Estados quedan los aparatos económicos nacionales, y son ellos los que dan la batalla en el primer frente de acción de los partidos políticos. Nadie ignora que son estos conglomerados multinacionales los que más aportan e imponen, en costosísimas campañas electorales y que los aparatos reaccionan buscando agradar a esas exigencias. Algo de esto hemos visto en un Partido Republicano despegado de la candidatura Trump, cuando ésta de alguna manera expresaba la voluntad del empresariado de EE.UU. de mejorar las condiciones en las que hoy lo ubica la crisis, con un Estado terriblemente endeudado incapaz de abordar necesidades elementales, más aún los apetitos empresariales. No estamos definiendo fronteras nítidas entre una cosa y la otra, porque además todo el marasmo de notas sobre el tema poco o nada contiene sobre la relación económica de Trump con todos estos mecanismos. Además, el sistema electoral de EE.UU., facilita este tipo de resultados.

Cuando los aparatos económicos nacionales sin ninguna independencia posible frente al desarrollo económico del mundo, se sienten ahogados se facilita este tipo de maniobras, en similar sentido es lo que ha venido ocurriendo, por ejemplo en Brasil, donde el retiro del apoyo del aparato económico al PT, ha dado paso a un proceso de retroceso en el que la propia burguesía se siente insegura. O el caso argentino donde los números cada vez cierran menos. Conclusión, si el marco para estos cambios ha sido «democrático» su fracaso va camino de hacer «a peligrar» la democracia, juicio que suena fuerte dicho por Dilma pero que es real, más allá, precisamente por eso, de que no haya una respuesta política viable, al menos que se pueda proyectar en el futuro.

Trump arriba a la Presidencia en medio de esta realidad, más producto de los errores del actual Partido gobernante, que a sus propios méritos e ideas que tienen un campo estrictamente acotado para llevarse a la práctica.

Acá algunas reflexiones: los errores del actual Partido gobernante son particularmente los que comenten intelectuales de primera línea en todo el mundo, en no visualizar la crisis en su conjunto y apelar siempre a soluciones paliativas –algunas veces necesarias pero que son paliativas– a los que siempre hay que agregar los oportunismos de una lumpen burguesía que en cada país tiene características propias, insaciables y con la característica de acompañar prácticamente a todo el espectro político.

En cuanto a meritos e ideas, es como pedirle a Trump que razone distinto a como razonan Macri, Temer, Rajoy o el propio Putin,… etc., etc. Tienen en común un abanico de necesidades empresariales, que les complican las propias necesidades del funcionamiento del aparato económico del Estado.

Es poco lo que gobiernos como el de Trump, si uno ve la realidad de hoy, pueden modificar, pero es una «gotita» más que acumula en una realidad insostenible, si aumenta, la preocupación por la paz porque son gobiernos que están caminando por el pretil.

El de generar la voluntad política que aborde la crisis con el concepto de que hoy la humanidad ya tiene las herramientas para superarla rápidamente, sigue estando en el debe, apenas si las insinuó Mujica en la ONU en setiembre del 2013, y luego el silencio: «de eso no se habla».

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo, 10 de noviembre de 2016.