Errores.

Errores.

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

Nuestra vida está llena de ellos, forma parte del aprendizaje, el experimentar, el ensayar, luego con los años el asumirlo ya no es tan sencillo, entran a jugar prejuicios en los que nos vamos formando o deformando.

La política forma parte de ese aprendizaje y como ciencia tal vez la más difícil en tanto estamos involucrados en ella querámoslo o no.

Lo que nos rodea en nuestros primeros años nos marca y sus enseñanzas de la que muchas veces no somos conscientes hacen a nuestra formación.

Mi padre, Aniceto José Alfredo, iba a llamarse José pero nació el día de san Aniceto, y la familia de tradición católica –no practicante– sin abandonar los otros dos nombres incorporó el del santo, mi madre María, mi viejo carpintero independiente, hacía que yo tuviera que aclarar que no era el niño Jesús. Mi viejo era anticlerical y antimilitarista, se decía seguidor de las ideas del viejo Batlle, aunque siempre aclaraba que sus seguidores no eran leales a su pensamiento, y con respecto a los partidos de «ideas» señalaba su respeto pero mantenía distancia. En Paysandú mi ciudad natal, se escuchaban las radios argentinas más que las uruguayas y en nuestra formación las revistas argentinas estaban presentes: el Billiken, luego El Gráfico, etc. etc. Mi viejo escuchaba con atención a Perón y a Evita, acentuando una frase como distintivo: Perón tiene razón cuando dice que quiere menos pobres, aunque haya menos ricos.

Sólo había hecho hasta tercero de escuela, y luego a trabajar para ayudar a la familia, su madre había muerto cuando él tenía 11 años, era el mayor de los hermanos.

Su preocupación era que sus hijos estudiaran, leyeran. Recuerdo con emoción una colección de 23 libros cuyo autor era Monteiro Lobato, dirigida a la formación de la infancia en todos los saberes del quehacer humano. Hace poco me enteré de un excelente prólogo a esa colección escrito por la ex Presidente de los argentinos la Dra. Cristina Fernández de Kirchner, coincidiendo en el destaque hacia esa colección, y con igual sensibilidad.

Sin embargo mi idea de libertad, me llevó en mis primeras incursiones en el quehacer de la política a considerarme anarquista, pero el topo de la historia comenzaría su trabajo; fue un notable militante, y ser humano: Horacio Bazzano, el que en aquellas primeras incursiones por el gremialismo estudiantil, me alcanzó para que leyera nada más ni nada menos que «El manifiesto del Partido Comunista» de Marx y Engels; «lo voy a leer y te voy a señalar en lo que estoy en desacuerdo», le dije. Como se lo devolví solo atiné a decirle: «esto es irrefutable».

Pero la historia no era tan sencilla. Había existido la revolución rusa, se había creado la Unión Soviética y su figura central ya era Stalin. En Paysandú además estaban dando batalla al stalinismo, los trotkistas. Eran muchos ingredientes para una mente en formación. Me hice fanático de la revolución rusa, y de sus líderes, Lenin, Trotsky; identificaba la formación del ejército rojo dirigido desde un tren con una de las más grandes hazañas militares del siglo XX, tal vez por eso la bandera que flameara sobre el Reichstag cuando la derrota nazi, tenía la hoz y el martillo a la usanza de los trotkistas en la foto famosa del fin de la guerra.

Sin embargo, había en el desarrollo de la compresión ideológica cosas que resolver, como por ejemplo el porqué Lenin, había «retrocedido» con la NEP, y no había estatizado toda la economía como proponía en 1938 el programa de transición de Trotsky. El accionar de los trotskistas me parecía de una pureza que el pensamiento de los que se decían aplicaban las ideas de Lenin no tenía. Fue con el correr de los años que le escuché al Dr. Carlos Quijano defender la NEP (la nueva política económica de Lenin), y no faltó alguien que me dijera que su defensa era propia de quién era abogado del Banco de Londres. Sin embargo su análisis me obligó a volver sobre las diferencias entre Lenin y Trotsky, a estudiar, volver a Marx, y también a los análisis de José Batlle y Ordóñez. Mis errores había que asumirlos, de mi batllismo familiar de la infancia, había pasado al anarquismo, de este al Manifiesto Comunista, luego a la revolución rusa y el trotskismo, para volver a través de este a Lenin, y de la mano de Lenin al reencuentro con Marx y Engels.

Con el POR trotskista participé en la fundación del Frente Amplio, como militante estudiantil y luego como militante sindical del gremio bancario en el proceso y fundación de la central sindical, la CNT; en diciembre de 1971, me aparté del POR, tal vez para madurar ideas en forma independiente; recién en octubre de 1978, me incorporé al Partido Comunista, con la idea de colaborar en la lucha contra la dictadura. En mi lugar de trabajo el Banco Hipotecario del Uruguay, la agrupación comunista nunca dejó de funcionar, lo cual no deja de ser un hecho muy significativo, pues además mis camaradas nunca cuestionaron mi forma de pensar opuesta al stalinismo y sus métodos. Fueron años de reconstrucción y de construcción, la dictadura se había dado el objetivo de barrer con las ideas de progreso humano y nosotros nos aferrábamos a lo que habíamos aprendido en el convivir democrático del gremio y de las distintas corrientes ideológicas.

La vida nos depararía un nuevo desafío: el derrumbe del mal llamado socialismo real. Los viejos dirigentes y también algunos de los nuevos no estaban dispuestos a reconocer que Lenin había sido derrotado en 1924 y que Batlle había tenido razón en su editorial a la muerte de Lenin. Al fallecer Arismendi, el vacío fue enorme, y figuras de un enorme valor humano fueron sobrepasadas por los hechos. Se reconocían los «errores» de Stalin, pero se hacía responsable de los mismos a Lenin, que había sido su principal víctima.

Se reinventó para el Uruguay el «socialismo democrático» como si el socialismo pudiera ser no democrático, con lo cual se pretendía desligarse del stalinismo sin analizar políticamente qué significaba. Como si con el objetivo de estatizar la economía se pudiera construir un socialismo democrático, o abandonar ese objetivo.

En lo personal quedé en el medio de las dos corrientes: una que sostenía de que socialismo es propiedad estatizada, y la otra la del socialismo democrático, sin Lenin, pero también sin Marx. Ni me fui ni me quedé, aspirando aún hasta hoy a que se reabra el debate para poder imponer el deseo de que se tome a los maestros por su verdadero valor que es lo que la humanidad tarde o temprano va a rescatar.

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. Seguí militando en el gremio bancario y ya en el 2000 en el sector jubilados asumiendo el desafío del posible quiebre de la Caja Bancaria.

En ese desafío me reencontré con las enseñanzas de los maestros y centré mis estudios en dos herramientas fundamentales para el cambio global de la sociedad: la moneda y los impuestos.

Por supuesto que este razonamiento, para quienes se educaron con el peso ideológico del stalinismo, es incompresible, para mí era la aplicación de lo que había aprendido de los maestros.

La Caja Bancaria creada en 1925, se correspondió a uno de los últimos sectores en vincularse a la seguridad social en el país y en sus orígenes incorporó como fuente de su financiación una especie de impuesto a las transacciones financieras. Hay que tener en cuenta que la Caja es anterior a la fundación de AEBU (sindicato bancario), que es de 1942. Esa fuente de ingreso por supuesto que resistida fue dejada de lado en una reforma de 1943, pasando a tener la fuente de recursos igual a la de los otros organismos de seguridad social.

No vamos hacer en esta nota una historia de las vicisitudes que son comunes a toda la seguridad social, si bien la actividad de los bancos no ha tenido como otros sectores directamente el informalismo aunque la tendencia a crearlo es común a todos. Bastaría con analizar cómo se realiza hoy toda la actividad financiera en el Uruguay y en el mundo. Lo cierto es que la Caja en el 2001 siente directamente el cimbronazo, y sus plazos de vida estaban acotados, para lo cual era necesario una reforma y nuestra prédica estaba orientada a una resolución unánime del PIT CNT (en su Congreso) de promover el impuesto a las transacciones financieras como una medida a la cual debía tender el conjunto de la sociedad como medio de obtener recursos con fines sociales.

La Caja logró una ley que la equilibra y le da sustentabilidad en un plazo razonable, si bien el país y el mundo deben darse una organización de la seguridad social, incluida la salud, sin duda que un nuevo marco de organización social, en este están condenadas a la larga al fracaso.

Esta experiencia me afirmó más en las ideas que he venido defendiendo, y la intervención del entonces Presidente Mujica en la ONU (septiembre del 2013) insinuando como salidas para la humanidad precisamente estas dos herramientas me afirmó más aún. Fue un discurso comunista aunque luego, ni él ni su grupo han vuelto a hablar del tema.

Hoy puedo decir con convicción que estas son ideas inspiradas en los maestros, y que en mis primeros pasos me hice eco de deformaciones que aún perduran en la generalidad del pensamiento político de los distintos sectores del abanico partidario y que mi batalla es por ayudar a restablecer el pensamiento de quienes gestaron y dejaron en textos una inmensa obra que la humanidad necesita rescatar para superar esta etapa. Porque en definitiva la ciencia es eso, partir de lo hecho, estudiarlo, aprender y construir nuevos elementos de superación, pero siempre es necesario tener en cuenta aquellos aportes que han sido pilares en la construcción humana.

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo, 25 de septiembre de 2018.

Conferencia: «Un proceso justo y transparente del problema de la deuda externa».

Conferencia: «Un proceso justo y transparente del problema de la deuda externa».

ATTAC. Justicia económica global. Logotipo.Expositores: Dr. Pedro Morazán y Ec. Jürgen Kaiser. Comentaristas: Diputado José Amorín Batlle, Senador Enrique Rubio, Jorge Molinari por ATTAC-Uruguay, Gustavo Bernini y Cr. Julio Fornaro por AEBU. Moderadora: Diputada Margarita Percovich.

Auspician: Presidencia de la Cámara de Representantes, FESUR, AEBU y ATTAC-Uruguay.

Martes, 29 de octubre de 2002.

Jorge Aniceto Molinari.(Reproducimos la intervención de Jorge Molinari por ATTAC, que en esta oportunidad consistió en un comentario leído).

Luego de la exposición de los distinguidos catedráticos Pedro Morazán y Jürgen Kaiser, atendiendo además a lo que ellos han estado difundiendo en distintas publicaciones; y agradeciendo a la Presidencia de la Cámara de Representantes, a FESUR, a AEBU, como integrantes de ATTAC-Uruguay, queremos comentar algunos aspectos, que a nuestro entender son sustanciales para comprender el difícil momento actual.

Hay elementos centrales que están a consideración:

  1. El crecimiento exorbitante de la Deuda Externa y las crisis que esta situación genera.
  2. Las importantes experiencias históricas sobre la materia, fundamentalmente las deudas y los planes vinculados a ellas, luego de la Segunda Guerra Mundial, y aunque las soluciones actuales no van a ser iguales, deben recoger las enseñanzas –buenas y malas– que esas soluciones dejaron.
  3. Recoger experiencias a nivel nacional de países como EEUU, a través del capitulo 9 del código de insolvencia. Tratado que ampara, también internacionalmente, a sectores desprotejidos a la hora de atender los efectos contractuales que generan entre otros elementos precisamente la insolvencia.

También nosotros tenemos una experiencia legal interna; son temas sobre los que tendremos que estudiar, trabajar y aprender para incorporarnos a los planteamientos que ya se están realizando en las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional y con el Banco Mundial.

Y nosotros agregaríamos algunos elementos más. Por ejemplo lo que tiene que ver con las condiciones impositivas internas a las que están sometidos los países deudores. Asociado esto con la crisis fiscal, que apremia la necesidad de recaudación, el aumento constante de la informalidad, y el manejo del signo monetario como un instrumento que genera subsidios indiscriminados, ya sea a las importaciones o a las exportaciones, según se incline la balanza –pero siempre a favor del que tiene más poder económico–, y el deterioro del nivel de vida de los sectores medios y bajos de la sociedad que no tienen sus recursos vinculados al dólar.

El tema del arbitraje es de una enorme importancia conceptual. Con esto, ¿qué queremos decir?: que más allá de encontrar elementos instrumentales, que los hay y que nuestros distinguidos disertantes tienen experiencias muy valiosas, el tema de la insolvencia es de tal magnitud que obliga a su tratamiento prioritario.

El solo hecho de tener un ámbito donde analizar, las causas, el origen de la insolvencia, es de por si relevante.

E insistimos en hablar de «insolvencia» porque de eso se trata en esta crisis. Y asociada a la insolvencia, como una sombra la corrupción. Así tenemos dos asociaciones de ideas fundamentales:

  1. Insolvencia-corrupción.
  2. Arbitraje-transparencia.

Para nosotros se repite a nivel universal, con estas consecuencias que estamos analizando una situación que a fines del siglo XIX y principio del XX, se dio con la revolución industrial.

Fundamentalmente en países que se estaban desarrollando vertiginosamente, el efecto de esta revolución, la acumulación acelerada de capitales, que permitía a los empresarios participar activamente en la feroz competencia desatada, originaba por otro lado un agravamiento insostenible de los enfrentamientos sociales.

Para cada capitalista la explotación feroz de sus trabajadores era la contracara necesaria para la competencia que desataba la revolución industrial.

¿Qué surge entonces frente a este desafío?: por un lado el crecimiento de las corrientes ideológicas que reivindicaban la liberación de los sectores explotados y por otro las ideas en torno a buscar una salida que permitiera atemperar esos enfrentamientos, y solidificar el estado nacional.

A esta última tesis se afilió Alemania, como otros países en pleno desarrollo industrial, a través del gobierno de Bismark. Señalamos hechos, no hacemos un juicio de valor que no corresponde a este comentario. Hay numerosas referencias a que esto fue el origen de la seguridad social. Sobre el aporte de las empresas –sin interferir en la competencia– se asignaron recursos destinados a atender las acuciantes necesidades de la sociedad.

En el Uruguay –en los marcos nacionales– esta política se transformó en leyes con el trabajo político y social de una generación, que entre otros, encabezó don José Batlle y Ordóñez.

Lo que viene después es otra historia; los enfrentamientos entre naciones, crisis bélicas impresionantes para resolver estos enfrentamientos y las salidas que la humanidad encontró para los endeudamientos bélicos. Endeudamiento que ha merecido el detenido análisis tanto del Dr. Morazán, como del Ec. Kaiser, para extraer enseñanzas para la situación actual.

Hoy estamos en otra etapa; a la que se llegó fundamentalmente por el desarrollo económico, predominando en el plano ideológico las concepciones neoliberales. Las empresas tomaron una proyección multinacional; y el derrumbe de las barreras nacionales significó también el derrumbe de la seguridad social de cada uno de los países, particularmente de los más pobres, donde va muriendo el aporte empresarial a la misma, generando una brutal contradicción: cuanto más recursos se necesitan, es cuando más escasean.

El mundo asiste hoy a permanentes corrientes migratorias, al crecimiento de la informalidad, a la marginación social, a nuevas formas empresariales comandadas en forma creciente por los centros financieros internacionales que aumentan su poder y en consecuencia deciden el destino de millones y millones de seres humanos.

Un hecho que últimamente ha impactado; es la pérdida de ahorros por parte de ciudadanos comunes frente a la crisis financiera; y no estamos hablando solamente de Uruguay, Argentina, sino también de la pérdida de ahorros, de fondos de pensión, a través de Enron, y otras situaciones fraudulentas, en el seno mismo del mayor desarrollo capitalista.

Frente a estos hechos la respuesta a través –no sé si es correcto llamarlo así– del keynesianismo de guerra a la grave recesión que afecta a países como EEUU; agrava aún más la situación de los sectores más desprotejidos. Tampoco esta idea es nueva, y una vez más se recurre a la guerra y a la industria de guerra para resolver las crisis.

Y por si esto fuera poco el premio Nobel de economía Joseph Stiglitz, advierte sobre peligros de inestabilidad financiera en el propio EEUU, y la posibilidad de una corrida en los depósitos bancarios1.

Todo lleva a la necesidad del ARBITRAJE, y en ello estamos pensando, cuando propiciamos la aplicación de un impuesto o tasa a las transacciones financieras a nivel universal. Y lo pensamos además apostando a la gente, a la aplicación en beneficio humano de todos los adelantos que la revolución técnico-científica ha proporcionado.

Cuando el ex-ministro Cavallo –en la Argentina– recurrió al instrumento de la bancarización como uno de los medios de recaudación fiscal; muchos lo apoyaron porque vieron un medio para combatir uno de los males de estos países, la evasión y la elusión impositiva. Pero no se podía bancarizar para impedir la informalidad de un sistema productivo en plena crisis.

Esto no descalifica la necesidad de la bancarización; sino que para bancarizar –entendiendo por ello el llevar a toda la sociedad los adelantos de la organización empresarial– es necesario empezar por la cabeza, y esto es nada más ni nada menos, que lo que proponemos cuando hablamos de un impuesto o tasa a las transacciones financieras a nivel universal.

***

A esta altura del comentario no queremos eludir la responsabilidad de marcar la necesidad de un debate.

Por lo general nuestros amigos europeos –pero no sólo ellos– ven la llamada Tasa Tobin como un instrumento de equilibrio del sistema financiero. Reconocemos que esa fue la idea inicial de James Tobin, pero nosotros insistimos en ir más allá y para ello hacemos una comparación histórica: el nacimiento de la seguridad social a nivel nacional a fines del siglo XIX –particularmente en Alemania– y la necesidad hoy de aplicar este criterio a nivel universal.

En el aspecto instrumental el arbitraje necesariamente debe recurrir a las mejores experiencias de la sociedad humana. Se multiplican en el mundo las instituciones que tratan a todo nivel cada una de las situaciones críticas; en el campo de la salud, de la enseñanza, de la ecología, del trabajo, del medio ambiente, de la preservación del patrimonio histórico de la humanidad.

Se necesita entonces la voluntad política para avanzar y profundizar en democracia, porque no es otra cosa el coordinar la acción efectiva de todas estas experiencias.

El concepto de arbitraje es el que da nacimiento a las Naciones Unidas, a la UNESCO, a la OIT, a la Organización Mundial para la Salud, etc. etc.

Como a fines del siglo XIX, hay que decidir políticamente tomar los recursos del lugar en donde estos se vienen concentrando aceleradamente; y a partir de esas premisas extender hasta los últimos rincones del planeta el fruto del trabajo humano, respetando las más sanas costumbres y tradiciones que la humanidad ha ido generando en el transcurrir de los siglos.

De no hacerlo así, la gravedad de la crisis, profundizará los daños irreparables contra los seres humanos, la ecología, el medio ambiente…

Un capítulo aparte merecería el tema de la unidad monetaria; tal vez sería por sí solo tema de un seminario. Sobre todo para nosotros que vemos día a día decrecer nuestro nivel adquisitivo por la depreciación de nuestro signo monetario.

Los acuerdos que dieron origen al Fondo Monetario Internacional, merecen ser revisados. Podría ser ésta, una etapa más madura del arbitraje. Para nosotros es urgente. Como diría nuestro José Artigas: «la causa de los pueblos no admite la menor demora».

Tal vez no esté lejos el día en que la humanidad así como tiene una unidad de medida y de peso universales, también la tenga a nivel de la medida monetaria.

La tarea de nuestros visitantes, nos da una renovada esperanza, en soluciones a todos estos temas.

Unámonos para poder decir adiós a las armas. Porque un mundo mejor es posible.

Muchas gracias.

Jorge Aniceto Molinari.


Nota:

1El País de Madrid, domingo, 13 de octubre de 2002.