De 1999 al 2019.

De 1999 al 2019.

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

Para las elecciones nacionales en Uruguay del año 1999, AEBU1 dio forma a un documento sobre la situación del sistema financiero al que llamó «sistema financiero un asunto de Estado» y con él hizo una intensa campaña de difusión ante los candidatos, ante la sociedad y sus Instituciones representativas.

Tal vez el resultado más importante de esa campaña fue que el Cr. Enrique Iglesias, en ese entonces Secretario General del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) invitó a las autoridades de AEBU a exponer su posición ante el Directorio de esta Institución en Washington y también ante autoridades del Banco Mundial. Era un hecho nuevo, no acostumbrado, inusitado, que el gremio bancario se había ganado por la responsabilidad de sus dirigentes y por los antecedentes del propio gremio en su actuación cuando la crisis de 1965 (quiebra del Banco Transatlántico), en ese tiempo con la conducción de un núcleo destacado de dirigentes entre los cuales se distinguía Carlos Gómez, el flaco Gómez como lo conocíamos, en una huelga que fue del 22 de abril al 11 de Mayo de ese año, logró defender a los trabajadores y a los ahorristas; culminó con una ley que aprobó el Parlamento Nacional, un verdadero triunfo social.

Además el rol de AEBU y del gremio bancario en los años de la llamada dictadura cívico-militar fueron ejemplares, tal vez porque el prestigio ganado en la resolución de la crisis financiera de 1965, le daba credenciales que a los fascistas les era difícil ignorar, reflexionamos que esto sería muy bueno y necesario para un material a recopilar y dar forma por parte de los historiadores, para entender lo que realmente pasó en el país. Pendiente además en el aprendizaje de las nuevas generaciones.

Ya en 1999 y con la experiencia anterior, los nubarrones de una crisis del sistema financiero preocupaba a todos. AEBU realizaba particularmente a través del principal dirigente del sector de la banca privada un cuidadoso monitoreo de la situación. Juan José Ramos como antes Carlos Gómez tenían un dominio, un conocimiento profundo y completo del sistema en donde le tocaba a actuar a su gremio.

Ante la invitación del BID viajaron a Washington este dirigente: Juan José Ramos, el Presidente del sindicato Eduardo Fernández, el Presidente del sector Banca Oficial: Ángel Peñaloza, un asesor, el Cr. Julio Fornaro, Gustavo Weare y Leonardo Di Doménico, como representantes de las corrientes de opinión minoritarias en el Consejo Central de ese entonces, manteniendo el criterio histórico del sindicato de que todos estuvieran representados y comprometidos con los pasos que el gremio daba.

El hecho no pasó desapercibido aún cuando la prensa no lo reflejó. Pero el espaldarazo que la dirección del BID dio a AEBU, permitió sin dudas que el sindicato estallada la crisis del 2002 y con el aval del Presidente de la República (a pesar de la gravedad de la crisis y de la imprevisión del Gobierno, fue una suerte para el país que el Presidente fuera Jorge Batlle, pues ante la posibilidad cierta de su renuncia y el de avalar la acción de un sindicalista, prefirió esto último) y el timón en economía de Alejandro Atchugarry tomara directamente las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional y condujera la crisis salvaguardando los intereses de trabajadores y ahorristas a la vez que permitiera al país continuar sin quiebre con su vida democrática, que en el 2005 ya significaría un cambio de enorme trascendencia.

En el 2002, las crisis que se venía produciendo tenía determinados epicentros y la tarea de los organismos financieros internacionales era conjurarlas, y dependía del carácter de las negociaciones que sus consecuencias fueran asimiladas por sectores menos pudientes de la sociedad. La banca y los banqueros se reacomodaban y seguían su camino, en medio de las desventuras de la gente.

Cuando AEBU hace el documento que mencionamos en 1999, apuntando a las elecciones nacionales, era evidente la preocupación porque el grueso del ahorro nacional marchaba hacia el exterior sin lograr una política de inversiones en el país, y en esos eventos tenía un peso enorme la evasión y elusión impositiva que tenía su origen en Argentina y venía por refugio o por una posible escala por Uruguay, con otro destino: los paraísos fiscales.

Algo ha cambiado para bien en nuestro país, no así en la Argentina, lo que es sin duda un elemento de preocupación.

Hoy a casi 20 años la situación tiene en principio en el Uruguay una base distinta, hay inversiones y un ahorro con respaldos que no existía en ese entonces. Pero… la crisis es sustancialmente diferente y amenaza a todo el sistema, lo que se llama la generalización de las incertidumbres.

La crisis actual es infinitamente más grave que la que se vislumbraba en 1999, con una característica muy particular y es que detectado un foco inmediatamente corren los organismos financieros internacionales a tratar de paliar la situación, y con ellos hoy el análisis profundo del sistema está prácticamente bloqueado. Los ejemplos actuales de Francia y Argentina son más que ilustrativos.

Hay una permanente acumulación de desequilibrios, con el agravante de que quienes los analizan, se autoimponen un límite que inexorablemente también los bloquea.

Eso también está pasando en AEBU, claro se nos podría decir que la diferencia es que hoy ya no alcanza con analizar «lo nuestro». Es necesario tener un enfoque universal que la izquierda y el movimiento popular han ido perdiendo con el triunfo en su seno de las corrientes estatistas que se inició con la derrota de Lenin en 1924.

Los «chalecos amarillos» en Paris son un síntoma, no son un programa. Ahora no son sólo ellos, también en última instancia, el propio Trump, o Bolsonaro también lo son.

Macri por ejemplo, sin tanto escándalo utilizó lo que ya se venía realizando con el dólar «blue», para bajar radicalmente el valor de los salarios y la pensiones atribuyéndoselo a un avatar de la economía y no a una medida premeditada que hizo a los ricos más ricos y a los pobres más pobres y numerosos.

AEBU en 1965 y en 1999, trabajó una salida con la sociedad uruguaya que ya contaba con una centralización sindical y política que fue gestando instrumentos muy potentes que hacen de nuestra sociedad un ejemplo.

Sin embargo, es imprescindible romper el bloqueo ideológico y comenzar a elaborar salidas que ya no alcanzan con el marco de las fronteras nacionales. Necesitan ser planteadas al mundo.

Todos sabemos que las emergencias que atienden hoy los desequilibrios van a llegar a un punto en el mundo en que su gestión va a ser infructuosa.

No somos agoreros de la catástrofe. Por el contrario, estamos convencidos de que organizada la voluntad política las medidas programáticas a adoptar y en medio de un formidable avance tecnológico se van a poder instrumentar rápidamente.

Pero así como en 1965 y 1999, se trabajó la voluntad política y alcanzaba con los marcos nacionales, hoy es necesario que lo que en 1999 tuvo su eco en el BID dirigido por el Cr. Iglesias también lo tenga a nivel de propuesta en todos los organismos multinacionales.

Tómese esto desde la modestia de mi opinión como un llamado a la acción, siguiendo la trayectoria de aquellos gigantes del sindicalismo como fueron Carlos Gómez y Juan José Ramos.

Y también como un reproche hacia los historiadores que en AEBU, los hay y muy buenos, que están en mora en la realización de trabajos que relaten estos acontecimientos, para abonar los desarrollos que necesariamente tendrán que venir y necesitan de la compresión más plena de lo vivido.

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo, 10 de Diciembre de 2018.

Nota:

1AEBU, gremio en Uruguay de los trabajadores del sistema financiero, integrante activo de la Central de Trabajadores desde su fundación en 1966.

Atraso cambiario.

Atraso cambiario.

Trataremos de opinar, corriendo el riesgo de ser censurados (no me refiero a esta columna donde tenemos libertad para hacerlo), sino a una tendencia general en la sociedad –que empecinadamente tratamos de quebrar– de no ir al análisis a fondo de los problemas.

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

Símbolos de la libra esterlina, dólar estadounidense y euro.Qué nos hace añorar algo que no vivimos (como dice alguna canción, que no hay dolor mayor que añorar lo no vivido), donde nos dicen que en los viejos cafés montevideanos –en los inicios del siglo 20– había tertulias donde el debate era permanente, y no había temas vedados.

Hoy cada uno de nosotros decimos lo nuestro y basta, cuando lo necesario y más en un periodo de crisis profunda generalizada en la sociedad humana, es profundizar en los conceptos, debatir y buscar empecinadamente salidas a situaciones que hacen cada vez más pronunciada la fractura social, que afecta no sólo a un sector de ella, que lleva la peor parte, sino al conjunto del convivir humano que aunque haya gente que trata de disimularlo, afecta inexorablemente a todos, y particularmente a la psiquis humana. Uruguay es un país de algo más de 3 millones de habitantes y casi 11.000 presos. Resultante de algún modo del deterioro empresarial del trabajo y de la cultura del trabajo. Apenas un bosquejo, en un índice, del deterioro de la sociedad global en todos los aspectos de la vida, y que el mundo ya conoció, pero a un nivel menor al actual, en el proceso previo a la segunda guerra mundial o antes en los años previos a la primera guerra mundial.

Hemos afirmado que en esta fase del desarrollo de una crisis irreversible del capitalismo, los dos puntos fundamentales para asumir la tarea de ayudar a la predominancia del capitalismo a morir en paz, son la moneda y los impuestos. Somos de los que pensamos que cada modo de producción cumple su ciclo histórico y luego comienza a perder su predominancia, a ser cuestionada y con el correr de los años a desaparecer, como por otra parte ha ocurrido con los modos de producción anteriores.

Son los dos puntos insinuados como centrales por Mujica en la ONU en setiembre del 2013. Por supuesto que no desconocemos que a la casi totalidad de los «analistas», el manejo de estas herramientas –dándole importancia– las consideran irrelevantes para transformar una realidad que de acuerdo a la educación que han recibido sólo piensan que se transforma en la confrontación de sistemas –dura herencia del stalinismo y de la derrota de Lenin en 1924–.

Hoy se vuelve a hablar de «atraso cambiario» que es la forma de definir por parte de un sector de la economía, de una solicitud de subsidio encubierto, bajo la forma de devaluación monetaria, que carga sobre el conjunto de los sectores desprotegidos de la sociedad que no tienen forma de cotizar su trabajo en la misma moneda que se cotizan las exportaciones.

Para las inversiones que tienen su origen en los capitales multinacionales, que no tienen patria ni fronteras, la moneda es una noticia para regular sus inversiones, pero su interés va directamente a las cargas impositivas nacionales, y ni siquiera a los salarios, pues sus cargos mejor remunerados ya pertenecen a un sector que manejan las empresas que se encargan de los asesoramientos y asumen las tareas más importantes. Los salarios son una carga que la tecnología se encarga permanentemente de relativizar. A ellos no los afecta el llamado costo del Estado, que es una variante de lo que nos gusta llamar costo de la Democracia, tienen además Estados para elegir. Esa grosera contradicción entre el costo del Estado y el costo de la Democracia, seguramente será motivo de próximas notas.

El problema es entonces para los empresarios nacionales, las medianas y pequeñas empresas que viven las vicisitudes del mercado y de la propia vida de su gente. Alguno de sus voceros calificados entonces nos explica lo que para él es «el atraso cambiario», que se resume en una frase: –trabajo bien, pero no puedo competir y necesito ayuda, corro el riesgo de ser inviable– y lo grave es que se lo piden a un presupuesto general de la nación basado en un 60% a los impuestos al consumo, otra parte importante en impuestos a salarios y jubilaciones con algún nivel adquisitivo, porque es en definitiva donde terminan todas las reclamaciones económicas y porque es ahí de donde el gobierno toma los recursos para timonear la economía, la moneda propia y el Presupuesto General del Estado (a dónde van los reclamos del 6% del PBI para la enseñanza, los recursos para la salud, para la seguridad, para la vivienda, etc. etc.).

Otro ingrediente traumático junto al reclamo de envilecer la moneda, es contra los controles bancarios, que obligan a sincerar las relaciones económicas y hacen más directa la imposibilidad de evadir aporte fiscales a la Dirección General Impositiva y al Banco de Previsión Social y sin duda que en ese marco los empresarios «nacionales» corren en desventaja frente al inversionista multinacional.

El Ministro Astori ha reafirmado algo que la realidad confirma todos los días: la crisis en el número de empleos, los mayores generadores además del Estado, son los medianos y pequeños empresarios, y entonces el coctel está completo. Las multinacionales hablan otro lenguaje, el de la aplicación de la tecnología, que aprovechan plenamente, y que nadie puede soñar en frenar. Como por ejemplo Trump que trata de estimular la industria yanquee sobre la base de la alta tecnología, moviendo el mercado interno de capitales pero sin resolver la crisis en el número de empleos –particularmente en la calidad de los mismos–, y que en el tiempo agravan la crisis, pero hoy con el impulso a la industria de guerra algo desahoga, como para ir tirando.

Ninguna de las fuerzas políticas de las que actúan en el país, tiene una solución programática para el problema. (Y cuando decimos todas, son todas). Actúan sobre las desventuras de quienes gobiernan y tienen que atender un aparato político en democracia que cada vez está más acotado por las urgencias sociales, aun cuando el Uruguay ha venido con su economía en crecimiento.

El «gasten e inviertan» del periodo de Mujica, no ha sido bueno a la hora de calificar para los cuadros gobernantes; pues las tecnologías de punta son por ahora una reserva inexpugnable de los complejos empresariales multinacionales, lo que no quiere decir que lo sea en el futuro. La inteligencia humana no está atada a un modo de producción en particular pero si vive todas las contingencias del que predomina.

Aún así la comparación con otros gobiernos favorece al nuestro, pero la perspectiva no es buena, porque la crisis global se profundiza, y el motor del aparato económico ya no es alimentado por una rentabilidad basada en atender las necesidades de la sociedad, ahora, por el contrario, esa crisis se refleja en el aparato financiero que inventa uno y mil recursos para tratar de mantener la tasa general de ganancia. Hasta se molesta por la venta regulada, fuera del narcotráfico, de la marihuana en el Uruguay. Y aún hoy su mayor ganancia está en lo que circula por fuera de la órbita formal de los Bancos, y que los Bancos monitorean en su pasaje a la «formalidad», y en ello seguramente hay operaciones santas y nonsantas.

Uno de esos instrumentos es precisamente el juego de las monedas, donde ya no queda una sola moneda en el mundo que esté relacionada con el aparato productivo del país que la emite.

Hoy nadie puede demostrar que la soberanía monetaria sea necesidad de algún Estado o zona en el mundo. Se usa muy generalmente como un instrumento que beneficia a sectores determinados para precisamente beneficiarse por ese medio de las penurias populares.

No sabemos cuál es la causa, de que gobernantes que han llegado a plantear una necesidad universal como es la medida monetaria única, luego no hayan insistido en el tema y no tengan propuestas para avanzar en la medida en las reuniones internacionales. En nuestro país el ex Presidente José Mujica lo llegó a plantear en la ONU en septiembre del 2013.

Un aspecto más del problema pero que no cambia la esencia del mismo: los instrumentos bancarios, y las monedas digitales.

La moneda nace en la historia de la humanidad, como una mercancía más, necesaria, para permitir el comercio y su desarrollo ha ido en el mismo sentido, aún cuando su emisión ha sido utilizada en forma oportunista por sectores económicos que la han utilizado para hacer valer su ubicación privilegiada en los aparatos burocráticos de los Estados.

La moneda digital acelera estas contradicciones y pone a la humanidad en camino de que con el dinero necesite como con el kilo, el metro o el litro, llegar a una medición universal.

Ahora no sólo facilita las mediciones sino que permiten pensar que debe nacer un nuevo sistema impositivo sobre la base de la circulación del dinero, dando muerte a los paraísos fiscales, a los impuestos al consumo, al salario y a las pensiones.

Una fuente de recursos para que la humanidad aborde una nueva organización del trabajo, para abordar las obras en materia de educación, de salud, de cultura, de vivienda que hoy a la predominancia del modo de producción capitalista en el marco actual ya no le son rentables.

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo, 11 de septiembre de 2017.

Bancarización.

Bancarización.

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

La crisis irreversible del modo de producción capitalista es reconocida como tal cada vez más; luego del discurso de Mujica en la ONU en setiembre del 2013, pensamos en un primer momento en que se aceleraba una nueva etapa donde el neoliberalismo –hasta ahora última fase del desarrollo de la predominancia del capitalismo– podía ser derrotado en un tiempo relativamente corto.

No nos impacientemos, aún falta, la puja de la humanidad por tener en sus manos conscientemente a la economía requiere más batallas y ganar a los actores políticos y a la gente en la compresión de cómo se dan estos fenómenos, que se diga claramente que se defiende por parte de cada quién, lo que debemos precisar como el objetivo de construir la voluntad política.

Esta nota de Marcelo Marchese, que reproducimos para facilitar el análisis, es una muestra de ello. A ella dirigimos nuestro comentario:


Inclusión financiera versus bancarización forzosa (el problema de las palabras).

Marcelo Marchese.

Rebelion.org. Logotipo.Rebelión. Jueves, 13 de julio de 2017.

El discurso del oficialismo a favor de la inclusión financiera promociona los eventuales beneficios que esta política brindará a los ciudadanos: más seguridad y mayor acceso a los créditos.

En esto, como en otras cosas, el oficialismo se identifica con quienes impulsan la bancarización a nivel mundial: «Algunas pruebas han demostrado que una mayor inclusión financiera no sólo acelera el crecimiento económico y el empleo, sino que también enmienda la desigualdad de ingresos y contribuye a la reducción de la pobreza1».

La cita anterior está tomada de un documento de la Alliance for Financial Inclusion (AFI), una alianza respaldada por el G20 y el Banco Mundial y financiada por Bill y Melinda Gates. Como se ve, esta cruzada mundial tiene un noble objetivo: «es el primer conjunto de compromisos mundiales y medibles por parte de formuladores de políticas públicas de países en desarrollo y emergentes para liberar el potencial económico y social de los 2,500 millones de personas más pobres del mundo, a través de una mayor inclusión financiera2». Gracias a Dios la AFI y el Banco Mundial y el G20 y Bill y Melinda Gates, desvelados por los miserables, quienes no pisan un banco ni en sueños, han diseñado una política para sacarlos de la pobreza, ello es, obligarlos a entrar en contacto con los bancos, quiéranlo o no.

Según la AFI, el 50 por ciento de la población mundial no está incluida (financieramente hablando) y entre estas gentes, el 86 por ciento se encuentra en los «países en desarrollo y emergentes». De acuerdo a lo dicho hasta ahora, el G20, el Banco Mundial, Bill, Melinda «y los bancos centrales y los formuladores de políticas y entes reguladores en materia financiera»que conforman la AFI, son una suerte de padres buenos en un cuento de hadas donde lejos de abandonar a sus hijos pobres en el bosque, los ayudan, es decir, los incluyen financieramente, pues desean liberar su potencial económico. Nada dice este cuento acerca de los beneficios que la inclusión financiera llevará a los «entes reguladores en materia financiera», sea lo que fuere que sea, y en todo caso nada dice sobre los beneficios que llevará a los bancos, una palabra mucho más entendible.

Ya se sabe que los cuentos de hadas, o los cuentos que fuere, se construyen pura y exclusivamente con palabras y se sabe que en ello es clave la elección y el orden de las palabras. Si el lector es un optimista de esos que piensa que vivimos en el mejor de los mundos posibles, le aconsejaría que abandone ya mismo la lectura y se dedique a una tarea más edificante, pues nosotros elegiremos otras palabras, las cuales serán ordenadas de manera diferente antes de arribar al final donde alguien se comerá las perdices.

Mientras el G20 y compinches utilizan la expresión «inclusión financiera», como si el lenguaje debiera cumplir la función de esconder la realidad en lugar de enunciarla, otros han preferido utilizar las palabras «bancarización forzosa» y casualmente, estos otros no han logrado ver los beneficios que la bancarización traerá a los pobres de los países en desarrollo y emergentes, a los cuales llaman «del tercer mundo», pero sí han visto cómo beneficiará a los bancos, y en menor medida, a los gobiernos.

Piense el lector en el beneficio que obtienen los bancos de sus clientes, la mitad de la población mundial, y piense que a partir de una serie de medidas en pocos años duplicarán su clientela, aunque sea con los más pobres, y piense que además multiplicarán quien sabe por cuánto su volumen de negocios, ya que casi todas las operaciones, sea la venta de una casa o el pago de un sueldo o tributo, se harán vía bancaria. Así que la banca verá que casi toda la población mundial realizará casi todas las operaciones comerciales por su intermedio, lo cual le acarreará inauditas ganancias y algo más: conocimiento y control, que redundarán, obviamente, en inauditas ganancias. Con estas medidas les brindaremos a los grandes banqueros más dinero, más conocimiento y más control sobre nuestras economías. Esto es lo más parecido al sueño de un banquero: saber el exacto beneficio que obtiene tal o cual rubro, tal o cual inversión, y esta información y este control no es que lo reciban gratuitamente, sino que pagaremos por darlos.

Digan lo que digan los autores de cuentos de hadas políticos, existe una ley ineluctable del capital: tiende a concentrarse. Con la bancarización forzosa esta concentración de riquezas, conocimiento y poder alcanzará niveles maravillosos y llegaremos un día al colmo de que el dinero será unos simples números, sin soporte físico, esto es, con mayor posibilidad de ser alterado o inventado, como si estuviéramos a las puertas de la era de la preeminencia de lo virtual y adulterable sobre lo real, el dinero electrónico sobre el dinero, el libro digital sobre el libro de papel, el contacto vía facebook sobre encontrase cara a cara, las palabras «inclusión financiera» sobre las palabras «bancarización forzosa».

Decíamos que amén del gran capital, los gobiernos se beneficiarán de la bancarización forzosa, lo cual es evidente desde que se hará casi imposible evadir los impuestos y los impuestos, se sabe, tienen dos características principales: 1. aumentan y aumentan y 2. interesan notablemente a los gobiernos. Así que el lector mal pensado, quien ni por un instante sospecha que vivimos en el mejor de los mundos posibles, puede creer una de dos cosas o las dos a la vez: 1. el gobierno que se autodefine de izquierda, aquel mismo que pretendía nacionalizar la banca y ahora, como dice el amigo Hoenir3, ha decidido bancarizar la nación, tomó este dudoso camino pues no es otra cosa, como todo gobierno, que un sirviente del gran capital, o, 2. lo ha tomado pues puede ejercer mayor control sobre el cobro de impuestos (mi opinión es que fue por las dos cosas, en una razón de un 90 por ciento la primera y un 10 por ciento la segunda).

Ahora bien, amigo lector, sólo me resta decir que nos dicen que vivimos bajo un régimen liberal, lo cual en cierto sentido es verdad y en otro es una abierta mentira y ahí volvemos al problema de las palabras vinculadas con la apariencia o la realidad. A la hora de dejar que las pasteras arrojen toneladas de basura a nuestros ríos, o de permitir que los pesqueros chinos vengan a arrasar nuestra fauna marina, el liberalismo campea por sus fueros, sin embargo, a la hora de permitir que alguien tenga derecho a fumar a doscientos metros de una escuela, o de que, al menos, paguemos nuestros impuestos como queramos (en este mejor de los mundos posibles hemos llegado al extremo de clamar por la mejor manera de pagar impuestos) o que compremos una casa o lo que sea sin pasar el dinero por el banco, el liberalismo se evapora como una gota en una plancha al rojo. El gobierno olímpicamente olvida nuestro derecho y libertad y paternalmente nos incluye financieramente, aunque uno no quiera ser incluido, aunque uno clame por no ser incluido pues sospecha que el cuento de hadas no es otra cosa que un cuento de hadas que el gobierno cuenta como si fuera elaborado por él mismo, cuando bien sabemos que es un cuento de hadas elaborado en un lugar muy muy lejano, donde no tiene cabida ningún gobierno ni sirviente.

Si todo les sale como lo tienen planeado (y muy probablemente todo les saldrá como lo tienen planeado, habida cuenta que nos tragamos cuentos muy dudosos) a estos señores del lugar muy muy lejano sólo les restará comer perdices y ser felices para siempre, a no ser que queramos escribir nuestro propio cuento y así forzar un plebiscito donde decidiremos si a estas fauces sin fondo les entregaremos lo que nos queda para enriquecerlos todavía más, o si decidiremos mantener un mínimo de prudencia, libertad y privacidad. Habrá que frotar la lámpara ¿Quién sabe si adentro no se encuentra escondido el genio?

Enlace del artículo original en castellano:

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=229088

1Ubicando la inclusión financiera en el mapa mundial:
https://www.microfinancegateway.org/sites/default/files/mfg-es-documento-ubicando-la-inclusion-financiera-en-el-mapa-mundial-11-2013.pdf

2Ibíd.

3Mujica y la bancarización. Por Hoenir Sarthou:

http://www.voces.com.uy/articulos-1/mujicaylabancarizacionporhoenirsarthou


Nuestro comentario:

Jorge Aniceto Molinari.Dicen que un niño visitando el zoológico al ver la jirafa exclamó: ¡ese animal no existe!

Acá es al revés. En un mundo donde crecen los paraísos fiscales, el lavado de dinero, y donde la mayor parte de una gigantesca actividad financiera no pasa por los bancos –aunque los bancos privados la monitorean, aunque no la registren a los efectos del control de los estados–, Sarthou y Marchese en lugar de doblar la apuesta y pedir que nada sea legal si no está debidamente registrado y no como ahora que los documentos particulares sin pagar ni siquiera un peso de impuesto utilizan la justicia contra sus deudores, arremeten contra la bancarización que si efectivamente entorpece la acción de las administradoras de crédito y de la evasión de los comercios pequeños, éstos que se debaten entre sus acotadas ganancias, el pago de los impuestos y un mundo donde los espacios económicos son obligatoriamente mayores haciéndolos en el tiempo inviables.

La no bancarización permitió por ejemplo la acción del cambio Nelson y del diputado del Partido Nacional de cuyo nombre no me acuerdo, por señalar lo más reciente, que es de alguna manera la punta de un iceberg.

Las administradoras de crédito son además un cáncer que actúa sobre los sectores más desprotegidos de la sociedad que necesitan de él, y sobre la cual hay seudoizquierdistas que piensan con su bolsillo que hacen una acción social. Es una materia pendiente sobre la cual hay que legislar e instaurar instrumentos como los que instauró Batlle y Ordóñez a principios del siglo 20 cuando el empresariado del país era esquilmado por los banqueros y ese fue el objetivo de las creación de los bancos del estado y no el de monopolizar la actividad bancaria.

Que es un problema resuelto a medias por el gobierno no cabe duda, pero también es cierto que es una necesidad que tarde o temprano será necesario abordar, pues la política neoliberal de no controlar nada, tarde o temprano conduce del mundo al no-mundo.

Ahora porque digo que es un problema no resuelto o resuelto a medias, porque los sistemas impositivos que se imponen y con los cuales se financian las actividades estatales provienen fundamentalmente de los impuestos al consumo, al trabajo, y a las pensiones, que pagan en su mayor proporción los sectores populares, que precisamente no pueden escapar de la bancarización efectiva, como escapan los que trafican en la especulación, la evasión impositiva y el lavado del dinero, y cuyo no control se justificaba con el objetivo de no espantar las inversiones.

A mí me duele que AEBU no tenga una política más proactiva sobre el tema y que además no sea eso lo que debata con la dirección del BROU y la dirección económica del país.

Las necesidades fundamentales y básicas de todas las sociedades en la tierra deben ser solventadas con un sistema impositivo dirigido directamente sobre la circulación del dinero y a eso debe estar dirigida la bancarización en la organización de la sociedad, eliminando todo otro tipo de impuesto.

Cosas veredes Sancho: los estatistas más furibundos se transforman en los neoliberales a ultranza al enfrentar la bancarización.

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo, 14 de julio de 2017.